Cinco

746 121 109
                                        

Gerard:

Eran las doce y media de la noche y seguía dibujando. No podía mentirme, ésta era mi verdadera pasión.

Dejé el lápiz y me levanté para estirarme, caminé al ventanal de mi departamento y admiré la vista. No era New Jersey pero me encantaba, todo era más tranquilo. Me quedé estático al sentir la fría brisa y sonreí, en verdad había dejado el nido y por fin estaba realizando mi vida solo.

Desde que llegué he pasado por muchas cosas, sin contar el mal carácter de Frank, me recibieron con los brazos abiertos y una buena impresión. No podía entender por qué Frank era así. Debía aceptar que me sentí mal al principio por su rudeza, pero al interactuar un poco más reafirmé que no era personal, sino que esa es su forma de ser. Y no podía cambiarlo. Por lo menos ya había conseguido que saliéramos a comer, supongo que era un gran avance.

Vicent me contó un poco de él puesto que mi propio compañero no quería ni hablarme, y traté de comprenderlo. Yo al contrario me abría a las personas, quería llevarme bien con todos. No me gustaba ser un amargado y parecía que Frank era mi opuesto.

Sentí mi pantalón vibrar y vi de quién se trataba.

—¡Ray!

—¡Rojito!

Solté una carcajada al escuchar el apodo que me había puesto mi amigo de enorme afro.

—¿Cómo estás?

¿Cómo estás tu? Estás prácticamente del otro lado del país.

—Pfff, sólo a doce horas de casa.

¿Y bien?

—Quitando el hecho de que mi compañero me odia, que estoy un poco presionado en el caso  que me asignaron y que a mi cama se le salen los resortes, bien, estoy de maravilla.

Wow wow, al parecer si te pego la realidad. Nunca habías hablado con sarcasmo.

—Lo siento, tal vez si. Es que ha sido muchas cosas para dos días.

Al llegar al sofá me dejé caer boca abajo, sin duda estaba más cómodo aquí.

¿Cómo es eso de que te odian? ¿Cómo pueden odiar al pequeño rojito?

—No me hables como un bebé.

Evité hacer un puchero porque mi amigo no estaba conmigo y por lo consiguiente no me podía ver pero se me salió.

—Pero en serio ¿todo bien?

—Si Ray, todo bien. Salí a caminar sin irme muy lejos porque no conozco a nadie y no tengo quién me enseñe.

Suenas triste.

—Lo estoy, los extraño mucho.

Mañana te haré una videollamada.

—Eso estaría bien.

Si, tengo que irme. Recuerda que si te sientes solo háblame, no importa la hora que sea pero hazlo. Estaré para ti.

—Gracias Ray, te quiero.

Yo también, adiós.

—Bye.

Cuando colgué me quedé ahí, sólo puse mi alarma a las seis y dejé el teléfono a un lado. Ya no quería cambiarme por una pijama, estaba agotado y no sabía porqué, no había hecho mucho en el día.


^°^°^°^°^°^


ColdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora