CAPÍTULO 8

145 10 4
                                        

Ya era viernes.

Había ido al colegio en mi skateboard, había tomado algunas clases y era realmente algo tan aburrido como documentar el envejecimiento de un tapete.

Abrí mi casillero.

-¿Quieres salir de aquí?- preguntó Clapton detrás de mí.

Me volteé.

-¿Salir de aquí y hacer nada? Paso- respondí.

-Salir de aquí a algún lugar, lejos.

Cerré el casillero y comencé a caminar por el pasillo.

-¿A dónde quieres ir?- preguntó.

-Lejos- lo miré y sonrió.

Salimos del colegio y nos encaminamos a una parada de autobús que se encontraba casi vacía. El invierno –que ya había llegado- en Boston era frío y eterno; el paisaje estaba conformado por sectores de nieve blanca, calles negras y cielos grises. Las hojas de los árboles ya habían sido cubiertas por aquella manta blanca y las ramas desnudas se agitaban al ritmo del viento. Notaba como los árboles, al observarlos, se comenzaban a dividir en ramas, troncos y raíces.

Veinte minutos más tarde nos encontramos viajando a quien sabe dónde, en un autobús con unas pocas personas dispersas en distintos asientos y Jack Clapton a mi lado revisando un mapa que había en su celular. El hedor de la lluvia abrumaba el lugar como una copa de vino desbordada y todo era un murmuro; de gente que hablaba por teléfono, que balbuceaba, que tosía o que maldecía en voz baja, y mirar hacia otro lado parecía la única escapatoria a la humanidad.

La acera estaba cubierta de personas que caminaban infelices, las casas parecían tener menos color de lo habitual, varios tejados estaban oxidados y cubiertos por nieve. Los autos circulaban mansos y todo parecía ir en cámara lenta. Pasamos a un lado de un extenso parque que solía visitar en mi infancia y recordé todas las cosas que había vivido cuando era una niña, cuando todo tenía una pizca de magia e inocencia, cuando me quedaba un poco de felicidad.

Clapton me dio un empujoncito con su brazo, volteé la cabeza.

-Estamos a mitad de camino.

-Y ¿A dónde vamos?

Él sonrió y dijo:

-Solo espéralo.

-Excelente, el nuevo me raptará...Iuju- pensé.

Y en diez minutos más nos encontramos saliendo del autobús –por cierto, fuimos los únicos que bajaron en esa parada- y adentrándonos en un bosque que parecía no tener final. Era un lugar hermoso y era tan silencioso que se podían escuchar hasta los pensamientos como si fuesen gritos.

-¿Qué te parece?- preguntó.

-Me parece...que voy a quedarme aquí por siglos.

-Lo encontré hace unos días, nadie viene a esta parte del bosque, pensé que te gustaría- hizo una pausa. - me hizo pensar en ti.

-¿Por qué?

-Es silencioso, pero irradia una energía que es imposible no detectar, irradia paz pero en un segundo de viento, puede dejar todo en pedazos.

-Como la música- respondí.

-Precisamente.

Comencé a caminar entre los árboles como si fuese un laberinto; las ramas sobre el suelo no estorbaban y las que se encontraban en los árboles tampoco. La tierra estaba húmeda y cubierta de nieve en su mayoría pero tampoco molestaba, ni siquiera la presencia de Jack Clapton fastidiaba, ni siquiera la humedad del ambiente, ni siquiera mi pasado: porque el presente era lo que importaba en ese instante. Y en ese momento, el presente se sentía como si fuese irreal.

April's Diary // COMPLETODonde viven las historias. Descúbrelo ahora