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Aquella niña nos observaba con el ceño profundamente fruncido. Su expresión transmitía confusión, quizá la misma que se reflejaba en nosotros. El silencio se apoderó de la habitación; todos la contemplábamos en un asombro contenido. Su parecido con ______ y conmigo cuando éramos niños era tan evidente que resultaba imposible ignorarlo.

—B-bueno... —balbuceó ______ después de unos segundos de tensión. Se adelantó hasta la niña y, con un gesto nervioso, nos miró a todos—. H-hay que hablar.

—¿Hablar? ¿¡Hablar!? ¡Tienes que explicarnos todo esto! —explotó Papá. Su voz retumbó en la sala, haciendo que la pequeña se sobresaltara y corriera a esconderse detrás de ______, aferrándose a ella como si de su única protección se tratara.

Mamá y Bura, conmovidas, apenas pudieron contener la ternura que les despertaba aquella escena. Yo, en cambio, compartía la misma incomodidad de Papá. ¿Por qué esa niña se aferraba tanto a mi hermana? ¿Qué la unía a ella de esa manera?

—Hey, Saya, why are you cowering like that? —[Eh, Saya, ¿por qué te acobardas así?]— dijo ______ en tono burlón, girando apenas el rostro hacia la niña.

—Mom, that man is scary —[Mamá, ese señor da miedo]— murmuró ella encogiéndose aún más en su sitio, mientras abrazaba con fuerza la pierna derecha de quien parecía ser su «madre».

No pude evitar reír ante lo que acababa de escuchar. Incluso ______ dejó escapar una breve carcajada.

—Trunks, ¿qué está pasando? ¿Qué dicen? —preguntó Bura, jalando de mi chaqueta con insistencia.

—Al parecer, papá da miedo —expliqué entre risas, cruzándome de brazos.

—¿¡Yo!? ¡Solo quiero explicaciones! —rugió Vegeta, lo que provocó que la niña se aferrara aún más a ______, temblando.

—Papá, cálmate —intervino ella con firmeza, levantando las manos para que bajara el tono—. Sé que tengo mucho que decir, pero ahora no es el momento.

—¿¡Cómo que no!? —replicó él, exasperado.

—¡Papá! —Bura alzó la voz, reprendiéndolo—. Compórtate, no estamos en casa.

—Vegeta, tranquilo —intervino Mamá, posando una mano sobre su brazo—. ______ sabe que tiene que explicar las cosas, pero debemos darle su tiempo.

Ella se inclinó hacia la niña y acarició suavemente su cabeza.

—Saya, no tengas miedo. Él no da miedo, solo está un poco alterado —explicó con dulzura.

La pequeña, sin embargo, no parecía convencida.

—Igual... qué miedo —susurró en japonés, escondiéndose aún más tras ______. Su bilingüismo nos tomó por sorpresa, aunque lo dijo con una naturalidad desarmante. Acto seguido frunció el ceño, tomó una mochila que descansaba junto a la televisión y anunció con timidez:

—Solo vine por mi mochila. —Y sin decir más, desapareció por la puerta lateral.

—______... —susurré, aún procesando lo ocurrido.

Ella soltó una risa ligera.

—Vaya, lograste asustar a Saya. Felicidades, Papá, nadie lo había conseguido antes —bromeó, aunque su sonrisa se apagó al notar la seriedad con que Papá la observaba.

Suspiró con resignación y nos invitó a sentarnos a la mesa. Pronto, el ambiente se alivió un poco gracias a la comida, aunque las preguntas seguían flotando en el aire como una tormenta latente.

—¿A qué hora es tu graduación, amor? —preguntó Mamá con genuino interés, tratando de romper el hielo.

—¿Eh? ¿Graduación?

—Sí, para eso vinimos —respondió ella con naturalidad, como si la respuesta fuera obvia.

—Pero si eso fue hace dos días —contestó ______, desconcertada.

—¿¡Qué!? —Mamá se levantó de golpe, casi tirando su silla—. ¿¡Dos días!?

—Así es, yo les dije que era el 15.

—Hoy es 15.

—No, hoy es 17.

—No, no... eso no puede ser.

—Debe haber una variación horaria con Japón —aventuró ella, tratando de sonar lógica.

El silencio se hizo pesado.

—¿Nos la perdimos? —preguntó Mamá, con un nudo en la garganta.

—Supongo que sí —admitió ______ con tristeza, encogiéndose de hombros. Su mirada, cargada de melancolía, revelaba lo que sus palabras callaban: nos había esperado... y la habíamos dejado sola, otra vez.

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora