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Capítulo 18

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Espero ansioso a que Beth me abra la puerta. Ayer le pedí que me acompañara a la cena de hoy con mis padres, y realmente no sé cómo puede acabar algo así. Pensé que sería una buena idea para abordar el tema del psicólogo, ya que fué ella la que me impulsó a empezar la terapia, pero realmente siendo Beth no sé si me va a ayudar o no.

Mi padre le va a odiar. Mi vecina es demasiado ella misma, no creo que se caigan bien en absoluto. Ya odia a Susan, que es la persona más dulce y educada del mundo, así que alguien cómo Beth será una ecatombe.

Mi madre, por su parte, supongo que será amable. Es una mujer dulce. Si Beth se comporta puede que se caigan bien y ayude a que estén dispuestos a pagar al psicólogo.

Y mis hermanas... No sé si van a estar, però no creo que ninguna de ellas sean un problema.

-¡Joder Beth espabila, que ya vamos tarde! -grito cansado de esperar.

-¡Ya voy! -oigo que alguien dice desde el otro lado de la puerta-. ¡Un segundo!

La chica que me abre la puerta va bastante más guapa que de normal. Parece que se ha arreglado. Se ha peinado, maquillado (de forma sutil, lo qual agradezco) y ha elegido un conjunto lo sufientemente formal como para agradar a mi padre. Y le queda francamente bien. Quizás no vaya tan mal la cena, ahora solo es necesario que no abra demasiado la boca.

-Vamos, mis padres me matarán si llegamos muy tarde.

No pienso decirle lo bien que le queda este estilo porque si ya es egocéntrica de por si, con un alago resultará insoportable. Pero me alegro que por una vez no se haya decantado por sus habituales escotes o sus mallas apretadas.

En el coche le cuento un poco como es mi familia. Mi padre es un hombre arisco, exigente y elitista. Es abogado, tiene un importante bufete aquí en Buffallo. Antiguo alcohólico. Lleva cosa de diez años sobrio. Pero no ha cambiado nada en lo imbécil que es.

Por eso mi madre le dejo hace años. Porque era un gilipollas y le estaba empezando a dar demasiado a la bebida. Luego se recuperó y volvieron juntos. Siempre he estado en contra de esa reconciliación. De aquí han venido muchos de los problemas que he tenido.

Mi madre en cambio es una mujer muy dulce y amorosa. Me ha aguantado mucho. A mí y a mi hermana mayor. Su único objetivo siempre ha sido que seamos felices. En parte se parece mucho a Susan. Por eso se llevaban tan bien. Susan es la mujer que mi madre sabe que puede hacerme feliz, y que sepa aguantar tanto mi humor es el indicador de que es la adecuada.

Luego están mis hermanas. La mayor, Sarah, es abogada, como mi padre. Viene a ser mi segunda madre. Siempre ha cuidado de mí, y me ha encubierto en muchas fechorías para evitar preocupar a mamá. Está prometida con su novio de la universidad, Mike, y hace tiempo que se fué a vivir con él. Es una chica muy lista, el orgullo de mi padre, y aunque también a tenido su época alocada, ahora está muy centrada.

La pequeña, por su parte, no tiene mucha historia. Poco después de volver, para sorpresa de todos, mi madre se quedó embarazada. Fué un embarazo de riesgo, pues ya era bastante mayor, pero Grace nació sin muchos problemas. Tiene cinco años y es la niña más mimada sobre la tierra, aunque todos tenemos parte de culpa en ello. Y adora a Susan, como no. Pero es que mi novia siempre ha tenido muy buena mano con los niños.

Llegamos enseguida. Mis padres viven a las afueras de Buffalo, en un barrio parecido al que vive Becca. Aparco delante de su casa, aunque tengo sitio en el párking. Temo que Beth diga algunos comentarios de los suyos y tengamos que salir por patas. No sería muy raro.

Beth silba al ver mi casa.

-Menudo casoplón -dice mirando alucinada mi casa.

Frunzo el ceño. Mi casa es grande, sí, pero tampoco es enorme. Digo, vivimos en un barrio de poder adquisitivo mayor a la media, aunque definitivamente no somos ricos.

-Tampoco es para tanto -niego con la cabeza-. En este barrio todas son así. ¿Cómo es tu casa para que alucines con la mía?

Empezamos a andar hacia la puerta.

-Soy de San Diego imbécil -dice con su habitual tono de sabelotodo-. Allí no vivimos en casas, sino en apartamentos.

