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Capítulo 5

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No se cuanto tiempo ha pasado cuando Beth sale de su academia de español ya con todos los papeles en orden. Lo primero que veo de ella son sus botas, unas militares, antiguas y roídas. Me pega una leve patada en el pie antes de agacharse y quedar a mi altura.

-¿Que le ha pasado a mi pequeño pajarito? -pregunta apartándome el pelo de la cara-. ¿Tan triste te ha dejado separarte de mi durante tanto tiempo?

Aparto su mano con desgana.

-Déjame en paz Beth -digo levantándome y abriendo la puerta del coche-. ¿Ya podemos irnos a casa?

Ella me mira confundida ante mi actitud, pero ahora mismo tan solo quiero mandarlo todo a la mierda y alejarme del resto del mundo. Y precisamente lo último que quiero es aguantar las chorradas de la loca de mi vecina que insiste en no despegarse de mi. Aún más si me llama pajarito y se atreve a tocarme de esa forma.

-¿Cómo? -se queja mirándome con ojos de cachorrito-.Si aún teníamos que pasar la mejor tarde de tu vida...

Sé lo que está haciendo, pero si la expresión triste de Susan no me ha ablandado, este intento de manipulación por parte de Beth no va a funcionar de ningún modo.

-Beth en serio, no quiero aguantar más mierdas hoy -pido antes de subir a mi coche, o hacer un amago de ello, pues cierra la puerta casi pillándome los dedos en el intento.

-De eso nada -impone-. Estás muy triste como para volver a casa -se apoya en la puerta para que no pueda volver a abrirla-. Volverás a ponerte en plan auto-destructivo y no quiero aguantarte otra vez así, la última vez me dejaste el baño hecho una mierda. Vamos ni que sea a dar una vuelta.

Suspiro. Nadie le ha pedido que venga a socorrerme -cuando estoy así. Y si vino fue porqué le estaba molestando, según sus palabras.

-Beth... -empiezo a decir algo cansado.

No puedo acabar la frase, porque mi vecina me toma del brazo y tira de mí hacía vete tu saber donde. No quiero ceder de ninguna manera, pero discutir con ella no tiene sentido. A esas alturas se de sobras que si yo soy tozudo, ella lo es más. Así decido que mejor dejarle hacer, seguro que se cansará enseguida de mi actitud de mierda y me dejará volver a casa.

-El verano pasado, casi no consigo presentar mi solicitud para ir a México a tiempo por su culpa ¿Te parece normal que me dijera que solo tenía que rellenar los papeles que te dan en la embajada? ¿Sabes cuantos papeles te pueden dar en la embajada? -dice Beth refiriéndose a Francine, la mujer que está en secretaria de su academia de español por las tardes, y de la que lleva todo el rato quejándose.

Suspiro recordando el infierno que fue ir con Susan a Inglaterra a conocer a mis abuelos paternos. Yo ya lo tenía todo en orden de la última vez que fui, pero para Susan era la primer vez que salía del país.

La loca de mi vecina da un muerdo al cruasán de chocolate que ha parado a comprar en una panadería cerca del parque Delawer, el sitio donde me ha llevado y teóricamente voy a pasar la mejor tarde de mi vida. También me ha comprado uno para mí, y un par de tés para acompañar la merienda. Ha dicho que esos bollos son los mejores de todo el estado, y aunque he podido comprobar que están realmente buenos, no creo que sean los mejores. Nuestro destino no estaba lejos de la academia, así que hemos ido andando.

-¿Te fuiste a México el verano pasado? -pregunto, intentando no pensar en las vacaciones con mi ex.

Ella asiente y me señala un pequeño embarcadero que hay a las orillas del lago Hoyt, indicándome que vayamos hacia allí.

-La academia ofrecía un programa para trabajar en Cancún durante un mes -explica antes de dar un sorbo a su té-. El mejor verano de mi vida, aprendí un montón y a parte me sirvió para ayudar a mis padres a pagarme la vida en Buffalo.

No es tan perraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora