06.

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—Desde hace un tiempo, las cosas no son como antes... —susurró la Kaioshin, su voz apenas un murmullo mientras su mirada se perdía en el techo, como buscando respuestas en el vacío.

Trunks la observó con cierta preocupación, su ceño fruncido denotaba que algo no cuadraba. —¿A qué te refieres, Kaioshin-sama? —preguntó, aunque dentro suyo empezaba a intuir que la calma reciente no era buena señal.

Ella permaneció unos segundos en silencio, como si las palabras le pesaran más de lo habitual. —Me refiero a que el equilibrio ha cambiado, y todo ha estado demasiado tranquilo últimamente —dijo, dejando caer una ligera sombra sobre sus palabras.

Trunks esbozó una sonrisa forzada, tratando de calmar su propia inquietud. —Las batallas han sido duras, pero espaciadas. Eso significa que estamos mejor preparados, ¿no? —su voz trataba de encontrar esperanza en la incertidumbre.

Pero la Kaioshin negó con la cabeza, y su expresión se tornó más severa. —No, Trunks. Esa calma no es natural. Algo está por llegar, algo que podría cambiarlo todo. El tiempo se mueve con normalidad, sí, y eso es bueno. Pero detrás de esa aparente paz, acecha una amenaza mayor.

El joven sintió un escalofrío recorrer su espalda. —No entiendo del todo —confesó, su voz cargada de preocupación.

Ella suspiró profundamente, consciente de la responsabilidad de sus palabras. —Seré clara. En toda la historia de los universos, nunca antes habíamos vivido un periodo así: largas pausas sin enfrentamientos importantes. Las batallas suelen suceder una tras otra, cada una más desafiante que la anterior. Esto significa que algo anómalo se acerca. Y temo que no estemos preparados para enfrentarlo.

⋯ • ⋯

En otro lugar, Mirai no pudo ocultar su asombro. —Wow... ¿de verdad? —su rostro mostraba una mezcla de incredulidad y preocupación.

—Sí, hermana —respondió Trunks con seriedad—. La Kaioshin lo ha notado y eso no es algo que pueda ignorarse.

Mirai rió, tratando de aligerar la tensión mientras trabajaba con las piezas frente a ella. —Parece que los años en ese trabajo pesado le están pasando factura —comentó con un tono juguetón.

Pero Trunks la miró con el ceño fruncido. —No es para bromear, ______ —insistió, tratando de que ella comprendiera la gravedad.

Ella sonrió levemente, relajando un poco el ambiente. —Está bien, está bien.

Él bufó, algo frustrado. —Si hubiera sabido que reaccionarías así, habría ido a hablar con Goten en lugar de molestarte.

—Pues ve —replicó ella sin levantar la vista de su trabajo—. Como si me importara.

Trunks se levantó de la silla giratoria, la curiosidad lo impulsó a quedarse. —¿Pasa algo entre tú y Goten que no me quieras contar? —preguntó con delicadeza, intentando romper la barrera.

Ella gruñó, evitando la mirada. —Cállate —fue su respuesta seca.

—Entonces sí pasa algo —dijo él, acercándose—. ¿Qué es?

—Nada que a ti te importe —respondió, hundida debajo de la máquina que reparaba.

El cambio brusco en su actitud despertó en Trunks una mezcla de desconcierto y preocupación. ¿Qué escondía su hermana detrás de ese humor?

—Soy tu hermano, claro que me importa —afirmó, sentándose de nuevo con determinación.

—¿No estabas tan ocupado y con prisa para irte? —murmuró, mientras lo oía mover la silla para acercarse más.

—Nada es más importante que saber qué te pasa. Dime —cruzó brazos y piernas, aguardando una respuesta.

—No voy a hablar contigo sobre eso —gruñó.

—Entonces habla con mamá —sentenció él—. Tal vez deba hacerlo.

—Corrijo —respondió rápidamente—, no voy a hablar con nadie porque no pasa nada.

Trunks guardó silencio, observando a su hermana con ternura.

—Sabes que te quiero mucho, ¿verdad? —su voz se suavizó.

Mirai ocultó su rostro sonrojado entre su cabello, sin poder responder.

—Y que me preocupo por ti, ¿lo sabes, cierto? —intentó mirarla a los ojos con dulzura.

—Sí, lo sé —murmuró débilmente.

—Entonces... —hizo una pausa, midiendo sus palabras—. ¿O es que no confías en mí?

—Ya no confío en nadie —confesó ella con un suspiro profundo, mientras salía de debajo de la máquina.

—Puede ser que haya nacido... eh...

—Doce minutos —lo corrigió ella mientras se levantaba y limpiaba sus manos.

—Eso... puede que haya nacido doce minutos después que tú y sea el menor, pero a veces actúo como el mayor. Sé que te sientes mal, y quiero saber qué es —dijo con sinceridad.

Ella suspiró, sus pensamientos arremolinándose en su mente. Entonces, Trunks la tomó con suavidad por los hombros y la sentó en el sofá cercano.

—¡Oye, idiota! Si vas a hacer algo así, avísame primero —protestó entre risas.

—Perdón —respondió él, recostándose y apoyando la cabeza en sus muslos—. ¿Ahora sí me contarás, hermana?

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora