CAPÍTULO 11

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Pasó una vida entera hasta que me desperté. Volteé y pude ver que Jack Clapton dormía en el suelo; que irónico, un chico que había conocido hace tan solo meses yacía dormido en mi misma habitación, no recordaba que había ocurrido la noche anterior después de los tragos pero sabía que no habíamos hecho nada importante.

Me levanté y me cambié en el cuarto, luego lo desperté:

-Clapton- dije en voz alta- Clapton, arriba, despiértate- le di un empujoncito con el pie y aguardé.

Era un día extrañamente soleado y la leve luz del sol se apoyaba sobre su piel clara aunque llena de vida y su cabello castaño oscuro. Abrió lentamente los ojos y me observó e hizo una pequeña mueca. Se sentó en frente mío a desayunar la pizza que había sobrado la noche pasada.

Más tarde bajamos, bebimos rápidamente un café y salimos rumbo al colegio.

Silenciosos, con resaca, dolor de cabeza, tal vez angustiados o deprimidos...o alegres.

El camino me resultó extrañamente largo, era como un túnel sin final, hasta que logré ver la salida.

Llegamos a la puerta del colegio. Jack Clapton se detuvo frente a las escaleras: el frío era escaso, al igual que la luz del día, yo volteé esperando desganada que entre.

-Quieres... ¿irte de este infierno?- preguntó con la misma mueca de antes.

Giré mi cabeza y caminé a la puerta del colegio.

-April ¿No querrías ir a algún lugar donde se detenga el tiempo?-insistió.

Sabía de qué estaba hablando...

Ya lo había pensado muchas veces; ese bosque era perfecto, el único lugar donde me sentía casi completa y que no me impulsaba a suicidarme.

-Es hermoso- dije en voz baja, una voz tan baja que ni siquiera mis pensamientos podían oírla.

Jack Clapton –quien no me oyó-, dijo: -En la mañana es bellísimo, es frío y solitario pero el sol que pasa por entre las hojas de los pinos dan ganas de quedarse- suspiró y comentó. - Es increíble.

Clapton ya estaba decidido, y yo también.


Era un precioso bosque. Desde donde estaba, se podía observar el cielo pintado como una paleta de tonos de celeste y gris, triste y pastel. Los árboles dejaban al descubierto sus ramas como venas y sus troncos mientras algunas de sus hojas se mecían sobre el suelo blanco.

Volteé a ver qué tan lejos estaba él, y cuando lo encontré, lo observé: detenido, mirando el cielo tal como yo lo había hecho. Me senté sobre una alfombra de nieve que se hundió levemente (y a la vez me mojó) al sentir mi cuerpo, todo lo que tocaba lo destruía.

Se sentó a mi lado y dijo;

-Lo de ayer... ¿Quieres hablar sobre eso?

-No hay nada que decir- respondí observando una nube que se movía de un lado para el otro por el viento.

-¿Segu...?

-Seguro- lo interrumpí con tono determinante.

Me miró a los ojos, podía sentir levemente su aliento fresco. Yo lo miré y me levanté.


Más tarde caminamos hasta un puente del que me había hablado. Estábamos apoyados sobre la baranda, hombro con hombro, observando un río tan calmo como el resto del lugar.

-Podría saltar de aquí.

-Ya lo sé.

-¿Y por qué me trajiste entonces?- yo mantenía la mirada en el agua.

-Supuse que te gustaría- hizo una pausa y dijo- además, si te quisieses tirar, yo te sujetaría.

-Es bueno saber eso... Aunque esta no es una escena de Titanic.

Por un momento quise poner a prueba sus palabras y pensé en saltar del puente, pero no lo hice.

Observé por un segundo sus manos, que reposaban sobre la madera: eran blancas -como el resto de su cuerpo; un blanco acogedor y con vida, no como mi piel- , tenían muchas venas, irradiaban calidez... Luego observé la poca parte de su brazo que no estaba cubierta por una campera y divisé algunos moretones que me llamaron la atención. Pensé por un segundo en la posibilidad de que él anduviese en skate, pero luego me distraje... Y lo olvidé.

Y en unas horas nos encontramos volviendo a la ciudad.

-¿Podíamos ir a tu casa? Olvidé mi celular.

Lo miré y dudé, finalmente asentí.

Bajamos del autobús. Caminamos y hablamos sobre qué tan poético era el cielo y el mar y la arena y la nieve y la vida.

Entramos en mi casa y en ese instante me quité los zapatos, mis pies estaban fríos. Subió las escaleras; él se notaba apurado, como si no quisiese molestar.

Lo pensé y lo volví a pensar una, y otra, y otra vez hasta que decidí decirlo:

-Te puedes quedar, un rato- dije por lo bajo e inmediatamente se escucharon sus pasos bajar la velocidad.

Subí las escaleras y al entrar a mi habitación lo vi mirando por la ventana, analizando, con sus ojos claros y su cabello despeinado, y aquellos rasgos que delataban sus emociones.

Me acerqué a mi estante con discos y tomé mi favorito: era una especie de Rock lento que me hacía pensar en aquella ventana.

Al escuchar el sonido de la música, Jack Clapton se dio vuelta, se incorporó y se acercó a mí.

-Sé que no quieres hablar sobre eso pero, te escuché ayer y...

Lo interrumpí seca como lo hice antes: -Cállate, solo cállate.

-No eres una mier...

-Cállate, lo digo enserio, por favor-comencé a sentir algo en el estómago, necesitaba dejar de pensar por un rato.

-No puedes negarl...-siguió y me tomó de los hombros.

Sentía el leve calor de su cuerpo y al mirarlo, sus ojos me dejaron prácticamente paralizada: no podía dejar de mirarlos.

-Por favor, te suplico que no hables- lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, ya no tenía control de mí misma, necesitaba hacer algo, cualquier cosa... estaba perdida.

-Óyeme.

Me acercó hacia él, pasó sus manos de mis hombros a mi nuca y cuando me quise darme cuenta, sus labios estaban contra los míos...Y en ese momento ya no pude controlarme.

Lo besé con todo lo que tenía, entregue mi fuerza y mi pasión en su boca y él en la mía. Sin embargo, seguía vacía. Me tomó de la cintura y comenzó a besar mi cuello, lo alejé de mí y me quité la remera. Nos volvimos a besar y mientras tanto yo le quitaba su remera, me alzó en sus brazos y lentamente me apoyó sobre la cama.

No sabía como habíamos avanzado tanto en tan poco tiempo.

Mientras nos besábamos yo desabrochaba su pantalón, él me acariciaba el cabello con deseo, su forma de mirarme intentaba ir más allá de mi aspecto para apreciar mi mente, yo no quería eso. Nos detuvimos y nos miramos a los ojos, él se levantó.

-¿Segura?

-No molestes.

A él se lo notaba nervioso, yo quería hacerlo todo enseguida.

Al volver a acercarse, todo fue lento y cuidadoso... Me quitó los pantalones, observó mi cintura y la acarició.

"Por Dios, que lo haga más rápido", pensaba yo.

Más tarde, y al ritmo de la música, me quitó el sostén y nos derrumbamos sobre la cama nuevamente.

En un instante estaba teniendo el mejor momento que nunca habría creído posible, pero había algo que me faltaba. El sudor y la piel nos rodeaba, su sonrisa y sus besos me dificultaban respirar, Jack Clapton era lo único que había, sin embargo no era lo único que sentía.

April's Diary // COMPLETODonde viven las historias. Descúbrelo ahora