026.

501 47 3
                                        


—¿Cuál es su deseo? —preguntó el dragón, tras haber saludado cordialmente a Bills.

—Eh... —titubeó Bulma, sin saber cómo formular la petición—. Eh, Vegeta... —llamó nerviosa. Él comprendió al instante y se acercó hasta su esposa.

—¿Tienen un deseo o no? —insistió el dragón, más impaciente que antes.

—Separa a Fuun del cuerpo de ______ —dijo Vegeta, directo y con firmeza.

El dragón se sobresaltó y dirigió su mirada hacia ______, que permanecía junto a su madre y su hermano.

—Eh... —dudó, sin saber qué responder, pero la fría e impaciente mirada de Vegeta lo hizo sudar—. Bueno... la verdad es que no puedo hacer algo así.

—¿¡Eh!?

Dirigió su atención hacia ______ y luego a Bills.
—Mi poder no alcanza para afectar a ningún dios, y no puedo interferir con los demonios —dijo apenado—. Ese dios demonio es algo que no puedo ni siquiera tocar, mucho menos usar magia sobre él —agachó la cabeza, derrotado.

—Está bien, dragón. Puedes retirarte —ordenó Bills.

Él asintió.—Con permiso —dijo antes de desaparecer a toda velocidad.

—Qué cobarde —bufó Vegeta—. ¿Ahora qué? —se giró hacia ______, quien no respondió.

El aire en el lugar se volvió denso, cargado de una energía que hizo que todos los presentes tensaran los músculos. Una voz grave y áspera resonó desde la nada, acompañada de un aura que hizo vibrar el suelo.

—Quizá debería hacerme cargo de mis acciones, como dicen ustedes... —dijo la voz, y con ella apareció un destello de Ki formidable. La presión era tal que incluso Vegeta frunció el ceño, mientras Goku y Bills intercambiaban miradas de alerta.

De repente, una niebla negra se esparció rápidamente, envolviendo el cuerpo de ______. En segundos, la pelinegra desapareció de la vista de todos, engullida por aquella sombra que parecía tener voluntad propia.

—¡_____! —gritó Bulma, mientras Trunks daba un paso al frente, listo para actuar.

Risas bajas, frías y llenas de amargura surgieron desde el mismo lugar donde la niebla se había concentrado. La niebla se disipó y, ante la vista de todos, apareció Fuun. Su armadura había desaparecido, su antifaz también; era ella, inconfundible, con la piel pálida y los ojos que ardían en un rojo profundo. La sonrisa en su rostro no era amable: era amarga, calculadora, y aterradora.

Bills bufó con desdén, ordenando a Wiss que levantara un campo de fuerza para proteger a los presentes. Sin embargo, Fuun, con un movimiento sutil, anuló la barrera antes de que pudiera activarse, demostrando su control absoluto sobre el espacio y el Ki que emanaba.

—¿Q-qué haces aquí? —preguntó Vegeta, su voz firme pero cargada de tensión.

Fuun permaneció en silencio, inspeccionando el lugar con ojos críticos. —Qué verde —susurró, observando el bosque detrás de la Corporación Cápsula.

—Oye, tú —Bulma se acercó con cautela, intentando medir la intención de la joven demonio.

—¿Mm? —Fuun giró la cabeza para mirarla, calmada, segura de sí misma, con la presencia de un depredador.

—¿Me puedes decir dónde está ______? —preguntó Bulma, intentando mantener el control.

Fuun bajó lentamente hasta aterrizar a pocos centímetros de Bulma. Su voz era extraña, cargada de un acento extraño y profundo:

—Aquí —dijo, señalando la cabeza de la protagonista.

—¿En tu cabeza? —Bulma miró desconcertada, sin comprender del todo.

—Sí —asintió Fuun—. Intercambiamos lugares.

—Entiendo... Pero, bueno, ¿puedes hacer que vuelva? —preguntó Bulma con cierta incertidumbre.

—Si ella me mandó aquí —respondió Fuun con calma, casi con desdén.

—¿¡Eh!? ¿Te mandó ella? ¿Por qué? —preguntó la pelinegra, con el ceño fruncido.

Fuun dejó de mirar a Bulma y señaló hacia donde estaban los demás: Vegeta, Goku, Trunks y Bills. —Ellos me buscan —dijo lentamente, con una sonrisa que helaba la sangre de todos los presentes. La amenaza era clara: cualquier movimiento en falso podría desencadenar un desastre.


Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora