016.

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—¿_____? —preguntó Bura a su hermana mayor mientras la ayudaba a limpiar y vendar las heridas de Mirai Trunks.

La joven de cabello lila asintió con una sonrisa débil.
—Es increíble... pero era ella.

La menor abrió los ojos con sorpresa genuina.
—Hermano, ¿tú la viste?

Trunks asintió con seriedad, su rostro endurecido por la preocupación.
—Estaba muy herida... —su voz se tornó grave—. Solo espero que Mamá y Trunks puedan curarla.

Mientras esa conversación tenía lugar en la planta superior de la casa, en el laboratorio de Bulma y Trunks el ambiente era completamente distinto. El silencio era opresivo, apenas interrumpido por los sonidos metálicos de instrumentos y el murmullo de las máquinas. Al descubrir el origen de aquellas heridas, ambos padres habían sentido náuseas; la crudeza de lo que había sufrido su hija era difícil de asimilar incluso para ellos.

______ permanecía apenas consciente. De vez en cuando soltaba un gemido débil cuando Trunks aplicaba el algodón con alcohol sobre sus heridas, y él, visiblemente afectado, se disculpaba de inmediato con ternura.

Tras casi una hora de curaciones, lograron terminar. Exhaustos, la dejaron descansar en la sala de recuperación. Bulma se sentó junto a la cama, sosteniendo con fuerza la mano de su hija. Su piel estaba helada como el mármol, lo cual acrecentaba la angustia que le oprimía el pecho.

Vegeta y Trunks también estaban presentes, aunque más alejados, vigilando en silencio. El príncipe saiyajin, a pesar de su habitual dureza, no apartaba los ojos de su hija.

—¿Crees que despierte pronto? —preguntó Vegeta en voz baja, dirigiéndose a Bulma. No se había despegado de ellas ni un solo instante.

—Lo único que debería tranquilizarnos por ahora es que logre sobrevivir —respondió ella con un suspiro entrecortado.

—¿De qué hablas, Bulma? —Vegeta la observó con gesto severo mientras veía cómo ella se levantaba para cubrir con una manta el cuerpo helado de su hija.

Bulma se volvió hacia él, con lágrimas contenidas.
—Vegeta... no quisiera decirlo, pero quizá ______...

Un fuerte quejido interrumpió sus palabras. Los tres giraron de inmediato. Ella había despertado.

La joven estaba incorporada en la cama, cubierta de sudor y temblando sin control. Sus manos vendadas recorrieron sus brazos como si no reconociera su propio cuerpo. Sus ojos permanecían clavados en un punto vacío de las sábanas.

—¡Hija! —exclamó Bulma, corriendo a abrazarla. Pero la muchacha no reaccionó.

Trunks, con una sonrisa de alivio, se acercó también. Se sentó en el borde de la cama y tomó sus manos con suavidad, acariciándolas. Vegeta, por su parte, suspiró discretamente y se recargó contra la pared, conteniendo la oleada de emociones que lo embargaban.

______ intentó alzar la mirada, pero su visión era borrosa. Solo lograba distinguir siluetas difusas frente a ella. Sin embargo, un aroma familiar la envolvía, y aquel calor humano le resultaba imposible de olvidar.

—¿_____? ¿Qué pasa? —la voz de su madre rompió el silencio.

Ella reconoció de inmediato ese timbre inconfundible, las manos cálidas de su hermano y la presencia imponente de su padre.

Después de unos segundos de silencio, murmuró con un hilo de voz casi inaudible:
—¿M-mamá?...

—Sí, ______. Soy yo —respondió Bulma con lágrimas recorriendo sus mejillas, sin apartar la mirada de ella.

La joven permaneció rígida, inmóvil, hasta que su madre volvió a abrazarla. Esta vez no la rechazó; al contrario, descansó el rostro en el hombro de Bulma, buscando refugio en esa calidez que había creído perdida.

—¿Hermana? —Trunks posó una mano en su frente, notando cómo ella volvía a tensarse. —¿Qué pasa?

Ella calló un instante, hasta que sus labios temblaron.
—¿De verdad... estoy en casa? —susurró débilmente, con una mezcla de miedo y esperanza.

—¿Qué dices? ¡Claro que sí! —exclamó Bulma, intentando mirarla a los ojos. Pero su hija desvió la mirada, concentrándose solo en sus manos, mientras mordía con fuerza su labio inferior.

—¿Qué pasa, hermana? —insistió Trunks, apartándole el cabello del rostro.

Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de la joven.
—¿De verdad estoy aquí... en casa?

Bulma acarició su mejilla con ternura.
—Sí, mi amor. Estás en casa —aseguró, aunque su creciente extrañeza era evidente.

Vegeta, en silencio, la observaba con suma atención. Había algo extraño en sus gestos, algo que lo inquietaba. Con el ceño fruncido, comenzó a acercarse lentamente, lo que hizo que Bulma se apartara, dándole espacio.

Vegeta se acercó con cautela, observando cada pequeño gesto de _______. Había algo en su mirada, una mezcla de confusión, miedo y... desconexión que lo inquietaba profundamente.

—______ —susurró él, tomando suavemente su mano—. Estás a salvo ahora. Estamos aquí contigo.

Ella lo miró por un instante, como si intentara reconocerlo, pero su expresión pronto se volvió distante, como si luchara con un laberinto interno.

—No... no sé quién soy —murmuró débilmente, con la voz quebrada—. No recuerdo nada claro.

Bulma se acercó nuevamente, con lágrimas en los ojos, tratando de sostener su temblor.

—Es normal, cariño. Has pasado por mucho. Lo importante es que estás con nosotros.

Trunks se inclinó, mirando a su hermana con ternura y preocupación.

—Vamos a ayudarte a recordar, pero no tienes que hacerlo sola. Estamos juntos en esto.

______ cerró los ojos un momento, tomando una profunda respiración, intentando calmarse.

—Tengo miedo... —confesó—. ¿Qué pasará si no puedo recuperar lo que perdí?

Vegeta apretó su mano con firmeza.

—Nada va a pasar, porque no dejaremos que te pase nada. Eres parte de esta familia. Y lucharemos para que vuelvas a ser tú misma.

Bulma asintió y acarició su cabello.

—Paso a paso, con calma. Hoy descansas. Mañana será otro día para empezar a sanar de verdad.

La habitación se llenó de un silencio cálido, donde por primera vez desde mucho tiempo, había un pequeño rayo de esperanza. Y aunque la batalla apenas comenzaba, juntos enfrentarían todo lo que viniera.

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora