CAPÍTULO 19

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Desperté con el cuerpo tan frío que parecía que debajo de mi piel había una bolsa con cubos de hielo, me quité toda la ropa, que se había convertido en una masa de tela húmeda, me puse una remera dos tallas más grandes como las que había estado usando últimamente, por el hecho de que no me gustaba que la gente vea mis huesos, ni lo que había detrás de ellos; un alma triste y solitaria, un alma lastimada que lastimaba, como si me hubiesen vidrios y puntas filosas que sobresaliesen de mi piel e hiriesen a todo el que se acercaba... Generalmente alejaba a todos porque me molestaba su presencia, pero con Clapton no era así, tal vez no era lo que le hacía ver,  realmente no quería lastimarlo, pero era lo único que yo sabía hacer... Dios, yo era una estúpida... Si no sabía estar con alguien, lo alejaba hasta que detestase ver mi rostro, u oír mi nombre...

Me di una ducha, me vestí sin siquiera mirar lo que me había puesto, salí.

Estaba tan confundida; me odiaba, quería que Clapton se mantuviese desaparecido de mi vida... pero también deseaba que vuelva. Era miserable, yo era detestable, malhumorada, mi vida era una mierda, mi familia, en los dieciséis años de vida que había tenido no había conocido que era querer a alguien, ya sea a mi familia o a mis amigos -que nunca había tenido-, sentía que era invisible.

Pero si me odiaba tanto ¿por qué no me suicidaba?

Rondé sobre esos pensamientos al igual que lo hice con las calles ¿por qué no mejoraba si podía hacerlo? Tal vez no podía ¿o tal vez no quería? Realmente no me importaba mejorar, o empeorar...Pero había algo que me hacía sentir tan culpable por no rescatarme a mí misma.

Me senté bajo el sauce de un parque al que no había ido nunca antes, no me gustaban los parques: basura en todos lados, –o, si preferimos un sinónimo- gente en todos lados, gente que llevaba con ella todo su ruido. Pero ese lugar no se le parecía a los otros; era pequeño y tenía algunos árboles aislados, casi no había gente, por lo que se escuchaba claramente –y como si fuesen feroces voces que revelaban la verdad- la brisa el viento esquivando los árboles. Era un lugar sereno, lo más (mínimamente) lindo que había visto en semanas.

De repente visualicé rápidamente algo en la vereda de enfrente, volví a mirar sentada acurrucada contra el tronco; era él, caminando como él lo hacía, con un paso que dejaba acentuada su sensibilidad pero cubierta por simpatía (para no mostrar su "lado débil"). Y en ese momento me cuestioné porqué había lastimado de aquella manera a un chico tan bueno como él, al único que me había divisado entre otras chicas mucho más lindas, mucho menos jodidas y con una mejor actitud frente a la vida. El chico que había hecho todo lo que pudo para que le dé una mínima chance, aquel ser humano que había intentado entender mis problemas y descifrar mi mente. El único que había intentado.

En ese instante supe que me quebré; externa e internamente. Noté como mi demacrado rostro se agotaba tanto que debía pensar como mantenerlo en alto para que no se caiga, sentí como mis vasos sanguíneos estrujaban mi corazón en un acto masoquista y como mis neuronas presionaban a mi cerebro para que explote. Todo mi cuerpo se sintió devastado por el cansancio, sentí como las bolsas de mis ojos pesaban como si llevasen mármol en ellas, me dolía la cabeza y todos mis sentidos se habían revuelto. Yo era fuerte, podía soportarlo... ¿verdad?

Tenía ganas exageradas de correr a través de la calle hacia él, sin importar si se cruzaba un camión o lo que sea, quería sentir su cuerpo cálido, sus besos perfectos que me hidrataban y luego me deshidrataban cuando terminaban, tan solo para hacerme desear uno más, quería correr y decirle todo lo que sentía por él, quería que nuestros cerebros se conecten para hablar sobre el mundo y nuestras convicciones, que nuestras bocas se entrelacen para sentir aquella sensación de estar llena y que nuestras almas se toquen para expresar todo lo que no podíamos decir.

Pero no lo hice. Me quedé sentada, más acurrucada de lo que había estado antes. Sintiendo de arriba abajo mi desgracia. Aceptando los hechos. Viéndolo alejarse. Viendo retirarse junto a él a lo que podía ser mi felicidad, mi mejora, mi ayuda...¿Mi cura?.

Seguí convenciéndome de que no necesitaba su rescate, de que yo era suficiente para mí misma, de que yo era ya demasiados problemas para mí, de que acercarme a él solo me haría débil y lo contagiaría con toda mi mierda.

Y eso acentuó mi sufrimiento.

N/A: les quiero decir y aclarar que este libro no hace apología a los temas sensibles que trata, que April es una chica que está mal, que no piensa las cosas claramente, y de hecho, este libro lo escribí para tratar de ayudar a quienes están mal, o se sienten como ella. Pero bajo ningún punto de vista quiero decir que lo que April diga es lo que está bien.

April's Diary // COMPLETODonde viven las historias. Descúbrelo ahora