—¿Mike? — estaba atónita. ¿Qué hacía él aquí? ¿A caso la vida me estaba poniendo a prueba, una vez más?
El chico que sostenía mi brazo delante de mi sonreía sin gracia, como si el encontrarme aquí fuera lo más desorientado del mundo. Sin pensarlo dos veces me aparté de él mientras me hacía a un lado. Me miró de pié a cabeza y eso me causó escalofríos. Por un momento olvidé lo desarmado que podía ser.
—¿Qué tanto me miras, eh? — pregunté mientras veía como miraba a los lados. Como si estuviera buscando a alguien. Volteó su mirada nuevamente a mi, con expresión interrogativa.
—¿No te alegras de ver nuevamente a tu salvador? — cruzó los brazos.
Y allí está. El imbécil.
—Responde a mi pregunta, Maik.
—Pues... ¿Quieres escuchar la verdad o una mentira piadosa?
Enarqué las cejas.
—Vale, vale. Te miro tanto porque luces muy bien. Incluso, mejor que desde la última vez que te vi. —respondió divertido.
—¿Gracias?
—¿Vamos a comenzar con lo mismo? ¿En dónde está tu sentido del humor? ¿Lo dejaste en casa? Porque si es así vamos a buscarlo ahora mismo.
Decidí pasar por alto su respuesta. Necesitaba saber qué hacía él aquí.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Ale, Ale, Ale. Mi querida Ale. ¿Ves ese pequeño pero muy lujoso lugar? — preguntó mientras señalaba la pequeña recepción donde sería la exposición de las obras.
Pero claro, él era artista.
Había venido a presentar sus obras.
—Si, lo veo. No estoy ciega.
—Habrá una exposición de obras. Estaré participando. ¿Recuerdas esa pintura que te gustó tanto que no querías soltarla? —asentí
— esa está participando.
—Esa es una buena pintura, seguro ganarás.
—Es buena, pero no creo que sea suficiente. Hay muchísimas pinturas aquí que merecen ganar ese primer lugar.
—¿En dónde dejaste al señor yo lo puedo todo porque soy el mejor?
Rió.
—Éste es mi sueño, Alejandra.
—¿Y por qué no confías en tu talento?
—Porque he visto el arduo trabajo de otros artistas.
Se encogió de hombros.
—Me parece que estás subestimando tu propio trabajo.
—Soy realista.
—O imbécil.
—Quizá sea ambos.
Por un momento dudé si debía seguir o no. Algo me decía que saliera corriendo. Pero por otro lado, quería quedarme.
—¿Y tú? ¿Qué haces por éstos lados? — preguntó sacándome de mis pensamientos.
—Yo... Yo estoy trabajando cerca de aquí. En un club.
—¿Club? ¿Cómo se llama?
—The stars. Es nuevo, lo estaban renovando.
—Se lee bien. Sabes, estoy buscando un sitio donde pasarla bien luego de salir de aquí.
ESTÁS LEYENDO
Encontrándome
Romance¿Qué pasaría si la vida te pone entre la espada y la pared, y tienes que elegir lo más pronto posible, si quieres salvar o ser salvado? ¿Podrá Oustin soportar tanto? ¿En qué juego macabro lo está metiendo la vida? A veces es necesario golpear hast...
