Resultó ser cierto lo que Mirai había anticipado: al escuadrón #3 se le había escapado Freezer hacia la dimensión donde se encontraban los demás, y de alguna forma, había llegado directamente hasta Vegeta y su grupo. La situación había estado al borde del caos, y solo la intervención oportuna de los más experimentados había evitado una catástrofe.
Mientras algunos regresaban a Japón para reunir las esferas del dragón y reparar los daños provocados por Freezer, Vegeta y el resto volvieron al lugar donde se encontraban Bulma y Saya. La pequeña corrió hacia su madre, que la recibió con una sonrisa llena de calidez y alivio.
—¿Están bien? —preguntó ____, tratando de ocultar su preocupación tras la sonrisa.
—Sí, no te preocupes, mamá —respondió Saya, aferrándose un momento a su abrazo antes de separarse.
A petición de Saya, Bulma, Vegeta, Bura y Trunks permanecieron unos días más. La niña quería compartir con ellos su pequeño tesoro: el «Festival de Luces», como le gustaba llamarlo. La emoción de revivir momentos juntos llenaba la atmósfera de nostalgia y alegría.
Trunks y Bura compartieron la habitación de invitados, que contaba con dos camas individuales, mientras que ______ y Saya ocuparon la habitación de esta última. Vegeta y Bulma, por su parte, se instalaron en la habitación de su hija mayor.
—Está un poco desordenada —advirtió la pelinegra al entrar, Bulma la miró con una sonrisa divertida mientras ______ recogía las hojas con planos fallidos que cubrían el piso. ¡_____ estaba nerviosa! Una de sus mayores satisfacciones era lograr poner nervioso a Vegeta y a ______.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó Bulma, tomando un cuadro que reposaba sobre la mesa de noche: una foto de ______, Trunks y Goten durante su primer torneo, cuando la inocencia y la competitividad infantil se mezclaban en sus sonrisas.
—Siempre tuve una copia —dijo ella, sonriendo con cierta melancolía.
Después de dos semanas, la familia regresó a Japón, dejando a Saya y a ______ solas de nuevo. La mayor hizo una mueca al ver despegar el avión; la ausencia de su familia le pesaba más de lo que esperaba. Por primera vez, no era solo la rutina de quedarse solas: sentían un vacío extraño, un espacio que normalmente llenaban las risas y la presencia de los suyos.
—¿Cuándo iremos nosotros a Japón? —preguntó Saya, con un hilo de esperanza en la voz.
—En unos meses —respondió ______ mientras se giraba hacia la escalera mecánica—. Primero tenemos que ordenar nuestras cosas aquí. Son demasiadas, y empacar tus juegos no es tarea fácil. Necesito gente confiable; no quiero que rompan nuestros equipos.
—¿Tus equipos de trabajo?
—Y tus juguetes —añadió, dibujando una pequeña sonrisa que buscaba aliviar la tristeza que flotaba entre ellas.
Regresaron al departamento con un silencio cómodo y pesado. Ambas caminaban con los hombros ligeramente caídos, conscientes de la ausencia de quienes habían llenado su vida hasta hace pocos días. Por primera vez, comprendieron la verdadera sensación de soledad; por primera vez, el hogar parecía un lugar incompleto.
—Cuando vivamos en Japón, ¿estaremos en la casa de la abuela o comprarás un nuevo departamento? —preguntó Saya, buscando seguridad en la respuesta.
—En casa de mi mamá —contestó ______ con firmeza—. No quiero perder tiempo buscando otra casa.
—¡Qué bien! Así podré pasar más tiempo con mis tíos.
—Y aún te falta conocer a los demás tíos.
—¿Hay más tíos?
—Sí, los Mirai, como nosotros les llamamos. Tienen historias divertidas... y un par de travesuras que seguramente querrás escuchar.
Mientras Saya escuchaba, ______ la observaba en silencio, notando cómo su hija pequeña empezaba a comprender un mundo más amplio que el que hasta ahora conocía. «Solo espero que Mirai no sea mala con Saya... el otro día no parecía muy contenta de verme» —pensó, con un nudo de nostalgia y preocupación, mientras veía a la pequeña disfrutar de su comida.
El silencio entre ambas estaba cargado de emociones no expresadas: la felicidad de estar juntas, la tristeza por los momentos perdidos y la curiosidad por todo lo que aún les esperaba en Japón. La vida parecía abrirles una nueva página, y aunque el futuro era incierto, al menos estaban juntas para escribirlo.
