Once

727 108 52
                                        

Gerard:

Gracias.

Frank bajó la mirada y tuve un pequeño impulso, le agarré el mentón e hice que me viera directamente.

—Gracias a ti.

Sentí que se tensó un poco, me esperaba eso pero después se relajó y lo siguiente que hizo me dejó pasmado. Cuando lo solté poco a poco fue alzando las comisuras de sus labios para formar una sonrisa.

Una sonrisa sincera, una sonrisa cálida.

Una sonrisa simple. 

Sentí que mi corazón saltaba de alegría, me había mostrado algo muy importante de su vida, significaba que ahora confía en mi. Y yo quería abrazarlo, hacerle sentir que no estaba solo. Que yo aunque lo conociese de poco lo quería y quería lo mejor para él.

Por eso decidí buscarlo en la mañana, para hablarle.

Pasó otro silencio y no sabía si preguntar o sólo esperar a que él hiciera algo. Pero no parecía intentar hacer algo.

—¿Puedo decirte Frankie?

El castaño reaccionó y me vio de nuevo, asintió más convencido.

—Claro, ya que, ¿tu quieres un apodo? —preguntó algo confundido.

—Como gustes.

—Creo que Gee no suena tan mal.

Volvió la vista a su zapato y yo también vi el suelo.

—¿Puedes contarme de ella?

—¿Qué quieres saber?

—Lo que tu quieras decirme.

—Uh bueno, es tanto —sorbió su nariz y se acomodó la bufanda. —Ella, siempre fue un amor, un gran ejemplo, irradiaba vida, era probablemente la persona más positiva y buena que podría conocer. Un día comenzó a sentirse mal, se hizo unos análisis y resulta que tenía leucemia. Todos tratamos de analizar la situación, aunque yo con doce años... Era imposible.

Agarró una pequeña piedra y la miró con detenimiento.

—Sólo estuvo seis meses más con nosotros —prosiguió para después arrojarla. —Fue muy difícil, aún lo es. Y yo recuerdo todo perfectamente.

Se levantó y me tendió la mano para que yo hiciera lo mismo.

Tenía una batalla interna, trataba de no echarme a llorar.

—Yo...

—No tienes que decir nada, está bien.

Se acercó a las letras que estaban escritas en la cruz y le dio un beso que tardó unos segundos.

Cuando regresó conmigo dejé caer mis brazos a los costados y sonreí.

—¿Puedo darte un abrazo?

Frank negó.

—No quiero que me tengas lástima.

—Te juro que no es nada de eso, sólo quiero darte un abrazo, como amigos.

—No te preocupes, estaré bien. Ya ese dolor de tu cara.

Frank:

Volteé hacia mi derecha para evitar su mirada, estábamos solos, probablemente la persona más cerca estaba a varios metros de aquí. 

Me resigné.

Di un paso hacia adelante y el pelirrojo pasó sus brazos por mi cuerpo para apretarme a él. Tuve la inercia de cerrar los ojos y también apretarlo. Mierda, se sentía demasiado bien. Por un momento dejé de sentirme roto y cuando me soltó regresó un pequeño vacío. Ahora no tenía nada que decir, unos pajarillos comenzaron a cantar. Parecía que iba a llover pues el cielo se volvió más oscuro.

—Tenemos que irnos.

Caminamos de regreso al auto y encendí la radio para aligerar un poco el lugar.

Entonces ahora tenía un segundo amigo, Gerard.

¿Qué más se supone que se hace? Odio mis debilidades, me hicieron lo que soy y ahora no sabía cómo reaccionar ante tales situaciones. Paré en un semáforo y me refregué los ojos, ardían un poco y traté de recordar si había dejado unas gotas aquí dentro para que dejaran de estar rojos.

—Frank.

—Dime.

Gerard se quedó callado y no lo obligué a decirme nada, yo cuando no quería hablar simplemente dejaba las cosas.

—¿Quieres un trago? Yo invito.

Asentí y conduje a uno que me gustaba visitar de vez en cuando, tenía clase porque ponían Jazz de fondo y no habían prostitutas.

Quizás era muy temprano para beber pero no nos excederíamos. Entramos y el olor a tabaco se metió a mis fosas nasales, le mostré la barra a Gerard y le dije que me esperara ahí. Fui al baño e hice mis necesidades, al verme en el espejo caí en cuenta que me veía diferente, no tenía tanto esa expresión dura que acostumbraba, no arrugaba la frente ni fruncía el ceño.

Me gustó lo que vi, pero también me asustó. Gerard estaba platicando con el barman cuando regresé y me senté a un lado. Me sonrió y bebió de su cerveza.

—No sabía si te gustaba la misma.

—Está bien —dije y le hice una seña para que se acercara. —Quiero whisky.

Cuando nos dejó solos volví a entrelazar mis manos.

—Una vez me confundieron por una chica.

—¿Qué?

—Si, me dijeron que no podía ir en el vagón de los chicos así que a rastras me llevaron al de mujeres y una anciana me regañó por ser tan "extravagante".

Escupí un poco la bebida y solté unas carcajadas.

¿Qué mierda?

Es decir, Gerard a veces puede parecer una chica y su voz suave no le ayuda en mucho pero ¿tanto así?

—¿Y qué hiciste?

—Nada. Tenía el cabello de un color platinado y más largo que ahora, supongo que si era escandaloso.

—¿Y por qué decidiste pintarlo de rojo?

—Quería ver cómo me quedaba. Tal vez en una semana lo pinte de negro, para parecer normal.

—Así luces bien, no luces tan raro. Aunque no estaría demás hacerlo por la seriedad del trabajo. 

De nuevo esa sensación. Yo nunca daba cumplidos, no había sonreído tanto como el día de hoy y había pasado medio día con Gerard sin pelear. Sé que en algún momento va a pasar algo malo, el mundo me odia y tiene que haber algo para que marche como de costumbre.

Pedí un cigarrillo y al tenerlo en mis manos lo sentí muy pesado, cómo si de hielo se tratase y me quemó. Decidí guardarlo en la parte posterior de mi pantalón para después.


ColdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora