Ya había pasado la mitad del invierno y los huesos de mi espalda se marcaban como las ramas de un árbol sin hojas, pero no me daba la gana comer. Me sentía cansada y había vuelto a escuchar música con mi viejo reproductor de música, cada vez que avanzaba con algo retrocedía con otra cosa.
Las ojeras invadían mi consumido rostro pero nadie lo notaba. Pero eso estaba bien, yo había provocado eso; no quería a nadie en el camino.
Caminaba al colegio lentamente, más abrigada de lo común supongo que por la pérdida de peso.
Al llegar tan solo hacía lo de siempre y volvía a casa más tarde.
Sentía que me desmoronaba tanto por dentro como por fuera. Ya no sabía que pasaría conmigo ¿Debía morir? ¿Debía sobrevivir?
Me vestía con camisetas grandes con las que dormía, me bañaba cada dos días y luego tres veces en un día solo; estaba completamente perdida, pero yo era fuerte y sabía que podía aguantar en ese estado por mí misma, yo era fuerte... Aunque me sentía lo opuesto.
No podía despertarme cuando dormía, y cuando lo hacía, debía beber pequeños vasos de whisky para cansarme.
Salía a caminar por las calles, con los huesos frágiles y el cansancio que me daba hacer cosas con el bajo peso que tenía, y lo único que veía eran caras tristes, personas que vivían malas vidas, vidas que deseaban morir. Los caminos de asfalto eran los que él había pisado al irse, sobre estos habían caído sus lágrimas y quien sabe cuántas historias más habrían en aquellas baldosas de cemento, sin embargo, a mí solo me importaba una...
Llevaba auriculares puestos, una cara larga, una piel pálida y una actitud patética frente a la vida. Pasé por delante de una tienda sucia, pequeña y solitaria; de alguna forma u otra me atrajo. Al entrar, escuché el tintineo de la puerta y observé el panorama con detalle, a pesar de que no me importaba donde me estaba metiendo, el aire era pesado y el lugar repleto de humo de cigarro, las paredes abundaban de humedad, decoloradas y descascaradas.
-¿Que buscas niña?
Gire la cabeza; detrás del mostrador había un tipo de unos cincuenta años fumando lo que parecía ser mariguana en un bong de vidrio. Era calvo, un poco gordo y su mirada estaba perdida, aunque no por efectos de la droga.
Lo ignoré y comencé a caminar por los pasillos, parecía ser una tienda aunque a decir por el estado de los productos, estaba en banca rota.
-Niña, ya déjate de rodeos. Si no vas a comprar nada vete- dijo entre toces, su voz era un poco ronca pero no me intimidaba.
Era un lugar un tanto pequeño, y aunque no lo había recorrido hasta el fondo -ya que parecía el lugar donde ocultarían un cadáver-, me había tomado mi tiempo para transitarlo.
Volví al mostrador y pregunté: ¿Qué vendes?
Rio, se fijó que no haya nadie fuera del negocio, luego buscó, escarbó y revolvió bajo el mueble. Me mostró todo tipo de drogas, cigarros, armas pequeñas, pastillas (14)...
-¿Qué quieres?- repreguntó.
Investigué con la mirada los productos y opté por unos cigarros, ni siquiera sabía si eso me podría ayudar ya que no quería ayuda, ni de mí ni de nadie, pero no perdía nada con probar.
-Supongo que tienes más de veintiuno, sino sería ilegal que te lo venda...-hizo una pausa- Era broma, tómalos. Serán $8.50.
Busqué en mis bolsillos llenos de mugre, pagué con billetes y monedas, tomé los cigarros y antes de largarme el tipo dijo:
-¿Por qué tienes esa cara?
-Creo que eso se lo debería preguntar a usted mismo.
No sonreí, pero hice una pequeña mueca.
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April's Diary // COMPLETO
RomanceLo único importante en su vida: su extremadamente depresivo diario, el rock, sus libros antiguos y su perro. Acostumbrada a alejar a cualquiera que se le acerque, una chica que le buscaba el lado malo a las cosas, que sin importar cuando, le buscaba...
