—¿¡Eh!? ¿Te mandó ella? ¿Por qué? —preguntó la peliazul, con el ceño fruncido.
Fuun dejó de mirar a Bulma y señaló hacia donde estaban los demás: Vegeta, Goku, Trunks y Bills. —Ellos me buscan —dijo lentamente, con una sonrisa que helaba la sangre de todos los presentes. La amenaza era clara: cualquier movimiento en falso podría desencadenar un desastre.
Bulma dio un paso atrás, conteniendo la respiración, mientras Trunks y Vegeta se tensaban, listos para cualquier ataque. Goku, aunque serio, mantenía la calma, evaluando la situación con su habitual instinto de combate.
—¡Eh! —exclamaron los tres, instintivamente queriendo retroceder, pero la presencia de Fuun los mantenía inmóviles, como si una fuerza invisible los anclara al suelo.
Bulma se hizo a un lado, dejando pasar a Fuun. La capucha negra de la demonio cubría parcialmente su rostro, pero sus ojos, intensos y penetrantes en rojo y negro, mantenían a todos en un silencio cargado de miedo y respeto.
Wiss frunció el ceño y dio un paso adelante, su voz firme resonó en la habitación:
—¿Qué es lo que intentas hacer?
Fuun gruñó, bajo y áspero, apenas un murmullo que reverberó en los oídos de los presentes. —¿Qué quieren de mí?
—No queremos pelear —respondió Bulma, intentando mantener la calma—. Solo queremos que traigas de vuelta a ______.
Fuun inclinó la cabeza, evaluando a todos con sus ojos carmesí. Su aura oscura se expandió ligeramente, generando una presión que hizo que Bills y los demás se tensaran aún más.
—Si ella me manda, lo haré —dijo, casi en un susurro, pero lo suficiente para que todos lo escucharan—. Pero no toleraré amenazas.
Un dolor punzante golpeó la cabeza de ______ desde dentro de su propia mente, una advertencia silenciosa de la fuerza que Fuun ejercía sobre ella. La pelinegra se sostuvo la cabeza, con los ojos cerrados, mientras la demonio permanecía frente a Bulma.
—Solo quería saber algo —continuó Fuun—, pero si no me dejan preguntar, entonces díganme para qué me llamaron.
—ZenoSama quiere destruirte —intervino Vados, su voz calma pero firme, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de todos—.
—¿Destruirme? —susurró Fuun, apenas sorprendida, pero su expresión no cambió.
Los humanos se alertaron, comprendiendo de golpe que la amenaza implicaba también a ______, atrapada dentro de la conciencia de Fuun.
La tensión se volvió casi insoportable. Bills frunció el ceño, consciente de que cualquier acción precipitada podría desatar un conflicto de consecuencias imprevisibles. Vegeta apretó los puños, incapaz de soportar la idea de que su hija estuviera en peligro.
—No moverán a nadie sin mi permiso —gruñó Vegeta, avanzando hacia Fuun, aunque a sabiendas de que su poder no era suficiente para enfrentar a la demonio en ese instante.
Fuun sonrió, y la habitación pareció oscurecerse levemente con su presencia. Cada movimiento suyo era medido, calculado, y cargado de amenaza. Su risa, baja y burlona, resonó en los corazones de los presentes, dejando claro que el control de la situación estaba completamente en sus manos.
—Ustedes me buscan —dijo finalmente, señalando a todos—. Pero recuerden: no estoy aquí para pelear con ustedes. Estoy aquí para reclamar lo que es mío.
La pelinegra sintió la mirada de Fuun dentro de su mente, un recordatorio de la fuerza que residía dentro de ella y del delicado equilibrio que sostenía a todos en la habitación. Nadie se movió, cada respiración se convirtió en un acto calculado, mientras la demonio evaluaba cuidadosamente a cada uno, decidiendo quién sería digno de su atención y quién caería si se cruzaba en su camino.
Fuun permaneció frente a Bulma, sus ojos carmesí brillando con intensidad mientras evaluaba la situación. La tensión era palpable; incluso Bills, el dios de la destrucción, se mantenía en silencio, consciente de que cualquier acción apresurada podría provocar un desastre.
—Está bien —dijo finalmente Fuun, con voz firme pero controlada—. No haré nada mientras ustedes no intenten tocarme ni a ______.
Bulma respiró aliviada y dio un paso, manteniendo una distancia prudente de Fuun. Trunks se acercó, aún alerta, pero sin mostrar hostilidad.
—Solo quiero que ______ vuelva a mí —continuó Bulma—. No quiero problemas, solo que termine esto de manera pacífica.
Fuun asintió lentamente, sus ojos recorriendo a todos los presentes antes de fijarse en un rincón, donde estaba el cuerpo de ______. Con un gesto de su mano, la niebla negra, que ahora envolvía a la pelinegra, comenzó a disiparse. La conciencia de ______ regresó lentamente a su propio cuerpo, mientras sentía un hormigueo y un ligero dolor de cabeza por el proceso.
—Gracias —susurró ______, aún débil, mientras miraba a Fuun con una mezcla de miedo y respeto.
—No hay necesidad de darme las gracias —respondió Fuun—. Solo asegúrate de no involucrarte más de lo necesario. No puedo protegerlos a todos, y no deseo que nadie sufra por mi culpa.
Bills frunció el ceño, claramente insatisfecho, pero Wiss y Vados lo tranquilizaron con gestos discretos. La situación estaba bajo control, por el momento.
Vegeta, aunque aún rígido, relajó ligeramente sus hombros. Su mirada se suavizó al ver que su hija estaba a salvo y de nuevo bajo su protección. Trunks la abrazó brevemente, asegurándose de que estuviera bien, mientras Bulma sonreía aliviada.
Fuun, con su capucha todavía cubriendo parte de su rostro, se mantuvo en silencio, evaluando a cada uno. Finalmente, dio un paso atrás y levantó ligeramente la mano en señal de despedida:
—Recuerden lo que les dije. No me busquen, y nadie resultará herido. Pero si alguien intenta interferir... no habrá advertencias.
Con eso, la demonio desapareció en un parpadeo, dejando una leve estela de energía oscura que pronto se desvaneció. La habitación quedó en silencio absoluto por unos segundos, mientras todos procesaban lo que acababa de suceder.
—Eso fue... —Trunks no pudo terminar la frase, todavía impactado.
—Increíble —murmuró Bulma—. No me extraña que haya dado tanto miedo a Bills y Wiss.
—Y recuerden —intervino Vegeta, con voz firme—. Ahora más que nunca, debemos protegernos unos a otros. Fuun es poderosa, pero también inteligente. No subestimen la situación.
La tensión comenzó a disiparse lentamente, pero la sensación de que algo más grande estaba por venir permanecía en el aire. Nadie olvidaría la presencia de Fuun ni la fuerza que emanaba de ella, y todos sabían que, aunque el conflicto inmediato había terminado, la amenaza aún estaba latente.
