Se me hace cada día más difícil no derrumbarme.
Es complicado mirarlo en ese estado, ver cómo su piel se torna más pálida, cómo su energía se desvanece poco a poco. No entiendo cómo lograré ser fuerte cuando siento que me estoy quebrando por dentro. Anoche no pude dormir. Mi mente es un caos de pensamientos repetitivos que me drenan.
Estoy agotada. Mentalmente. Emocionalmente. No quiero que esta enfermedad se lo lleve.
Me paso las manos por el rostro, tratando de despejarme, pero no sirve de nada. Apoyo la frente contra el escritorio y comienzo a darme pequeños golpes contra la madera, como si así pudiera callar mis pensamientos.
Voy a explotar. Necesito unas vacaciones. Suelto todo el aire contenido en mis pulmones, intentando relajarme, cuando el sonido del teléfono me saca de mi miserable estado.
—Sí... Rose. —Mi voz suena cansada, monótona.
—El señor Ethan Farlanewins acaba de llegar.
Me quedo helada.
¿Ethan?
Un escalofrío recorre mi pecho.
¿Qué hace aquí?
—Ehmm... —Me aclaro la garganta, tratando de que mi voz no tiemble—. Sí, que pase.
Cuelgo el teléfono con torpeza y, de forma automática, me levanto y me miro en el reflejo del cristal de mi oficina. Me acomodo el cabello, me aplico un poco de brillo en los labios, me abrocho el primer botón de la blusa solo para desabrocharlo de nuevo.
¿Por qué estoy nerviosa?
Me cruzo de piernas, tratando de parecer serena, aunque mi corazón late desbocado. La puerta se abre y ahí está.
Lo primero que veo son esos inquietantes ojos que me han atormentado más de lo que quisiera admitir.
Un par de segundos de silencio absoluto bastan para que mi mundo pierda su equilibrio.
Mi pecho se aprieta, la boca se me seca, y aunque no quiero que me afecte, lo hace.
Ethan está ahí y yo no estoy preparada para esto.
—Eleonor —manifiesta con una sonrisa cargada de intención. Se sienta mirándome directamente.
—¿Qué quieres? —finjo frialdad, aunque mi cuerpo me traiciona.
—¿Así tratas a tus socios? —Arquea una ceja con diversión—. ¿Por qué tienes la frente roja?
Joder, los golpes contra el escritorio dejaron marcas.
—¿Qué quieres? —Repito con más dureza—. No tengo ninguna reunión pautada con ustedes.
Se inclina levemente en su asiento, se toma su tiempo para acomodarse la corbata antes de hablar.
—Necesito discutir algo importante, pero prefiero sea en otro lugar.
—Si es tan importante, dilo aquí.
—Prefiero que sea en otro lugar.
Sus palabras encierran algo más. Algo peligroso. Algo prohibido.
Me levanto con decisión, camino hacia la puerta y la abro, esperando que él entienda la indirecta.
Pero no se mueve.
En vez de eso, se acerca con pasos pausados, depredadores. Cierra la puerta de un tirón y, en un abrir y cerrar de ojos, una de sus manos rodea mi cintura, atrapándome contra su cuerpo. Con la otra, me sujeta por el cuello, con una firmeza calculada que me deja sin aliento.
ESTÁS LEYENDO
Volver a Verte
Romansa¿Qué pasaría si te encuentras nuevamente con la persona que rompió tu corazón? ...
