22- Capítulo

48 1 0
                                        

Nunca elegimos de quiénes vamos a ser heridos. Resulta que puede lastimarte hasta la persona que jamás pensaste que lo haría. Sin embargo, no se está excento de vivir desiluciones diarias de aquellos que dicen amarnos.

Vivimos creyendo que todos nuestros seres queridos, por ser «queridos», están en la condición de ser perfectos y simular que todo luce de maravilla, incluso cuando no lo es. Te da pavor que te cuestionen cuando haces algo mal, cuando sabes que no tienes la razón en algo o simplemente cuando te equívocas y no lo asumes. ¿Cuántas veces hemos sido capaces de reconocer un error sin necesidad que alguien más te haga caer en cuenta de la realidad?

Todos hemos llegado a ese momento de la vida donde pensamos que cualquier acto de bondad por parte de alguien, sin recibir tan siquiera gratitud, no es más que una patraña para lastimarte de algún modo. A pesar de ello, nunca olvides que en éste mundo aún siguen existiendo personas nobles de corazón.

Lo sé, y también lo sabes porque éste es nuestro día a día. Construir murallas más grandes que tu corazón, no es la mejor opción de todas.

___________________________________________

Narra Alejandra

La noche terminó mucho mejor de lo que esperé. Maik se portó como todo un caballero. Yo también fui gentil. En algunas ocasiones...

Luego de terminar la cena, que por cierto había sido toda una delicia, me dejó en mí apartamento con su número de teléfono en mis manos. No sabía qué hacer, ni cómo enviarle. Habíamos pasado todo el día en plan de discusión y ahora qué se suponía que éramos

¿Amigos íntimos?

Definitivamente, no.

Para muestra de gratitud decidí enviarle un mensaje pidiéndole me avisara cuando llegara a su destino. No quería que pensara que me importaba, pero sentía debía hacerlo de algún modo.

Diez minutos más tardes mí teléfono repicó iluminando la pantalla indicando que había llegado un mensaje de texto. Lo abrí e inmediatamente respondí.

Mensaje para Maik, el idiota.

Agradezco te hayas tomado el tiempo de avisarme. Gracias por la cena.

Mensaje de Maik, el idiota.

Gracias a ti por aceptar ir conmigo. Te dije no sería tan malo. Nos vemos pronto.

Dejé el teléfono a un lado y me fui a dar una larga ducha. Duró aproximadamente treinta minutos para ser exactos. Sequé mí cabello con una toalla y me coloqué algo cómodo para dormir. Revisé mi portátil y tenía varios correos de Bruno, haciendo enlace con una compañía extrajera de New York.

Ingresé mi clave para chequear uno por uno con detenimiento. No era más de lo mismo. Tratados internacionales que tenía Copacavana  con industrias del exterior. Analicé cada uno concediéndole permiso para exportar e importar bienes y raíces. Mis párpados comenzaron a ponerse pesados y opté por descansar. Había sido un día bastante... Movido.

Cerré el portátil y lo puse en la mesa de noche que estaba a mi lado. Apagué la luz y caí en sueño.

___________________________________________

—Ale... Vamos Alejandra, despierta.

Sentía mi cuerpo ser movido de un lado a otro, sacudiendo fuertemente mis piernas. Éste sueño no me gustaba, quién fuera que sea que estaba moviéndome así, estaba siendo bastante brusco.

—Que te levantes ahora, coño. — repitió la voz de un hombre. Su voz era lo suficientemente ronca para causarme escalofríos.

—Papá, déjame dormir otro rato. — pedí.

EncontrándomeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora