Veintinueve

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—Quiero hablar contigo Frank.

—De acuerdo, estoy saliendo de casa. Te veo en...

La cafetería que está cerca del trabajo.

Vicent colgó y yo me quedé extrañado. Sonaba mal, triste, abatido. Últimamente había estado algo distante, aceptaba que éste mes había pasado más tiempo con Gerard que con el que verdaderamente era mi amigo y ni siquiera me había dignado a preguntarle que le pasaba.

Le quería dar su espacio pero al pensarlo dos veces había sido una mierda. Un mal amigo. Me terminé de acomodar la chaqueta y salí. Dentro del auto recibí otra llamada, al ver el nombre de mi novio atendí, sólo había metido la llave.

—Hola.

Amor, ¿cómo estás?

Sonreí como un tonto.

—Bien, iré a ver a Vicent.

Oh cierto, ¿cómo está?

Lo noté mal, trataré de hablar con él.

Me miré en el retrovisor y me acomodé el cabello, comenzaba a crecer otra vez.

Gerard se había ido más temprano para realizar una sesión de fotos con una amiga de Lindsey, era diseñadora y fotógrafa. Al verlo le encantó y le pidió que posara unos trajes, no me parecía tan mala idea pues yo sería el primero en ver los resultados.

Te veo después.

Claro.

Te amo.

Le respondí lo mismo y me adentré a la autopista. El viaje lo había sentido algo extraño, como si atravesara una neblina pero sin salir realmente, me sentía pesado. Al llegar vi al rubio sentado en una de las mesas mientras jugaba con su café al parecer vacío, su mirada estaba decaída y su semblante débil.

—Hola.

Me senté en frente de él y sólo frunció la boca.

—¿Quieres tomar algo más? —proseguí.

—No he podido dormir bien estás últimas noches, ya me he tomado dos cafés antes que vinieras.

Asentí y alcé las cejas para que me dijera el motivo de su estado. Intranquilo.

—Bueno, ¿quieres hablarlo?

Suspiró y levantó la mirada.

—Me voy a divorciar.

Abrí los ojos impresionado, ¿hablaba en serio?

—¿Qué?

—Kelsey empezó a actuar extraño, discutíamos todo el tiempo y... Simplemente ya no congeniamos, no sé.

Estiré mi brazo y le di unas palmadas como aliento, demonios.

—Pero, ¿ya intentaron otra solución? Tiene que haber algo...

—Me engañó Frank, Kelsey en un maldito momento de soledad lo hizo. Se acostó con otro, ¿quién sabe cuántas veces más lo hizo? Me siento como la misma mierda. Usado, y lo peor es que no lo quería creer, yo aún la quiero, todavía es mi esposa pero no puedo seguir así sabiendo que tiene a otro.

Vicent dejó caer su cabeza entre sus manos, sus ojos se habían aguado un poco, se veía roto y muy afectado.

—Sabes que no soy bueno dando consejos pero si quieres te invito una cerveza, una cerveza no te resolverá los problemas pero al menos hará que no te importe por un rato.

Vicent negó y me sonrió por primera vez en el día, aún así lo había hecho con mucho dolor acumulado. No estaba nada bien.

—No me gusta beber mucho, lo sabes.

Asentí.

—No está bien que esto te afecte mucho tiempo.

—¿Acaso uno no puede rendirse de vez en cuando?

—Pero hoy es otro día, debes de recordar que no estás tan dañado como piensas. Y no estás solo.

—Yo n-no lo sé Frank, te juro que he estado luchando tanto pero no puedo. En serio me duele mucho.

—Supongo que hay errores necesarios. Yo siempre te voy a apoyar en todo, eso es más que claro, pero no quiero verte así. Saldrás de esto, te ayudaré.

Asintió e hizo su cabello hacia atrás. Sorbió su nariz y le di una servilleta, dejaría que se desahogara todo lo que pudiese.

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Llegué al lugar donde estaba el estudio de esta chica, no recordaba su nombre pero si sabía identificarla. Le pedí Vicent que me acompañara, más que nada para que se distrajera, el mantenerse ocupado es la mejor manera de mantener la depresión alejada.

Cuando entramos Lindsey tuvo que pedir que nos dejaran hacerlo pues era algo exclusivo. Vi a Gerard moviéndose, haciendo unas poses y tuve que sostenerme de algo para no caer a sus pies. Se veía muy hermoso.

—Se te cae la baba Frank.

Vicent soltó una carcajada por el comentario de la peli negra y ella una risita. Debía haber puesto una cara de idiota pero me era imposible no hacerlo, Gerard parecía que fuese sido esculpido por los dioses griegos.

—¡Unas más Gerard!

—¡Imagina que intentas seducir a alguien para llevártelo a la cama!

Fruncí el ceño por el otro fotógrafo y me crucé de brazos.

—¡O a Frank, sedúcelo bebé!

Gerard volteó a verme y con una sonrisa me guiñó el ojo, sentí que mi cara ardía, seguramente me había puesto rojo. Cuando terminó se alborotó el cabello y caminó hacia mi, le di un beso y agarró mis mejillas.

—¿Qué te parece, Frankie?

—Que deberías hacer esto más seguido.

Rió y yo morí de ternura, sus carcajadas eran un deleite para mis oídos.

Lindsey hablaba con Vicent y le presentó a su amiga, ellos se llevaron bien al instante y se me ocurrió que tal vez pueda ayudarle a olvidar un poco sus problemas. Se veía muy agradable.

Gerard me llevó atrás y se subió a una tarima.

—Mira Frankie, es como si estuviese surfeando.

Agarró una tabla que era de utilería y se montó en ella, hizo unos movimientos y saqué mi teléfono para hacerle mis propias fotos. De no sé dónde sacó una boa y me la pasó por los hombros, movió el pecho y después la cintura. Me estaba bailando.

—Rayos Gee, deja de ser tan sexy.

Él sonrió y dejó un beso corto en mis labios.

—Nunca.

—Entonces promete que sólo lo serás para mi.

Gerard dejó la boa alrededor de su cuello y me acercó más a él.

—Siempre he sido tuyo mi amor.

ColdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora