035.

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—Saya sí es mi hija, Papá —afirmó con firmeza.

—Eso es evidente con solo mirarla. Es igual a ti. Lo único que quiero saber es quién es el padre de Saya —respondió Vegeta con el ceño fruncido y voz severa.

—¿Eh? ¿El padre de Saya?

—Sí.

La tensión se palpaba en la mesa. Solo Vegeta y su hija hablaban, mientras los demás permanecían en silencio, observando con expectación mientras comían.

—¿Por qué preguntas eso? —replicó ella, incómoda.

Trunks apenas lograba contener la risa ante el intercambio. Vegeta, sin paciencia, se levantó bruscamente de la silla.

—¿¡Cómo que por qué!? —rugió.

—¡Vegeta, detente! —lo reprendió Bulma, frunciendo el ceño con severidad—. Recuerda que no estamos en casa. No vinimos a hacer un escándalo en la casa de nuestra hija, así que compórtate.

—¿¡Compórtame!? ¡Me acabo de enterar de que mi hija tiene una hija! ¿¡Cómo quieres que reaccione!?

—Feliz... muy feliz —sentenció Bulma con semblante firme—. Al menos podrías alegrarte: ¡es nuestro primer nieto!

—Y supongo que será el único... —añadió Vegeta con una mirada afilada dirigida a Trunks y Bura, mientras lanzaba una casi asesina hacia su hija mayor.

—Sabes que no tolero a los niños —bufó Bura, negando con la cabeza mientras seguía comiendo.

—Lo mismo digo. No tengo tiempo para eso —agregó Trunks con indiferencia, dando otro sorbo a su taza de café.

Vegeta gruñó con frustración, pero regresó a su asiento para seguir comiendo. Bulma suspiró y lo imitó, intentando bajar la tensión. La dueña de casa, en cambio, permaneció en silencio y continuó con su desayuno, como si ya estuviera acostumbrada a aquel tipo de enfrentamientos.

—Entonces dime, ______. Hoy es lunes, ¿por qué Saya no está en la escuela? —preguntó Bulma, intentando desviar la conversación.

—Porque Saya no va a la escuela —respondió sin levantar la mirada.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Porque no. Es menos problemático para mí. Prefiero educarla en casa con lo que realmente considero valioso para su edad.

Su respuesta fue corta, pero reveladora. Ella temía que su hija pudiera pasar por lo mismo que ella había vivido en el pasado. Esa decisión, aunque estricta, era también un reflejo de su instinto protector.

—Pero...

—Cuando vayamos a Japón, sí lo hará —interrumpió con firmeza.

—¿Japón? —preguntaron todos casi al unísono, sorprendidos.

—Ajá. Mis planes eran que, después de graduarme, regresaría a Japón —explicó con calma.

—¡Fabuloso! —exclamó Bulma, aplaudiendo la idea—. ¡Y yo que estaba pensando en cómo convencerte de que volvieras a vivir con nosotros!

Ella sonrió suavemente.

—La verdad es que lo tenía pensado desde hace tiempo, así que no te preocupes.

—Entonces, cuando vayas a Japón, ¿inscribirás a Saya en...? —preguntó Bura, pero su frase fue interrumpida por un estruendo.

Una violenta explosión sacudió el edificio entero. El departamento tembló con fuerza, arrojándolos al suelo. Adoloridos, comenzaron a levantarse apresuradamente.

—¡Saya! —gritó ______, corriendo hacia la puerta junto al televisor. Desapareció tras ella sin pensarlo dos veces.

—¿Qué diablos fue eso? —exclamó Trunks, poniéndose de pie.

—No fue una simple explosión. Siento un Ki increíble provenir de esta dirección —advirtió Vegeta.

—Yo también lo siento —secundó Bura. Trunks asintió en acuerdo.

—Vamos —ordenó el príncipe saiyajin, quitándose la chaqueta con determinación mientras se dirigía al ventanal destrozado—. Bulma, quédate aquí.

En ese instante, ______ reapareció con la niña en brazos.

—Mamá, quédate con Saya. Hay una nave en el cajón, por si necesitan escapar —dijo con seriedad, depositando a la pequeña junto a Bulma. Luego besó su frente con ternura—. Cuídense.

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora