La luna, tú y yo

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Y así pasó el primer día; sin levantarse para desayunar, sin salir de la cama para nada, perdiéndose en recuerdos que la pequeña cama de su perro estaba frente a él le generaba; llorando a raudales por ello. Renzo y Clara fueron los primeros en ser ignorados por el chico. Su hermano, que había ido para estar con él, entraba de vez en vez para verlo y revisar que siguiera ahí.

- ¿Le has visto? - preguntó Clara, luego de estar parada con ellos frente al edificio, abrazada por Rodri, miró la ventana que estaba cerrada.

- No - sorbiendo sus mocos evitando llorar -, me han dicho que le dé espacio - recargado en su auto. No había querido entrar con ellos justo por eso.

- Ya - dijo Nacho abrazando a Renzo.

La puerta del edificio se abrió y de ahí, salieron Jordi y Bruno.

- ¿Cómo está? - se apresuró a preguntar.

Bruno negó con la cabeza y Jordi le dio la razón: - Hoy... mi tío ha ido a por las cenizas.

- ¿Ha comido algo? - Jordi negó con la cabeza -. Ya. Yo... os veo después, debo irme.

Fer repasaba en su mente la mirada que Puro le había dedicado; esa que se había llevado la luz de sus noches y las había vuelto frías. Las notas que del piano arrancaba, eran notas tristes, iban a ser largas las noches.

- ¡Ahg! - dejándose caer en el piano.

- ¿Ocurre algo? - preguntó su maestro.

- No. Yo sólo... debo irme.

No podía pensar en otra cosa más que en Puro, estaba sufriendo por su culpa y él ahí, sin poder hacer nada. Volvió temprano a su casa, pasó por la arboleda y miró su árbol; el árbol que había hecho su refugio, ese donde de vez en vez bailaban los tres. Se tiró en su sombra una tarde más. Sólo quedaba él.

El viento lleno de su aroma, lo envolvió en una suspiro de su aroma que a cada hora recordaría, pero que ahora lo aleja de este mundo si no estaba él a su lado como tantas veces habían estado en ese mismo lugar; confesado secretos, derritiendo el amor que se tenían. El amor de Puro era maravillosa y pura realidad que ahora, se estaba volviendo en destino irreversible: recordarlo a cada sorbo de cada hora, muriendo por vivir pensando en él... hasta que levantó la mirada. Por debajo del horizonte, más abajo de los edificios había encontrado la respuesta.

Miró al cielo y por un momento se sintió satisfecho. Recordó como su vida se había iluminado con su sonrisa espontánea. Algo que esa noche retuvo en su memoria para que hiciera ligera cada hora, Mientras llegaba el instante de volverlo a ver.

-/-

Por su parte, Puro pasó las dos primeras noches gritando su nombre. Despertando llorando por la ausencia que llenaba toda la habitación.

Durante el tercer día, Jordi ya lo había retirado ese mal recuerdo y su primo se quedaba abrazando la almohada durante horas. Su madre entraba para estar ahí por una hora para que se durmiera. En su mente seguía recordando los momento con Arín; hasta que llegó a los que habían pasado en Madrid, cuando ambos la vieron por primera vez; cuando vieron su habitación; cuando lo vieron por primera vez...

"Fer..." Susurró abrazado a su almohada. Trató de fruncir el ceño, pero... comenzó a recordar; su sonrisa nerviosa, sus manos temblorosas y ese dulce abrazo; todo ello lo guardaba en su pecho y lo hacía sentir contento de nuevo. Por un momento, la esperanza era más fuerte que la muerte, que estaba tan cerca y que amenazaba con terminar algo que todavía tenía solución. Sonrió por un instante, al recordar la vida que juntos habían soñado pasar, durante las horas que compartido en juntos.

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