CAPÍTULO 27

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Llegamos a la fiesta, la casa lucía moderna y costosa. Incluso fuera del establecimiento abundaban adolescentes, vasos rojos arrojados en el suelo y asquerosos charcos de vómito. Habíamos viajado más de media hora ya que la fiesta se encontraba un poco lejos de la ciudad.

Entramos. Aquel lujoso establecimiento estaba cubierto de alcohol, idiotas y hormonas. La música me abrumaba la mente; no era de la que conocía, puros raperos famosos que hablaban de cuánto dinero tenían y de que tan grandes eran los traseros de sus putas. Cada dos metros, me ofrecían alcohol o me empujaban, o algún pervertido me hacía algún comentario de esos que hacen los sexistas cuando se desinhiben en lugares así. Seguía a mi hermana que –en ese momento- era como un faro con lentejuelas en el medio del océano.

Con el paso de los minutos nos fuimos separando: ella por el lado de los chicos que le hablaban y yo...por el lado de los vasos rojos, intentando que el alcohol me haga olvidar lo mal que la había pasado siempre.

-Oye, niña linda.

Voltee la cabeza a un costado: la chica que se acercaba a mí estaba muy borracha comparada conmigo ya que aún no me había hecho mucho efecto el tequila.

-Mi nombre es Zoooooe- hablaba graciosa, como si le estuviesen haciendo un show de stand up de primera- con muchas oooooooos.

Una chica de tez morena con un cuerpo un tanto voluptuoso y cabello negro y rizado, un poco más alta que yo. Tenía algunas pecas, ojos negros y una sonrisa muy blanca con los dientes alineados. Era muy bonita –incluso cuando yo no veía lo bueno en la gente, su belleza se notaba sobremanera-.

-¿Cuál es...-comenzó a reír- cuál es tu nombre blanquita?

-April Whites- dije un poco desinteresada, aunque no lo estaba, ella parecía una de esas personas que siempre irradiaban buenas vibras, y realmente no quería eliminarlas con mi depresión (sin mencionar la soledad que llevaba dentro, que hacía que encuentre todo trato social como un sufrimiento).

Diez minutos después me encontraba en la sala de estar, bailando música que ni me gustaba como una loca con mi desconocida favorita. Los efectos del alcohol me habían llegado más fuertes debido a mi estómago vacío.

-¡VAMOSS POR UNOSS REFRESSCOS!- grité marcando las "s".

Nos sentamos en unas sillas con nuestras bebidas en mano. Era tan extraño hablar con alguien, no sabía ni siquiera porque lo hacía, yo definitivamente no era así. Tal vez el alcohol me mandaba a hacer lo que no intentaría consciente; abrirme a alguien nuevo (si era así Jack Clapton debería cambiar su nombre a Jack Daniels). No me gustaba la idea, pero ella era tan estúpidamente graciosa, y estaba tan concentrada en sí misma que me tranquilizó saber que si conocía algo malo en mí: a. no se daría cuenta o b. se reiría de eso.

-Entonces, ¿Zoooooe como zoológico?

Rió y replico.

-¿Y a ti como te digo eh? ¿Ape? Como gorila en inglés ¡que idiota!

Reímos hasta que nos detuvimos y comencé a llorar.

-¿Qué te pasa gorila blanco?- contenía la risa por su nuevo juego de palabras y me abrazaba mientras yo hacía peso muerto con mi cabeza sobre su hombro.

-¿Por qué dejé ir a ese chico Zoe? Es tan importante para mí- el sollozo y las palabras se mezclaban.

La sinceridad se me escapaba de las manos (y de la boca) sin poder siquiera pensar antes de hablar.

-¿Te hizo algo malo?

-¡NO! Yo le- mis frases se entrecortaban por mi necesidad de respirar- y-yo le hi-ice cosas hori-ibles. Lo mandé a-a la mie-erda tantas ve-eces.

Estaba mareada.

-Shhhhhhhhhhhhh. Si él te ama sabrá que no lo haces de mala, solo...-suspiró- solo tienes miedo.

No tenía miedo, yo nunca le temí a nada, podía hacer lo que sea. Estaba tan confundida y borracha que ni siquiera sabía lo que hacía... O lo que pensaba.

