Capitulo 23: Momentos suicidas.

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ETHAN

Existen altas o bajas, segundos buenos o malos, tiempos increíbles o momentos suicidas, sentimientos de odio, dolor y de amor.

Hay días en los que la vida parece un regalo y otros en los que simplemente respirar se siente como una carga insoportable.

Hay instantes de luz que te hacen creer que todo vale la pena, seguidos de oscuridades tan densas que te hunden en el abismo sin previo aviso.

Y entre todo ese caos, lo único seguro es que, volverás a repetir el mismo ciclo una y otra vez.

La vida es una rueda de la fortuna: a veces estás en la cima, disfrutando del paisaje; otras, a un costado, ansioso por ver qué hay más allá, y, en ocasiones, te encuentras abajo, estancado, sin manera de moverte.

Eso soy yo ahora. Paralizado. Jodidamente roto.

Me cansé de intentarlo. Me cansé de aferrarme a algo que, para ella, ya no existe. No me dio explicaciones, ni siquiera intentó suavizar el golpe. Simplemente dejó caer la bomba y me dejó ahí, con la maldita explosión retumbando en mi pecho. No sé si Chase la amenazó, si algo más pasó, si hay razones que no me está diciendo, pero la realidad es esta.

Otra vez estoy sin ella.

Quiero creer que lo hace en contra de su voluntad. Que hay algo más, que hay una razón que la obliga a alejarse de mí, porque si me detengo a pensar, aunque sea por un segundo, que quizás se dio cuenta de que lo ama, que lo nuestro nunca fue real, que yo solo fui un escape, un error. Me hundo.

Me convencí tanto de que a su lado todo iba a cambiar, me aferré con todo lo que tenía, con todo lo que era.

La idealicé hasta la locura, la convertí en mi única verdad, y ahora me doy cuenta de que nunca vi más allá. Me dejó entrar en su mundo solo para destrozarme desde dentro.

Tomó todo de mí y lo hizo pedazos y lo peor de todo es que lo permití. Fui el imbécil que la persiguió una y otra vez, que regresó siempre, aun cuando me dejó claro que no tenía intención de quedarse.

La sentí mía en Los Ángeles, nuestros cuerpos se perdieron en un éxtasis profundo, fue como un sueño en el que, por un instante, todo el dolor, todas las dudas, todas las noches en vela se desvanecieron. Me entregué a ella con cada caricia, con cada beso. Juro que podía sentirlo, que no era solo deseo, que había algo más, algo real. Sus manos temblaban sobre mi piel como si tuviera miedo de perderme, su voz se quebraba cuando decía mi nombre, su mirada me pedía que no me fuera.

Y ahora que despierto, me doy cuenta de que todo fue una mentira. De que, al final, fui el único que creyó en esa fantasía.

Pensé que al volver a tenerla entre mis brazos las pesadillas desaparecerían, que el dolor del pasado quedaría atrás, que ella sentía lo mismo que yo.

Pero no.

Ahora estoy aquí, solo, sosteniendo los pedazos de algo que nunca existió más allá de mi propia ilusión.

Me duele tanto que no sé cómo contenerlo, no sé cómo sacarme este nudo del pecho. No sé cómo aceptar que para ella fue solo un momento.

Mi mente nunca va a sentir paz.

Me perseguirá su voz diciéndome que se casa con otro, sus labios besándome como si me amara cuando en realidad ya me había olvidado. Me va a torturar el recuerdo de su cuerpo entrelazado con el mío, mientras ella, en su mente, ya había tomado la decisión de dejarme atrás.

Me sentí como el villano por mucho tiempo, pero ya no lo soy más.

Creo que ninguna pieza estará a mi favor si sigo aferrándome a esta maldita relación. Es hora de aceptar que nuestros sueños quedaron en el pasado, que todo lo que imaginé con ella se perdió en el tiempo, como un recuerdo que nunca debió revivir. Tengo que avanzar. Dejarla ir.

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