Ruedo los ojos, a veces se me olvida que Beth viene de una ciudad grande como San Diego. Es raro que haya venido de tan lejos para asistir a una universidad como la Estatal de Nueva York. Que no está mal, pero normalmente te desplazas tanto para asistir a Stanford o alguna de la Ivy League.

Es mi madre quien abre la puerta. Sonríe al verme y me da un fuerte abrazo. Qualquiera diría que no vengo nunca.

Parece menos contenta al ver a mi acompañante. Le dije que vendría con alguien, pero supongo que no se esperaba a una chica que no fuera Susan. Mierda.

-Mamá, esta es Beth -le presento-. Mi vecina.

Beth bufa.

-Vaya, creí que ya habíamos superado lo de "soy solo tú vecina" -interviene y se adelanta para presentarse ella misma-. Soy Beth, la mejor amiga de Nick.

Mi madre fuerza una sonrisa y le da dos besos. Mierda Beth, ¿En serio? Sabía que la cagaría en algún momento, pero no me esperaba que fuera antes entrar a casa.

-Pasad, por favor -dice mi madre-. La cena está casi lista. Nick ¿Me ayudas a traer el caldo?

Asiento, y le indico a Beth que vaya hacia el comedor. Sigo a mamá a través de los pasillos hasta llegar a la cocina, donde me espera mi hermana mayor acabando de sazonar la salsa que han preparado. Si algo tienen en común todas las mujeres Galligain es que son increíbles cocineras. Y es algo a Susan se le da bastante bien también. En muchas ocasiones habían preparado las tres juntas comidas familiares. Era bonito.

Lo que tiene Susan no se puede considerar exactamente una familia. Ha tenido tantos problemas en casa que no creo ni que se sienta cómoda allí. Y la mía, aunque no sea la mejor del mundo, ha conseguido que se sienta como en una. Esa complicidad que logró desde un primer momento con mi madre y mi hermana, y lo amada y aceptada que se siente cuando viene aquí le hacía muy feliz. Y eso me hacía feliz a mí. Por eso, de forma excepcional, desde que estoy con ella, visito mucho más a mis padres.

Mamá suspira y se apoya en la encimera. Me mira del mismo modo que me miraba cuando era pequeño y hacía algo mal. O cuando la jodo con Susan.

-¿Quien es esta chica Nick? -pregunta autoritaria-. Creí que traerías a Susan. Que os habíais reconciliado.

Miro a mi hermana acusador. No le había contado a mi madre que ya no estaba con Susan, pero a ella sí. Jodida chivata.

-Ya te lo he dicho -digo cansado, no quiero hablar de mi relación con Beth. Ni con Susan-. Es mi vecina. Me ha estado ayudando desde que Susan se fué. Es un poco rara, pero es buena chica.

Mi madre niega con la cabeza. No quiero contarle lo mal que lo he pasado desde entonces. Ni cómo estoy intentando volver con Susan. No estoy de humor para ello.

-Ajá, ¿Y entonces porque le has traído a casa? -parece bastante enfadada-. No le conocemos de nada, y francamente, no entiendo qué tiene que hacer en una cena familiar.

Bufo. A mi madre nunca le ha importado que traiga gente a casa. La primera vez que vino Susan la recibió con los brazos abiertos, incluso antes de que dijera nada. Pero ahora las cosas son diferentes, y el problema con Beth es que no es mi ex. Y mi madre tiene que la vaya a substituir, sobretodo después de todo lo bueno que ha echo por mí y como he cambiado desde que estoy con ella.

- ¡Mamá vale ya! -exploto al fin-. Siempre te ha encantado que traiga amigos a casa, y Beth es una buena amiga. No tienes que preocuparte por ella, sabes de sobra que amo a Susan más que a nada -intento calmarme, tampoco quiero que Beth oiga nuestra discusión y se sienta incómoda-. Quiero contaros una cosa, y nececito a Beth para ello, así que intenta ser la madre cariñosa que siempre has sido y tratala igual que a cualquier amigo que haya venido por casa.

Mamá parpadea. Mi hermana también. Y yo, extrañamente, me siento más aliviado. No digo nada más, simplemente tomo con cuidado el cuenco con la sopa y me voy hacia el comedor.

-Bueno -dice mi madre cuando paso por su lado-. Mientras no sea que te has acostado con ella y ahora está embarazada, no pasa nada.

No es tan perraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora