- Pero bueno - exclamó su padre -, ¿cómo habéis dormido? - ofreciéndoles una taza de café a cada uno tan pronto los vio entrar en la cocina.
- No, gracias. No tomó café - rechazó Puro.
- Uy. No le digas eso mi papá que pierdes puntos...
- No, no. Que a mi yerno le paso lo que sea. ¿Te pongo un poco de leche?
- Mejor, gracias.
- ¿Dónde está mamá?
- Ha ido por algunas cosas para la casa. Iré a por ella - terminando su café - ¿Creéis que podéis estar aquí sí hacer nada malo?
- Papá...
- Vale, vale - tomando su abrigo - No hagáis nada de lo que yo no haría... - cerrando la puerta.
Los chicos se miraron.
- ¿Qué hacemos? - preguntó Fer terminando su desayuno.
- Pues... se me ocurre algo... - cogiendo a su novio para llevarlo al salón y tirarlo en el sofá.
Comenzaron a desnudarse en el sofá, Puro encima de Fer le quitaba la playera y este le desabrochaba el pantalón. No tardaron mucho en estar empalmados, en estar dispuestos a hacerlo ahí.
Puro, sin dejar de besar a su novio, buscó a tientas su miembro, para guiarse e introducirlo poco a poco dentro de sí. Por impaciencia Fer tomó sus caderas y metió al completo su miembro en Puro, haciéndolo curvear su espalda y soltar un gemido; comenzó a moverse despacio, en círculos, algo que sabía que a Fer volvía loco.
Lo recostó y Puro comenzó a moverse frotando todo su cuerpo cada vez que metía y sacaba el miembro de Fer, arrebatándole jadeos despiadadamente, besándolo como sí no hubiera mañana.
Un segundo desayuno.
- Creo que mejor vamos a un lugar más íntimo - levantándolo sin salir de él, demostrando su poderío, levantándolo y embistiéndolo un par de veces, obligando a Puro a sujetarse antes de caer en la cama de Fer.
Jamás se cansaban de sentir sus cuerpos con los labios, dejando una marca imborrable en ellos.
Lo dejó caer sobre la cama. Lo embistió una primera vez viendo lo entregado que estaba a él, dejando su miembro dentro, besando a Puro repasando su pecho, cargando sus piernas. Comenzó de nuevo, embestidas lentas, disfrutando el momento, cada una era única e irrepetible, que hacían que Puro mirara había arriba.
Se volvía salvaje, cada vez más excitado, como sí fuera la confirmación de que no se separarían nunca; Fer mordía el hombro de Puro para oírlo gemir, lo abrazaba del cuello para limitar el espacio entre ellos, dejando en su cuello los gemidos tras cada embestida, besando su cuello desahogaba ese deseo de sentirlo aún más cerca; Puro sólo empujaba más la cadera de Fer para llegar más adentro de él, no cerraba la boca, se había quedado mudo de lo tanto que están sintiendo. Tenía preso a su novio con sus brazos y sus piernas.
Fer no pisó evitar soltar una pregunta: ¿te gusta?
- Me encanta - mordiendo su lóbulo, empujándolo más hacia adentro.
Así pasaron por un tiempo, cuando Fer decidió cambiarlo de posición; puso a Puro en cuatro sobre la cama y siguió embistiéndolo. Perdiéndose en el placer que eso generaba, apremiando la corrida que estaba cercana.
Primero llegó la de Puro, manchando las sábana desordenadas, luego la de Fer dentro de Puro, haciéndolo sentir un calor abrumador que los calmó y los hizo caer rendidos.
- ¡Cielos! - confesó Puro aún boca abajo, sintiendo la respiración alterada de su novio sobre su espalda, sus latidos acelerados y los besos que dejaba sobre ella.
- Sí. Cielos.
- Venga. Vamos a preparamos - poniéndose de pie -, que nos falta mucho por empacar.
-/-
Ahí estaban. Recargados contra el cristal, teniendo grandes sueños sobre París sin moverse del suelo. Teniendo esperanzas que los hacían llenarse de una fascinación por su nueva vida.
- ¿Cómo crees que sea? - preguntó Puro, entrelazando su mano con la de Fer, dejando caer su cabeza sobre su hombro. Mirando sus pies mientras jugaban con ellos. El moreno lo pensó mientras miraba el ir y venir de las personas del ajetreado aeropuerto. También estaba nervioso, jamás creyó que ese desastre de chico que había llegado a su clase, le cambiaría la vida.
Miró a su novio, que a pesar de estar en pleno verano, llevaba su gorro de lana azul a contraste de los chinos marrones doblados por debajo de la rodilla.
No pensó en que un gran paso como el que estaban por dar, lo haría tomado de su mano. Aguantar tiene su recompensa. No rendirse y creer que siempre se puede ser mejor había sido lo único que había hecho. Pensó en varias ocasiones en darse por vencido. En soltar su mano, pero siempre triunfó el amor por Puro, por aquel que le dio la oportunidad de ser alguien diferente, de ser mejor.
Concluyó que no se había enamorado de alguien extraordinario, se había enamorado de alguien que sacaba lo extraordinario de él.
- Contigo todo va ser increíble - besando su cabeza.
Puro tomó su cámara, la correa seguía colgando de su hombro. "No creo que pueda llevarla así..." Dijo metiéndola en su estuche, no sin antes hacerse una foto con Fer.
"La primera de muchas" confirmó el moreno.
Se quedaron así, hasta que Fer divisó un grupo de pies conocidos.
- Ahí están - espabilando -, venga. Arriba - dándole un beso antes de ayudarlo a ponerse de pie. Habían estado tirados en el piso del aeropuerto, varias horas antes de su vuelo sólo para asimilarlo y tener todo listo para cuando llegara el momento.
La comitiva de despedida había llegado. Sus padres, sus amigos, Jordi, incluso Bruno estaban ahí. Trataban de contener las lágrimas, pero estaban seguros de que nada malo iba a pasar sí estaban juntos.
Sus madres se acercaron para adecentarlos. "Sí sabemos que esto va en serio pero no os veáis así..."
- Abrígate, que seguro en París hace rasca - le sugirió su madre a Puro - y tú cuídamelo.
- Con mi vida - abrazándolo.
Luego siguió el padre de Fer.
- Yo sé que mi Fer te va a cuidar muy bien. Pero tú cuida sus sueños.
- Claro...
- Suegro - bromeó -, o papá, sin quitar honor a quién lo merece - dirigiéndose a su igual.
- Usted es un sueño genial - acepando el abrazo del hombre.
- ¡Jordi, eh! - llamando la atención de todos sobre el castaño alto -, que aquí no llora nadie y menos quién se los va a cuidar...
- El que nos va a cuidar dice - bromeó Renzo. Su novio, se despegó para abrazar a sus amigos una última vez:
- Sólo espero que la casa que el piso sea grande. Porque uno que yo me sé, piensa ir a verles.
- Pues será bienvenido - dándole el último abrazo a su amigo.
"Última llamada"
Vos miraron al techo oyendo las indicaciones, se tomaron de las manos y sonrieron:
- ¿Listo Puro?
- Listo, Nando.
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Muchímas gracias por leerme! Espero que os haya gustado y que me dejéis un comentario para saber que os ha parecido.
Y estad atentos a mi próximo proyecto. 😊
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Te voy a enamorar
General Fiction¿Te enamorarías de un chico? No sería de cualquiera, si no de ese que llegó a mitad de curso con un aroma y nombre particular, que hizo reír al profesor y a sus compañeros tanto que en su mirada se reflejaba lo risueño que era y que hacía que todos...