-¡No tengo miedo! No quiero que me la-astime.

Me fregaba los ojos húmedos, veía borroso y todo provocaba mi llanto.

-Está bien, chica- me acariciaba el cabello- no te hagas taaaanto problema, si lo alejaste tantas veces y él sigue apareciendo puede ser por tressss razonesss- hizo una pausa buscando sus dedos de las manos- una es que es un bastardo, dossss es que le importas y quiere hacerte entender que siempre estará allí para ti- hizo una pausa- y tres es que sea un agente federal que sigue cada paso de tu vida.

Comenzó a reír. Y yo también, un poco.

Me alejó y dijo:

-Oh por Dios, ¡estoy tan perdida!- y vomitó sobre el suelo.

Media hora después me encontré a Thalía, Zoe estaba muy mal y su hermano se la había llevado. No esperaba volver a verla o establecer una relación de amistad con ella, es decir, Zoe me caía bien pero, yo no estaba hecha para esas cosas...Y menos en esos momentos.

Estaba besándose con un chico de su estilo de quien seguramente ni ella conocía el nombre, a un lado de las escaleras. En ese momento comencé a sentirme extremadamente mal, me balanceaba y caminar se sentía como estar sobre una cuerda floja. Pensé en decirle algo como, "oye, voy a vomitar, acompáñame al baño" o "no la estoy pasando genial, pero algo es algo" o tal vez "hermana, quiero volverme para la casa así continúo en mi estado depresivo", pero no lo hice, tenía ya bastante para lidiar como para agregarme a sus asuntos.

Mis ganas de vomitar aumentaban por segundo, era una escalofriante de sensación. Mi presión estaba baja y no tenía fuerza suficiente ni siquiera como para arrastrar mis pies hasta el baño, todo se veía borroso y los pasos de la gente que estaba allí retumbaban como si fuesen portazos, la música me desesperaba: El único aliado que tenía se había puesto en mi contra, pensé.

De alguna forma u otra llegué a mi destino.

Al entrar, unos chicos salieron besándose. Entré, me arrodillé frente al inodoro y expulsé todo lo que llevaba dentro. Bloqueé como pude la puerta y me arrimé nuevamente– y arrastrándome por el piso- a la fuente de vómito. Me largué a llorar por segunda maldita vez en la noche ¿Cuándo me había convertido en una persona tan débil? Porque, llorar era cosa de débiles... ¿verdad?, o tal vez eran solo los efectos del alcohol...Que quizá reflejaban lo que realmente sentía...

Me senté a un costado del inodoro, parecía que el mundo entero se venía abajo. Apestaba horrible.

Esos minutos que me habían dado la falsa ilusión de que me había comenzado a estabilizar desaparecían y sentía que aquella torre de tristeza me encerraba cada vez mejor. Ya no me importaba nada. Esa frase me hacía acordar a una de las tantas veces en que mi boca tocaba un cigarro. Me di cuenta de que no tenía la necesidad de estar bien.

Media hora más tarde, mis ojos ya estaban irritados pero las lágrimas seguían cayendo al igual que mi estado de ánimo.

Me sentía cansada pero me faltaban ganas de dormir. Sentía dolor en todos lados: en la cabeza, en la mente, en el pecho, en el corazón...No tenía fuerzas, era como si me faltase algo...Seguramente mi alma se habría caído de mi cuerpo al escapar de tantas cosas buenas que podría haber tenido, como a Jack Clapton; tan solo pensar en su nombre estrujaba mi corazón y lo liberaba al mismo tiempo.

Detuve el llanto, pero no la tristeza.

Un rato más tarde el mareo casi se había pasado, no tenía nada más para escupir en el retrete, no tenía más lágrimas en mis ojos, no tenía más alma en la que dejar mis sentimientos, tenía cansancio pero me faltaban sueños con los que soñar...Y así con todo.

Salí del baño con un poco más de energía que con la que había entrado y al encontrar a mi hermana, nos largamos hacia casa, la fiesta ya estaba terminando.

April's Diary // COMPLETODonde viven las historias. Descúbrelo ahora