Capítulo 20: Adiós inevitable.

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Había olvidado lo que se siente despertar feliz, con el corazón desbocado. Sin poder evitar sonreír.

Todo lo que perdí, lo recuperé en un instante; su amor llenó cada parte de mi ser, y aquello que parecía muerto revivió a través de sus caricias y sus besos.

No quiero ser egoísta, pero me destruye pensar en Chase, a quien alguna vez estuve segura de amar.

¿Cómo es posible olvidarlo todo?

Él me ha dado lo mejor de sí, de todas las personas en el mundo, es a quien menos deseo hacerle daño, su nobleza y constancia me sostuvieron por mucho tiempo, y siempre le estaré agradecida por haberme sacado del abismo en el que me encontraba.

Pero...

¿Cómo le explico a mi corazón?

¿Cómo le digo a quién amar?

Existen decisiones dolorosas y difíciles.

Es imposible saber qué hacer cuando, en cualquier camino que escoja, inevitablemente alguien saldrá lastimado.

Si elijo a Chase, seguiré viviendo una mentira. Fingir amarlo y casarme para no hacerlo sufrir terminará por destruirnos a ambos; ninguno se merece eso.

Si elijo a Ethan, me sentiré culpable durante un tiempo, porque estaría destruyendo un corazón que solo ha sabido amarme.

Estoy jugando con tres corazones y espero no pagarlo con creces.

Estoy haciendo todo mal, sino aclaro mis ideas y no tomo una decisión correcta, vamos a salir lastimados.

Me estiro en la cama intentando no pensar y una pregunta viene a mi mente.

¿Dónde está Ethan?

Me levanto, mirando a todos lados, veo en mi celular que son las diez de la mañana. Dormí mucho tiempo, con un suspiro, me encorvo de hombros, Miro hacia el lado donde durmió.

Allí, en la mesita de noche, encuentro una nota acompañada de una rosa blanca. Me estiro para tomarla y, en cuanto la agarro, el dulce aroma de la flor inunda mis sentidos, al abrir la nota, parpadeo varias veces.

La letra, trazada con un pulso nervioso, me hace sentir que mi respiración se acorta.

No puedo creerlo:

Lamento mucho haberte dejado, no quise despertarte, pero mi padre. Murió anoche, para cuando leas esta nota estaré de regreso a Boston. Llamé a tus padres y ya viene el jet de tu familia a buscarte.

Ethan.

La noticia me golpea como un puñetazo en el estómago.

No puedo evitar imaginar lo devastado que debe estar por el dolor. La idea de verlo sufrir me destroza.

Prometo que haré lo posible por aliviar su sufrimiento, por sostenerlo y ayudarlo a sanar.

A pesar de mis propios miedos, sé que debo ser fuerte por él. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras el hombre que amo se sumerge en el abismo de la tristeza.

ETHAN

Al parecer no existe la felicidad en mi diccionario.

Cuando creo que tengo el mundo a mis pies, todo se derrumba y se desmorona en mis manos. Siempre supe que la vida me lo arrancaría, pero jamás imaginé que sería de esta forma.

Él era el sostén de mi familia. Hubiese dado hasta mi vida por verlo bien. Yo no estuve a su lado, no pude despedirme. Me siento como un hijo de puta. Me arrepiento tanto por no haber compartido sus últimos momentos; mi maldito orgullo se interpuso, como siempre, y ahora me quedo con este sabor amargo.

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