La cena transcurre sin muchos problemas. Acabo de presentar a Beth a toda mi familia antes de sentarnos a comer y nos tomamos el primer plato entre banales conversaciones sobre nuestro día a día. Edith, mi hermana pequeña, explica vergonzosa que en la escuela están aprendiendo los números hasta el cien, y que se aburre porqué ella ya los sabe. No es cierto, pero es así de chula.
Va mirando de reojo a Beth durante el relato. Supongo que es a ella a quién quiere impresionar.
Cuando acaba, me pregunta si esta semana he leído muchos cuentos. Beth no puede reprimir una risita ante la pregunta de mi hermanita. Esto es culpa de mi padre. Cuando Edith le preguntó por primera vez que hacía yo en la universidad, mi padre contestó que leía cuentos. Nunca ha pensado que mi carrera era lo bastante digna, y desde entonces mi hermana pequeña siempre me pregunta cuántos cuentos he leído en clase.
-¿Y tú Beth, estudias con Nick? -pregunta Fran, mi hermana mayor, antes de que yo pueda contestar a Edith.
Beth niega con la cabeza rápidamente.
-¡Oh, no, por Dios! -se apresura a contestar-. Yo estudio una carrera de verdad.
Veo como mi madre y mi hermana fruncen en ceño. Mierda, Beth, no dices eso delante de mis padres.
-¿Y cuál es esta carrera de verdad? -interviene mi padre.
Parece ¿Complacido? No es ningún secreto que mi padre no vea con buenos ojos que estudie literatura y lenguas, pero vaya, esperaba que no le complaciera un ataque tan gratuito hacia mí. Aunque, ahora que lo pienso, no es tan raro.
-Ingenieria aeroespacial -responde orgullosa-. Estoy en tercero.
Mi padre parece impresionado. En veintiún años de vida nunca me ha mirado así.
-Impresionante -dice maravillado-. Dime, ¿Ya has realizado tus prácticas en empresa?
Beth, que está a medio tragar la cucharada de sopa que se acaba de meter en la boca, niega con la cabeza.
-Prefiero dejarlo para mi último curso -responde cuando por fin puede hablar-. Por ahora tengo mucho trabajo en la universidad, y si las hago al final posiblemente estaré mejor preparada y hay más posibilidades que me contraten más tarde.
Papá me mira acusador. Yo hice justo lo contrario. Me quise quitar las practicas de encima el primer semestre de universidad. Mi padre, aunque nunca haya aceptado del todo la carrera que había elegido, me consiguió un puesto de becario en una editorial importante de la zona. En cuanto acabé las horas estipuladas, me largué como alma que lleva al diablo. Y eso no le hizo ninguna gracia.
-En el bufete tengo un cliente que trabaja en una importante empresa aeronáutica -explica él, evitando volver a nuestra discusión de siempre-. No construyen cohetes, pero cerca de Buffalo es la mejor opción. Cuando decidas empezar tus practicas, avísame y te pasaré su contacto.
Beth sonríe amablemente. De entre todas las personas, entre todos los habitantes de la ciudad, nunca me abría imaginado que a mi padre le fuera a gustar Beth. Y que a Beth le gustara mi padre. Pero ambos son un par de pretenciosos egolatras. Quizás eso sea suficiente.
-¿Y que era eso que querías contarnos, Nick? -interrumpe mamá.
Parece nerviosa. No muy conforme con la obvia complicidad que está surgiendo entre papá y mi vecina. Yo tampoco lo estoy, si tengo que ser sincero, pero me siento aliviado de que mi padre, por primera vez, apruebe una amistad mía.
Respiro hondo. No voy a decir que esperaba con ansias este momento, porque mentiría. Decirles a mis padres que quiero gastarme una millonada en terapia no es para nada fácil. Y puedo asegurar que no se sentirán nada complacidos con ello.
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No es tan perra
Fantasy¿Nunca te has preguntado que es de la mala de la historia?¿De la perra que intenta alejar al protagonista de su amada?¿Y si... no fuera la mala? Nick está jodido. Muy jodido. Después de una increíble bronca con su Susan, su novia, esta ha salido de...
