Capitulo 10: Otra puñalada al corazón.

1.7K 87 5
                                        


ETHAN

Las personas que amas, aquellas que forman parte de tu vida, aunque no puedan estar de la forma que deseas, siempre terminan apareciendo cuando menos lo esperas. No sé si eso sea una bendición o una maldición, y menos ahora, cuando todo en mí es un caos. Siento frustración, rabia, un hastío que me carcome por dentro. Odio cómo todo se enredó, cómo cada decisión me trajo hasta este punto.

No sé cómo seguir adelante sin que esta maldita situación me destroce por completo y ahora está aquí, parada frente a mi puerta, como si nada.

Después de todo lo que dijo, después de cada puta palabra, verla aquí es una jodida ironía.

¿A qué viene ahora? ¿A pisotear lo poco que queda de mí?

Mi instinto me dice que la cierre de golpe, que no le dé la oportunidad de seguir destrozándome, pero mi cuerpo no responde. Estoy congelado, atrapado entre el odio y el amor, entre las ganas de gritarle que se largue y el deseo idiota de aferrarme a ella.

La miro, intentando encontrar alguna señal de arrepentimiento en su rostro. Nada. Su expresión es firme, casi desafiante. Y eso me enferma.

¿Cómo puede estar tan tranquila después de escupirme toda esa mierda?

¿Después de desear que estuviera muerto? ¿Después de enterrar lo que fuimos sin siquiera parpadear? ¿Después de mirarme con tanto asco?

Dentro de mí, todo está podrido.

Estoy jodido, roto de una forma que ni siquiera sabía posible. Y ella... ella sigue aquí. Como si no fuera la causa de mi maldita desgracia.

—¿Qué haces aquí? —Me apoyo en el marco de la puerta, cruzando los brazos con indiferencia—. ¿Te perdiste? No creo que este sea tu camino habitual.

El sarcasmo en mi voz es evidente, es lo único que me queda para defenderme.

—Quiero hablar contigo. ¿No es obvio? —Responde sin ninguna expresión.

—Creo que hemos hablado suficiente —digo, con la mandíbula tensa—. Ya dijiste lo que querías decir, ya dejaste claro lo que piensas de mí. Solo tenemos compromisos laborales, pero esta no es hora de trabajar. Estoy cansado y no tengo paciencia para esto.

—No seas idiota. —Me hace a un lado y entra como si tuviera derecho a hacerlo, cruzándose de brazos—. Solo vengo a tener la conversación que debimos haber tenido hace mucho tiempo —afirma con frialdad—. No quiero seguir con esto, míranos. —Nos señala a ambos con su dedo, como si fuéramos una puta obra de teatro patética.

—Vaya. —Volteo los ojos con fastidio—. Si mal no recuerdo, fuiste tú quien me dijo que no quería saber absolutamente nada de lo que paso. —manifiesto exasperado.

—Me di cuenta que la única forma de dejar este drama atrás, es saber la historia completa, así que estoy esperando. —Su voz suena cortante—. No vine aquí por nada, no me hagas perder el tiempo. Habla. —La rabia me consume.

Drama.

¿Qué es esto, un puto drama para ella?

Viene aquí como si nada y lo peor es que ni siquiera le tiembla la voz para pedirme lo que quiere, sin una puta disculpa. Solo aparece porque le conviene, porque necesita algo de mí, como si yo fuera una puta pieza más en su tablero.

Estoy harto. Harto de ser el imbécil que siempre cede. Yo sé que rompí su corazón en el pasado, pero no ha sido la única que ha sufrido.

¿Cuánto más se supone que debo aguantar?

Volver a VerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora