Al otro día, por la mañana, me levanté: me sentía mejor que el día anterior (17), baje las escaleras (ya que luego del enfrentamiento de la noche anterior, yo había vuelto a la habitación donde había dormido antes) y me dirigí directo a la puerta: necesitaba que la abran, volteé la vista y noté a Clapton dormido sobre el sofá.
Me detuve frente a él y me tomé unos segundos para apreciar -probablemente, por última vez- su rostro cálido y hermoso: su cabello color café, despeinado como siempre, sus pestañas que cubrían suavemente sus profundos ojos, su respiración pausada y tranquila, sus labios...Oh por Dios, deseaba tanto sus labios, aunque sea por una última eterna vez...Pero no podía.
Le toqué el hombro, distante, para despertarlo: estaba cálido al igual que toda su aura.
-Clapton.
Abrió los ojos, seguramente me odiaba por haberlo despertado a las 8:00 a.m., y por todas las cosas que le había hecho. Sin embargo, al levantar la mirada hasta mi rostro, sus ojos parecieron iluminarse secretamente, intentando mantenerse distantes como yo lo hacía con él siempre.
No dijo nada, solo agarró las llaves y con una última mirada, que se preguntaba por qué me estaba dejando ir, se despidió.
Ni siquiera yo sabía porque me alejaba, porque me autodestruía tanto. Solo me cuidaba de que otros no me destruyeran, pero al mismo tiempo, me destruía a mí misma.
Me preguntaba si Clapton me quería tan solo porque, no lo sé, tal vez nunca había salido con una chica, aunque no lo creía posible. Me preguntaba también porque me había dejado ir otra vez, él siempre había leído mis pensamientos como si fuese su libro favorito, ¿Por qué no entendía que yo quería quedarme con él pero no podía? Quería que él me haga cambiar de opinión, que él me convenza de que era la mejor opción para mí. Pero, como ya lo había dicho, No muchas veces las cosas son como uno quiere... Me entristecí al nivel de sentir que no podía hacer otra cosa que no sea arrastrar mi alma por el piso de la calle, dejando que se clave vidrios y le entre suciedad, pero lo merecía...Por ser una estúpida inservible que no servía ni para comer.
Y cuando llegué, tan solo dormí –pero no descansé- y sufrí, como había estado haciendo los días, semanas y meses anteriores.
Pasó el tiempo y casi sin verlo venir volvió a ser viernes. Habían días en los que había ido a mis clases y días en los que no. Mi dolor corporal por el desmayo se había esfumado pero el de la falta de comida y el de la sensación de vacío continuaban doliendo, haciendo la herida cada vez más honda, pasando por cada uno de mis órganos vitales, viendo cuánto tiempo más podría resistir. Además, a partir de la insistencia de Clapton porque yo comiese, mi apetito había ido de cero en negativo.
En la escuela, estaba casi segura de que no me lo había vuelto a cruzar. Lo que en parte mejoraba y empeoraba mi situación.
Mi mente... Y mi vida eran un completo caos en el que: si hacía una cosa me iba mal y si hacía otra, igual. Por lo que me limitaba a existir, lo que también me hacía mal; ya que no tenía objetivos ni metas. Y no hacer nada, realmente era un sufrimiento.
Ese mismo día, Thalía –que últimamente no pretendía que yo no existía, lo que me pareció un tanto sorpresivo- golpeó la puerta de mi habitación y dijo:
-Oye April, te estuve notando un tanto...Extraña las últimas semanas- Oh por Dios, que alguien le dé un premio por su inteligencia y astucia al darse cuenta de que yo, no sé, ¡estoy completamente deprimida y no como ni mierda! –Hoy saldré con mis amigos, ¿quieres venir conmigo?
Mis ánimos se encontraban bajo tierra, no quería formar parte ni por cinco segundos de su sociedad de idiotas en la que todos tenían sexo con todos tan solo por deporte. Además, tampoco quería ir a una fiesta; las fiestas no estaban hechas para gente como yo, y –aunque agradecía un mínimo gesto de intentar levantarme el ánimo- no quería aceptarlo.
-Paso. No me gustan las fiestas.
Se quedó en silencio tras la puerta, pero recordó algo y, luego de abrir la puerta, replicó:
-Seguro, mamá y hoy tiene la noche libre, seguro querrá que cenen juntas y charlen ¡Suerte!- dijo con un tono un tanto manipulador (aunque, por una milagrosa vez, era por una buena causa, suponía yo).
Mierda. Ni siquiera por un millón de dólares y la felicidad eterna cenaría con aquella mujer a la que vi más veces teniendo sexo que hablándome.
Y a las 9:00 p.m. ya estuve esperando el auto que nos pasaría a buscar a mi hermana y a mí. Ella; unos tacones altos y un vestido morado de lentejuelas, con un maquillaje muy producido, yo; unos jeans rasgados, una remera de Ramones, una chaqueta de jean y mis botas negras de siempre.
Pensé mientras miraba las estrellas que se divisaban en el cielo; nunca había estado peleada con Thalía, ella nunca había sido mi enemiga o algo parecido, ella reaccionaba como podía a nuestra familia, al igual que yo siempre lo había hecho. Y recordar eso había sido un poco reconfortante, ya que tenía uno de un millón de los problemas en mi mente, mínimamente arreglado.
El frío del exterior, de hecho, era más leve que el de mi interior: se acercaba primavera y el hielo se derretía poco a poco. Aunque a decir verdad, el invierno siempre me había gustado más que el resto de las estaciones, ya que al sentir frío afuera se lograba ignorar un poco el que llevaba dentro de mí.
El auto llegó y partimos de inmediato.
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Referencias
17. Aclaración: me sentía mejor con respecto al desmayo. El resto de mis dolores tanto físicos y psicológicos, mis sentimientos y mis problemas, con respecto a eso, yo seguía igual.
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April's Diary // COMPLETO
RomanceLo único importante en su vida: su extremadamente depresivo diario, el rock, sus libros antiguos y su perro. Acostumbrada a alejar a cualquiera que se le acerque, una chica que le buscaba el lado malo a las cosas, que sin importar cuando, le buscaba...
