Capítulo 13

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Llegamos a Kappa mu en mi coche. He decidido que esta noche no voy a beber, así que me he ofrecido a llevar a mis vecinas a la fiesta. Beth parece muy emocionada. No se ha arreglado demasiado, al menos no como la última vez, porque es una fiesta menos formal. El año pasado, sin ir mas lejos, fui en una camiseta de fútbol.

Yo también estoy emocionado la verdad. Susan va a venir con Becca, su mejor amiga. Y Sam va a venir porque viene Becca, aunque parece intentarme convencer de que hoy es el día en que va a culminar con Beth. No le creo, sinceramente.

Amanda dice que han quedado con su grupo en el interior, que prácticamente ya ha llegado todo el mundo, así que mejor no entretenernos demasiado. Sam aún tienen que llegar, y Susan me ha dicho que me avisará cuando lo haga.

En el exterior de la casa ya hay ambiente de fiesta pero en el interior... Es una locura. Muchísima gente se aglomera en la entrada y el salón principal. La música suena a través de los altavoces. Un montón de humo me nubla la vista. El olor a sudor se cuela por mis fosas nasales. Definitivamente así recordaba la fraternidad.

-¿Nick?

Me giro buscando a la persona que me acaba de llamar para encontrarme a uno de mis antiguos compañeros de la fraternidad.

- ¡Tío! ¡No me esperaba para nada verte aquí! -saluda pasando su brazo por mi hombro-. ¿Qué tal te va todo? ¡Ven, estamos jugando al beer pong en la cocina! ¡A todos les encantará verte!

Por su parte, Beth y Amanda me miran expectantes. Ya les he contado que está es mi antigua fraternidad, y parece ser que no se creen que pudiera tener tantos amigos que me quisieran en una fraternidad. Dicen que por muy guay que pudiese ser antes, ahora soy algo más parecido a un viejo gruñon de los que se dedican a espantar a los niños que pisan su césped. Va siendo hora que les demuestre que no soy así.

-¿Queréis venir chicas? -les pregunto aprovechando la ocasión.

Amanda dice que tiene que encontrar a Max, pero Beth acepta rápidamente. Supongo que le irá bien para hacer contactos para su fiesta.

Es por eso que a Beth quería venir hoy. El otro día sus amigos ya dijeron algo sobre esto, pero ella me lo explicó bien después. Entre las cosas que parece dominar Beth, hay una que no me esperaba para nada: organizar fiestas. Resulta que mi vecina ha montado ya un par de fiestecillas para sus compañeros de universidad: grandes cumpleaños, fiestas de verano, y un increible fin de año el curso pasado que acabó con la policía parando el sarao. También estuvo en todos los comités del instituto encargados de organizar los bailes. Y resulta que esta fama ha llegado a los oídos de las chicas de una nueva hermandad que quieren montar algo para ponerse en el mapa, de modo que le pidieron ayuda con ello. Así que quiere nutrirse de todas las fiestas posibles para montar la suya.

Una hora después, me encuentro sentado en una silla de la cocina viendo como Beth salta contenta y abraza a uno de mis antiguos compañeros de universidad. Lleva jugando al beer pong con ellos todo el rato. En algún punto de la noche parece que les ha caído mejor Beth que yo, ya han decidido mejor seguir jugando con ella. No es buena ni nada, simplemente es... demasiado simpática. Y yo pretendía demostrarle que era un tío guay. Mierda.

-Beth te lo ha hecho a ti también ¿eh? -Olly, el compañero de clase de Beth que conocí el otro día aparece en la cocina y coge una silla para sentarse a mi lado.

Le miro confundido.

-No se a que te refieres -digo tomando un trago de la cerveza que tengo en la mano.

Sé que dije que no bebería, pero una no me va a hacer daño. Y mucho menos emborracharme.

- Meterse en todos los aspectos de tu vida -explica él-. Amanda me ha dicho que os habíais ido con unos amigos tuyos, y supuse que acabarías así.

No es tan perraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora