Salimos de la que ya era nuestra casa, cogidos de la mano y con una sonrisa de lo más sentida.
-¿Has visto la planta de arriba? -Pregunté emocionada- ¡Es enorme!
Caminé unos pasos más adelante, separándome de Mats y me situé frente a él.
-¿Has pensado en lo que podemos hacer ahí? Un gimnasio, ¡o dos si queremos!
Mats mordió su labio inferior y me abrazó, abordandome mientras yo reía.
-¡Y el jardín! -Grité entre sus brazos- ¿Has visto el jardín?
El moreno asintió, mirándome a los ojos y me pude ver reflejada en ellos. No podía borrar la sonrisa de mi rostro, era imposible en ese momento.
-En ese jardín vas a aprender a jugar al fútbol, ¿no te hace ilusión? -Preguntó entre risas-
Fingí un gesto de desagrado y respondí a su pregunta.
-Estaba pensado en el jardín para pasarme el día tomando el sol, no para jugar al fútbol.
Mats soltó una carcajada y yo con él.
-Podemos hacer las dos cosas.
Asentí y besé su mejilla.
-Estoy deseando comenzar a vivir juntos. -Dije emocionada-
-Yo también. -Respondió sonriente-
Lo besé de nuevo y Mats y yo entramos en el coche. Sin decir nada, el moreno comenzó a conducir y yo agarré mi móvil para subir a las redes un gracioso vídeo a Instagram en el que Mats y yo nos dábamos un beso mientras yo agitaba en mi mano las llaves de nuestra casa.
"Por una vida a tu lado" adjunté como texto.
En poco tiempo, cientos de mensajes llenaron la publicación de aquel "boomerang". Muchos de ellos felicitándonos a Mats y a mi, otros cuantos confirmando, a estas alturas, que Mats y yo estábamos saliendo y por último, algunos otros saludando al defensa y deseándole suerte para el partido del martes.
Recibí los me gusta de Anna y Robert, acompañados de un mensaje de la polaca, algunos otros de compañeros de Mats y otros tantos de mis compañeras de trabajo.
Aquel, sin duda, había comenzado siendo uno de los mejores días de mi vida, de mi nueva vida junto a Mats Hummels.
Aproveché que Anna estaba disponible para enviarla un mensaje, así que entré en la aplicación WhatsApp. Al entrar, recordé el mensaje que le había enviado a Joshua hacía aproximadamente una hora. El mensaje había sido enviado, recibido e ignorado con éxito.
Sin darle muchas más vueltas por el momento, escribí un mensaje para Anna. Le preguntaba a la polaca si iría al partido de mañana, la hora en que había que estar allí y si tenía alguna camiseta del equipo para prestarme... que no llevara el nombre de Kimmich, pues del chico tenía tres, guardadas en el armario y utilizadas un par de veces cada una.
De nuevo, volví a leer el mensaje enviado a Joshua, quien en ese momento se encontraba en línea, y supuse que, a esa hora, entrenando en el gimnasio.
Estaba enfadado, claramente, pero ¿tanto como para ni siquiera responderme? Le había pedido perdón a la mañana siguiente, poco de media hora después de despertarme y recordar lo sucedido la noche anterior, ¿no era aquello suficiente? No lo dudé e ignoré su estado y lo mucho que había pasado de mí. Ya tendría tiempo para hablar con él cara a cara.
Cuando me quise dar cuenta, Mats se encontraba aparcando el coche en el parking del Allianz Arena. Bloqueé mi móvil y lo miré.
-¿Qué hacemos aquí?
El moreno me miró y sonrió.
-Sorpresa. -Respondió breve-
Desabroché mi cinturón y salí de allí. Nerviosa, busqué con la mirada el BMW azul de Joshua, pero en su defecto, encontré el Audi negro que utilizaba cuando iba a entrar al campo y no a la ciudad deportiva, pues según él, estaba más cerca de casa y lo prefería, pues en él entrenaba solo y sin que nadie lo molestara.
"Mierda" pensé.
Mats anduvo hacia la entrada del estadio y yo lo hice tras él. Sin decir nada, lo seguí, pendiente de cada puerta que se abría, esquina que girábamos o persona que nos encontrábamos.
En poco tiempo, el moreno me llevó a la tienda oficial que el club tenía incorporado en el Allianz. Al entrar allí, sonreí, pues ya sabía lo que Mats pretendía con aquella visita sorpresa al estadio.
El moreno se dirigió a la zona de camisetas, concretamente a una pequeña sala que contenía camisetas únicamente con su apellido y el número cinco. Me conocía aquello, pues anteriormente la había visitado un par de veces para comprar camisetas con el apellido de Joshua y un par de bufandas y regalos para mis familiares y amigos.
-¿Cuál te gusta? -Preguntó cruzado de brazos-
Agarré la camiseta roja con líneas horizontales de un color más oscuro y se la tendí al moreno.
-Lo sabía. -Dijo entre risas-
Una chica encargada de atender a los aficionados que visitaban la tienda guardó mi camiseta en una bolsa junto con un par de bufandas rojas y réplicas en miniatura de unas cuantas Copas. Además, el moreno también se llevó una camiseta idéntica a la mía que guardó en una bolsa aparte.
-Ya tenéis camiseta. -Exclamó al salir de allí- Mi hermano lleva unos meses pidiéndome la suya, así que ya he aprovechado. -Añadió entre risas-
-Es muy bonita. -Dije con la mía entre mis manos-
Mats asintió y ambos observamos aquel número que el moreno había elegido y lo bien que quedaba su apellido escrito en esa camiseta roja.
-Me encanta. -Susurré-
Mats sonrio y besó mi mejilla.
-Espera, antes de irnos...
El moreno agarró mi mano y dio media vuelta y dimos unos pasos en dirección contraria. Si no me equivocaba, hacia donde Mats y yo nos dirigíamos se encontraba el campo, la puerta hacia la que llevaba el largo pasillo el vestuario y una de aquellas cuatro puertas que rodeaban aquello, el gimnasio y las salas de entrenamiento.
-Voy a entrar a coger mis botas. Espérame un minuto. -Pidió tendiéndome las bolsas-
Asentí y me aparté un poco de allí. Desde aquel pasillo podía oler el césped del campo y escuchar cómo era regado por los riegos incoporados en él. No podía esperar más a ver a Mats jugar en aquel estadio por primera vez. Impaciente, subí aquellas escaleras con cuidado y sin hacer mucho ruido y me asomé al campo.
A mis espaldas y una vez pisé el último escalón, escuché una puerta cerrarse al fondo del pasillo. Rápidamente, di media vuelta y bajé las escaleras de nuevo.
-¿Qué haces aquí? -Preguntó tras unos segundos de silencio, en los que nos dedicamos a mirarnos el uno al otro-
