¿Amely estas listas?- me pregunta mamá desde el otro lado de la puerta.
- Sí, ya bajo.- término de calzar los zapatos y me levanto para mirarme en el espejo.
Estoy guapa, tengo un vestido rosa pegado al cuerpo, mis tacones de infarto plateados, bien maquillada y peinada. Una vieja amiga de mamá que vive en la ciudad organizo una gran fiesta y cuando se enteró que nos mudamos nos invitó. Sera una fiesta de gala, así que vamos muy formales.
Aún no recupere mi sueño perdido por pasarme desempacando toda la tarde, así que ya supondrán que la más emocionada de ir no seré yo, Preferiría quedarme y descansar.
Intente convencer a mamá, pero fue un esfuerzo de palabras y argumentos en vano.Al bajar encuentro a mis padres en la puerta, mamá le anuda la corbata de papá, y él le acomoda los pendientes de ella.
- ¿Ya estás lista? - pregunta papá sin mirarme.
- Por favor, son ustedes los lentos.- me burlo.
- los años dejan lenta a tu pobre madre - dice papá con fingido pesar. Mamá le anuda más fuerte la corbata y lo mira mal.
- Era broma - le dice papá medio asfixiado.
- Más te vale.- mamá lo apunta con un dedo y luego se gira hacia mí, yo me reprimo mis carcajadas. - Mira y aprende hija.- advierte caminando hacia la puerta.
- Ya tome nota - mamá se ríe y papá refunfuña algo mientras se acomoda el nudo.
- Vamos Amely.- me dice mamá mientras camina hacia él auto.
- Traidora - me susurra papá, pero él también quiere reír.
El viaje hasta el lugar no lleva mucho tiempo, pero está en una zona residencial más exclusiva que la nuestra, desde lo lejos podemos ver lujosos autos estacionados.
Cuando bajamos del auto nos dirigimos a la entrada, un mayor domo nos recibe y guarda nuestros abrigos. En eso llega una señora muy bien vestida y con exceso se maquillaje, acompañada de un hombre. Ella debe ser Sophia...
La mujer se abalanza hacia mamá y la dos empiezan a chillar como dos adolescentes (por favor, díganme que yo no me veía así cuando saludaba a mis amiga) El hombre que la seguía se acerca a saludar, pero él si guarda la compostura.
- Mucho gusto ¿señorita?- me toma la mano.
- Soy Amely.- el asiente.
- Un placer.- sonríe.
Cuando mamá y la señora se separan, esta me mira a mí como si fuera su segunda presa.
Se acerca y me saluda tan efusiva como a mamá.- ¡Amely estas tan hermosa, tan grande y preciosa!- dice mientras me repasa con la mirada. (Bueno... ya no me cae tan mal) - ¡Hace muchísimo tiempo que no te veo, estas tan... Ay dios, ¡hermosa! - ladeo el rostro confundida por tal efusividad conmigo.
- ¿Me recuerdas? - pregunta de pronto. Señora, sin ofender pero yo no recuerdo ni donde está el par de mi calcetín y lo use esta mañana.
- Am... Lo siento, pero no - ella ríe un poco.
- Es obvio, estabas tan pequeñita la última vez que te vi.- ¿para qué pregunta entonces?
Por fin se aparta de mí y saluda a Papá menos efusiva (suertudo).
- Bueno, les presento a mi esposo, Franklin Harrison.- dice
- Ya se presentó - le comenta papá.
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