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Capítulo 35

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Papá nos lleva al aeropuerto de buena mañana. Se pasa el trayecto recordándome que no me oblide de darles a los padres de Beth la botella de vino que ha comprado especialmente para la ocasión.

Ayer, después de una larga cena en la que no hizo más que hablar con mi vecina, me pidió que le acompanyara a su estudio donde tenía guardava la caríssima botella de vino que había pedido a uno de los clientes del bufete para que me llevara a San Diego. Luego, prosiguió a darme un discurso de lo importante que era causar una buena impression a los padres de Beth. Incluso me contó una anécdota de cuando conoció a los abuelos. Debo decir, que no se esforzó tanto con Susan, aunque tener al final un buen vínculo con mi padre hizo que a penas pensara en ello. ¿Que puedo decir? Llevo desde que era un preadolescente sin poder tener una conversación con mi padre que no acabarà a gritos ¿y ahora nos reíamos juntos sobre como casi mata al perro de mamá de un tiro fingiendo saber manejar una escopeta con el abuelo? No siquiera se merece que me moleste por algo como eso, fue ella quien me dejó.

Luego me envió hacia mi habitación con "mi chica" lo cual causó que mi madre frunciera el ceño al oírlo mientras salíamos del despacho. No entraba en sus planes que durmieramos juntos, a lo que mi padre respondió que ya era mayorcito y no es como que no supieran nada sobre las chicas que llevaban colándose en mi habitación desde que alcancé la pubertad.

Bien, gracias por ese horrible momento papá. De todos modos, Beth ya se había estirado en mi cama en su pijama de cuadros. Cuando se lo vi tomar del armario, me dijo que quería parecer una chica decente y organizada en casa de mis padres. Ella si que se tomaba en serio la impression que les causara.

Al verme entrar en la habitación, me sonrió de esa forma tan suya que últimamente agitaba algo dentro de mi. Ya no tenía ningún problema en que durmieramos juntos, no es como si no lo hubiéramos hecho cientos de veces en el sofá de su casa, así que simplemente tomé un pantalón de pijama y me cambié mientras ella miraba distraidamente su teléfono. Podías añadir complicidad y naturalidad a las cosas que ya compartía con mi vecina.

Luego, me tumbé a su lado y, por un breve momento, sentí el impulso de darle un suave beso en los labios de buenas noches. Parpadé.

-¿Passa algo? - preguntó Beth al verme dudar.

Negué con la cabeza.

-Estoy cansado -contesté estirándome.

Volvió a sonreir y se incorporó para darme un muy confuso beso en la frente. Luego, simplemente se giró hacia su lado y se quedó dormida en cuestión de segundos. Esto es a lo que me refería. Es natural, es fácil. Simplemente me pareció lo más simple, lo que tocaba. Besar a Beth.

Diós, estoy tan jodidamente perdido.

Papá pregunta a mi vecina algo sobre su casa de Venice que a penas logró oír. Ella contesta desde el asiento de atrás y le arranca una carcajada. Amanda y Max se unen a la conversación. Papá me golpea en el hombro y pregunta otra tontería. Debería simplemente aceptar todo esto. Tengo un nuevo e increíble grupo de amigos. La relación con mi familia es mejor de lo que ha sido nunca. Estoy trabajando para controlar mis ataques de ira y se que hacer con mi vida. Además, me gusta Beth. Me he planteado tantas veces en estas últimas semanas intentarlo que he perdido la cuenta. Y cada vez aparece la imagen de Susan enfrente de mi. Porque la quiero, aun con todo lo pasado. Y no quiero hacerle daño a Beth queriendo aun a otra persona. Menos, tal i como están las cosas por ahora.

Llegamos al aeropuerto un par de horas antes de que salga el avión, puedo que incluso más. Papá nos ayuda a cargar las maletas hasta el mostrador de facturación y espera junto a Beth mientras el resto nos encargamos de nuestro equipaje. Incluso nos invita a un café mientras esperamos para passar los controles de seguridad.

No es tan perraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora