CAPÍTULO 9

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Miércoles, no me quería despertar. Abrí mis ojos, me levanté desganada y me dolió un poco la pierna, entonces recordé mi herida en el skateboard.

Me levanté, tomé mi cepillo y me peiné sin mucho esmero, mi cabello rubio se entrelazaba con los mechones rosas. Me vestí con ¿a quién le importa qué? Y apenas vi un café de Starbucks que había dejado a medio beber el día anterior, lo bebí hasta el fondo; me encantaba el café frío por la mañana.

Al bajar noté que mi hermana ya había partido.

Llegué al colegio caminando ya que a la mitad del camino se había roto una de las ruedas del skate –algo que, aunque me molestaba sobremanera, era entendible ya que era una patineta muy vieja-.

Estaba por entrar pero mire hacia atrás y noté un cartel de neón -apagado- anunciando una pizzería y un ruido en mi sistema digestivo rugió indicando una próxima muerte por hambre; por lo que decidí tomar mi primera buena decisión en la semana.

Diez minutos y yo ya estaba sentada sobre el asfalto frente al colegio con una pizza con queso derretido en mi mano. Planeaba saltar todas las clases e ir al bosque pero no recordaba el camino, por lo que entre al colegio un tanto más tarde.

Pasaron las clases... las horas... la vida y volví a mi casa finalmente.

De repente, me atravesó un aroma me llevó a la calle y la calle me llevó a un pequeño jardín que nunca había visto en mi vida: Tenía pequeñas construcciones como arcos, puentes de cerámica blancos y jazmines enredados en estos que desprendían una fragancia delicada y triste. Cada flor se lucía por entre las espinas sin importar que estas estaban allí.

Había bancos blancos y esculturas solitarias que danzaban sobre los arbustos. Era un escenario que normalmente sería llamado tétrico, a mí me resultaba pacífico aunque no me relajaba; no me quedaría a vivir allí, es decir, ¿estaba cubierto de cosas bellísimas? Sí ¿era un lugar hermoso? También, pero le faltaba algo que al bosque no...

Me adentré en un sendero de rosas y al encontrar un banco que pasaba desapercibido, decidí sentarme allí con mi diario y escribir:

"La vida me arrastra al fondo como las raíces de una flor, en cuestión de tiempo me encontraré acorralada en la tierra que me cubrirá de a poco. Y todo terminará con dos murallas negras que se cierren frente a mí"

Así era como me hacía sentir de a ratos aquel lugar.

En otra hoja, apunté:

"Soy tan solo una semilla desnutrida en un mundo repleto de decepciones que actúan como espinas."

"Me doy asco, aunque esto es algo bastante usual."

Horas después me largué y me prometí nunca volver allí, ni siquiera sabía la razón de mi decisión, tan solo no quería volver.

April's Diary // COMPLETODonde viven las historias. Descúbrelo ahora