Como había quedado con el doctor Ramooray, esta última semana he estado buscando maneras de canalizar mi ira. Lo intenté con la pintura, como él. La respuesta fué un tremendo no. No me gustaba, nada.
Y hoy lo voy a intentar con el deporte. Dejé de ir al gimnasio estando con Susan, pero estoy aún matriculado a uno. Y para variar me acompaña Beth, que ha aparecido en la puerta de mi casa esta mañana y se ha unido a mi. Usando una de mis invitaciones como socio, que hasta ahora solo había usado Susan.
Así que nos hemos plantado en el gimnasio los dos, ataviados en nuestros mejores chándales, preparados para descargar toda nuestra ira acomulada.
Bueno, lo que sea que entre en la definición de mejores. Yo he cogido mi antiguo pantalón de boxeo y una camiseta de tirantes cualquiera. Y Beth... Beth va en unos pantalones de baloncesto viejos y una camiseta gigante que oculta todas sus curvas y le queda como un saco. Nunca la he visto tan poco sexy como hoy.
-Bien ¿A quien vamos a pegar hoy? -pregunta mirando el ring que hay en medio de la estancia.
Bufo.
-De mento a nadie, dado que en tu vida has hecho boxeo -le tomo de los brazos y la llevo hacia un lado.
Específicamente, donde hay un par de guantes que podrían irle bien a Beth y unos planos para mi, que me ayudarán a enseñarle un poco como boxear.
-Bien, alinea las caderas, y cubrete la cara con las manos -indico levantando yo las mías-. Y golpea con fuerza a mi derecha.
Una hora más tarde, una muy sudada Beth ríe mientras me golpea cansada en la cabeza. Es tan extremadamente imbécil. Hace rato que ha empezado a poner caras a mis guantes. Al principio, puso a la secretaria de su academia de español. Luego a un profesor de la universidad de que le suspendió muy injustamente (según ella) una asignatura. También una chica muy imbécil de su clase. Y al final puso a Eddie, con el que sigue enfadada, pero se acabó sintiendo mal y me pidió que ahora yo pudiera caras, que ella les daba una paliza por mi. Debo admitirlo, es muy divertida.
-Vale, déjame sacarme este saco de patatas -dice quitándose los guantes-. Me voy a ahogar si no lo hago.
No digo nada, hasta que veo que lo que lleva debajo de la camiseta es... Nada. Bueno, unos sujetadores deportivos, pero escencialmente nada. Y Beth tiene dos grandes motivos para no ir solo con sujetadores deportivos. Susan siempre decía que sus tetas eran de silicona, pero después de hablarlo con Sam llegamos a la conclusión que era naturales. Que no es que haya hablado largo y tendido de los atributos de Beth, pero Sam sacó el tema e hicimos nuestra investigación. Que acabó con Sam preguntándole a Amanda si eran naturales. Lo son.
Bien, también debemos contemplar el echo de que estamos en una área del gimnasio llena de hombres. Y Beth es ahora el centro de atención absoluto.
-¿Seguimos? -pregunta.
Soy humano ¿Vale? Y los ojos se me desvían casi involuntàriamente hacia esa parte de la anatomía de Beth tan destacable. Y verle dándole saltos va a ser mucho peor. No quiero que en algún momento una mirada indiscreta le haga pensar lo que no es.
-¿Y si empezas ya con el saco? -sugiero, por mi propio bien-. Yo iré a ver si puedo entrar en el ring.
Le señalo uno de los sacos más ligeros y le digo que vaya hacia allí mientras voy a preguntar si puedo saltar al ring. El hombre encargado de entrenar a los que están luchando asiente, y me dice que puedo luchar con el que gane. Asiento, y no tengo que esperar demasiado para que llegue mi turno, pues uno de los boxeadores es claramente mucho mejor que el otro. Pero no lo suficiente para mi.
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No es tan perra
Fantasy¿Nunca te has preguntado que es de la mala de la historia?¿De la perra que intenta alejar al protagonista de su amada?¿Y si... no fuera la mala? Nick está jodido. Muy jodido. Después de una increíble bronca con su Susan, su novia, esta ha salido de...
