013.

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La lluvia seguía cayendo con fuerza, lavando la sangre del rostro y cuerpo de la guerrera inconsciente. Vegeta permanecía inmóvil, de rodillas en medio del campo destruido, con el cuerpo de Fuun-de su hija-en los brazos. Su mirada estaba perdida, clavada en el rostro adormecido de ella, donde se mezclaban la suciedad, la sangre seca y la expresión serena que solo ahora mostraba, liberada por un momento del yugo mental que la había encadenado.

Su pecho subía y bajaba con violencia, no por el esfuerzo físico, sino por la mezcla incontrolable de emociones que le quemaban el pecho. Ira, culpa, miedo, ternura, tristeza... Todo enredado como un torbellino dentro de él.

-¿_____...? -susurró apenas, como si temiera que decirlo en voz alta rompiera el frágil equilibrio de lo que acababa de descubrir.

La abrazó más fuerte, ocultando su rostro contra su cuello. Su cabello lila estaba enredado y húmedo, pero aún así olía a ella. No a la Fuun que acababa de intentar matarlo, sino a la niña que solía trepar árboles en el jardín de Capsule Corp, a la joven que prefería entrenar antes que ir a la escuela, a su hija.

Vegeta, el orgulloso príncipe de los saiyajins, apretó los dientes con fuerza hasta que sus mandíbulas dolieron. Su cuerpo entero temblaba. Las lágrimas comenzaron a correrle por el rostro sin que pudiera evitarlo, mezclándose con la lluvia.

-No... No debí... -murmuró, la voz quebrada. Apretó aún más el cuerpo de ella, como si temiera que desapareciera. -Fuiste tú todo este tiempo... y yo... te golpeé.

Desde lo alto de una montaña, Mirai ______ lo miraba paralizada. Su rostro estaba pálido, las manos le temblaban. Los dioses, Vados, Wiss e incluso Bills, mantenían el silencio. Todos observaban esa escena sin intervenir, conscientes de que algo sagrado estaba ocurriendo.

-¿Ella... era Fuun todo este tiempo? -murmuró Goku, aún con la respiración agitada. Trunks se acercó desde un lado, aún con el ceño fruncido, incapaz de comprender todo.

-¿¡Cómo diablos pasó esto!? -gritó Mirai desde lo alto- ¿¡Por qué no nos lo dijeron!? ¡¿Por qué permitieron que mi padre peleara con ella sin saber quién era!?

Wiss suspiró profundamente. -Era necesario. Solo así podríamos liberar a ______ del control de Towa y Demigra. Solo así, su esencia volvería por sí sola. Si se lo hubiéramos dicho... habría dudado. Y el control no se habría roto.

-No lo entiendo... -susurró Trunks, mirando el cielo con los ojos llorosos.

-La mente de ______ fue corrompida, reconfigurada mediante tortura, magia oscura y pociones. Ella... ni siquiera sabía quién era. -explicó Vados, más seria de lo normal. -Pero al estar con alguien que tiene un lazo emocional tan fuerte, su subconsciente comenzó a quebrar el control.

-Y las lágrimas de su padre... fueron el final del hechizo. -añadió Wiss.

Vegeta apretó los puños. Escuchó todo. No entendía magia, ni pociones, ni mentes rotas. Pero entendía una cosa: alguien le robó a su hija. Alguien la tomó, la quebró, la convirtió en una marioneta.

-Los voy a matar. A todos ellos. -gruñó entre dientes. Su voz era grave, densa, como un trueno.

En la distancia, los demonios comenzaban a reagruparse. Towa, visiblemente perturbada, los observaba con furia. No por compasión, sino porque sabía que habían perdido una pieza clave de su ejército.

-No importa. -escupió con rencor- Podemos volver a controlarla. Solo necesitamos tiempo.

-No tendrás tiempo. -respondió Bills, quien se había adelantado sin que nadie lo notara. Estaba en modo serio. -Nadie juega con el destino de una mortal de mi universo y se queda sin consecuencias.

Chamel y Gravy retrocedieron. Por primera vez, incluso ellos sintieron miedo. Towa apretó su báculo, pero sabía que ni siquiera juntos podrían derrotar a un Dios de la Destrucción con los nervios alterados.

-No es momento para pelear. -murmuró Chamel a Towa. -Vámonos.

-Esto no termina aquí. -Towa clavó los ojos en la figura de Vegeta y su hija. Luego, desaparecieron entre portales oscuros.

Vegeta no los siguió. Apretaba a su hija con fuerza mientras la lluvia seguía cayendo, como si el universo estuviera llorando con él.

-Te tengo, hija. Ya estás a salvo. Te lo juro... no dejaré que te lastimen otra vez. -susurró.

Ella dormía en sus brazos. Por primera vez en años, sin cadenas mentales. Solo descanso.

Y por primera vez en mucho tiempo, el corazón de Vegeta se sintió completo.


Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora