Veinticuatro

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Miren la preciosura de portada que me hizo MissVessel <3

Es un amoooorrrr.

**********

No quería estar de "metido" en el departamento de Gerard. Sin contarme eran cuatro personas las que estaban atendiéndolo, Vicent, que había llegado de visita, también se sentía algo incómodo. Nos quedamos fuera, en el pasillo. Sólo recargados en las paredes sin saber que hacer realmente.

-¿En serio? ¿con una enfermera?

-¡Que no sabía quién era!

Me acerqué a él con intenciones de golpearlo pero sólo comenzó a reír.

Hijo de puta.

-Dios mío chicos, ¿Qué hacen aquí?

Donna se asomó por la puerta. Vicent me soltó las manos y la miré, me rasqué la nuca.

-Es que todos están ahí y...

-Hay mucho espacio, entren.

Asentí y mi amigo pasó primero. Al querer entrar sentí una mano en mi pecho y me hizo retroceder hasta quedar del otro lado del pasillo.

-¿Qué te pasa?

-¿Qué me pasa? Que te pasa a ti Frank, ¿Qué fue eso del hospital?

Rodé los ojos con cansancio.

-No fue nada, no era nadie importante.

-Lo escuché todo, te acostaste con ella ¿Qué crees que va a pensar Gerard al respecto?

-¿A ti qué mierda te importa? No te metas en esto Mikey, no sabes nada.

-Sé que mi hermano está débil y enamorado de ti, ¿Cómo crees que se va a sentir cuando lo sepa?

Me acerqué a él, me estaba colmando la paciencia.

-Ni se te ocurra decírselo, esto es asunto mío y nada más.

-Claro que es tuyo, tu le dirás.

Mikey dio la vuelta y se metió, yo no podía, estaba muy molesto. Pero muy dentro sabía que tenía razón. Y era su hermano, si no le decía él lo haría y sería peor. 

¿Por qué mierda se encargaba de perjudicar las cosas? Y meterse en lo que no le importa.

Todo estaba empezando a salir bien.

Me hice el cabello hacia atrás y suspiré frustrado.

Caminé y entré por fin, Gerard estaba en su habitación, Vicent estaba en el sofá leyendo una revista y Raymond platicaba con Donald.

-Donna y Mikey están con él, deberías entrar.

Asentí ante las palabras de Vicent y caminé hacia allá. Tenía que calmarme más ahora. Y por si fuera poco sentí la mirada de el del afro juzgándome y apreté los puños. Toqué antes de todo me quedé en el marco de la puerta mirándolos. Estaban riendo mientras Donna les contaba algo.

Gerard sólo mostraba esos dientecitos que tanto me daban gracia, me crucé de brazos.

-Frankie.

Me acerqué a Gerard y Donna se levantó de la silla que había puesto a un lado de la cama. Mikey sólo estaba parado a un lado de ellos. 

-Nos vemos al rato chicos, veré si puedo preparar un poco de cena. Me vas a ayudar -le dijo a su otro hijo.

-Estoy bien, gracias.

-Yo también mamá.

Ella asintió, dejando salir a Mikey primero y cerró la puerta con sumo cuidado.

-¿Cómo te sientes Gee?

-Mucho mejor, ya quiero correr y...

Comencé a reír.

-Tranquilo, con trabajo puedes caminar.

Hizo un puchero. Su carita ya comenzaba a volver a la normalidad, sus ojos ya empiezan a tomar brillo y yo no podía quitar mi mirada de sus rosados labios. Mierda, ¿Qué es lo que siento?

-Tengo que...quiero contarte algo.

-Te escucho.

Se sentó bien y suspiré para poder hablar sin atorarme. Me avergonzaba, tal vez me diría que me vaya de su departamento y tal vez no me quiera volver a ver. Me sentía una basura. Como si lo hubiese engañado. 

-¿Prometes que no me correrás de aquí?

-No podría hacerlo -dijo después de una risa.

Ladeé la cabeza y evite hacer una mueca.

-Hace mucho, antes de que llegaras y entrarás a trabajar aquí tuve sexo con una chica.

Gerard alzó las cejas, debía continuar pero ya no quería.

-¿Y...?

-Hoy me la encontré, después de tanto tiempo, de hecho es una enfermera.

-Oh...

-No sé ni su nombre, no me interesa, Gee. Pero me siento mal por hacerlo, porque no sé... Tu...

-¿Yo?

-Pues estabas ahí. Raymond y Mikey creen que es algo mío o algo así, me molesta porque ahora... Bueno, tu...

-¿Yo que, Frank?

No me había dado cuenta de lo cerca que estábamos, era sólo milímetros los que nos separaban, nuestras narices casi chocaban y yo me estaba volviendo loco. Le agarré la nuca y lo pegué a mi. Hice que nuestros labios chocaran, que por fin formuláramos un beso. Un beso ansioso y dulce, un beso en donde demostraba lo mucho que lo necesitaba.

Porque lo había extrañado todo este tiempo.

Le pedí permiso mordiendo un poco su labio inferior y es donde mi lengua aprovechó para entrar de lleno. Se sentía como la puta gloria. Sentí que Gerard me atrajo más a él porque pasó sus manos por mi cuello y empezó a enredar sus dedos en mi cabello. Yo no sabía si subirme encima o hacer que se sentara en mi porque no quería que se despegara. Los pocos momentos en los que se alejaba a tomar aire no eran muchos pues yo volvía a acercarlo. Y es que era tanta mi necesidad de hacerle saber que yo lo quería, que me gustaba esto, que se sentía tan bien esta sensación.

Que Gerard Way me gustaba, me gustaba y no sólo como un amigo o compañero de trabajo. Me hacía perder la poca cordura que tenía. Mi rodilla comenzó a hormiguear pues sólo con esa mantenía mi peso en la cama.

Nos separé pero dejé nuestras frentes juntas.

-Te quiero Gerard, me gusta tu forma de ser, me gustas todo tu. No puedo encontrar la manera de explicar a detalle esto que siento porque no sé que decir o qué hacer para demostrarlo. Pero confía en mi, esto sólo lo quiero contigo, quiero hacerte feliz cómo tu logras hacerlo con mi patética persona. Me gustas mucho. 

A Gerard se le llenaron los ojos de lágrimas, le limpié una que había resbalado por su mejilla y asintió. Eran lágrimas de felicidad porque él era muy emotivo. 

-Tu nunca has dejado de gustarme, creo que hice bien en no rendirme -dijo y se relamió el labio inferior. -No puedo reclamarte por nada de tu pasado, porque no te define ahora, y agradezco mucho que me aclares esta situación. Pero no podría enojarme, ¿sabes? No pasa nada. 

Volví a juntar nuestros labios pero en menor tiempo. Todavía tenía que decirle algo.

-Esto aún me resulta un poco difícil, no te mentiré, aún tengo el pequeño miedo de que te irás pero al verte sé que no es así. Quiero que vayamos lento, que disfrutemos de esto porque para mi es cómo la primera vez, ¿estas de acuerdo con eso? Quiero estar contigo.

Gerard volvió a asentir y me abrazó, yo le apreté más a mi y después de un quejido recordé su estado.

Sonreí con pena.

-Claro que si, Frank.

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