—¿Y conmigo pasó lo mismo, ______? —preguntó Trunks, arqueando una ceja con suspicacia.
Ella negó con suavidad, desviando la mirada.
—Lo tuyo no fue como lo de mamá.
—¿Y cómo sabes eso? —insistió el mayor, con un tono cargado de desconfianza.
—Pregunté... —respondió ella con cierta vacilación.
—¿Preguntar? ¿Qué? ¿A quién? —replicó Trunks, frunciendo el ceño.
—A ellos. Aunque fue Towa quien me reveló todo. Habló cuando creyó que ya había perdido la humanidad que me quedaba.
El joven suspiró, asimilando aquella revelación.
—Ya veo... —murmuró en voz baja.
—¿Y por qué preguntaste? Se supone que tenías entendido que ese "odio" era mío. —intervino Bulma, confundida.
—Lo sé, mamá... pero siempre sospeché que algo extraño ocurría. Y lo único que se me ocurrió fue que ellos tenían algo que ver. —Se encogió de hombros, reconociendo que había vivido con esa duda durante mucho tiempo.
—¿Y entonces...? —apremió su madre.
—Supuse bien. Ellos querían dañar a Fuun, y para lograrlo, tenían que hacerme daño a mí... justo a través de lo que más me doliera. En ese tiempo, lo que más temía era perder tanto a mi familia como a mis amigos.
—Ya veo... pero, ¿amigos? Que yo sepa, a Goten... —dudó Trunks.
Ella bajó la mirada y respondió con voz apagada:
—Me refiero a Zeno-sama. Me sentía culpable de que destruyera su mundo por algo que yo misma pedí. Por eso lo traje aquí. El Zeno-sama de este mundo también buscaba un amigo.
Las palabras pesaron en el ambiente. Trunks abrió los ojos con sorpresa, comprendiendo el peso de aquella confesión.
—Entiendo... Entonces, ¿ellos planearon herirte para que así Fuun saliera? —preguntó Vegeta, con su habitual seriedad.
—No exactamente... —contestó ella con un dejo de amargura—. Ellos querían que sufriera, que me consumiera la rabia, y así provocar que Fuun despertara. La primera vez que me transformé, Bills apareció y me detuvo, porque sabía lo que podría suceder. Esa es la razón por la que sigo viva.
Un silencio cargado se apoderó del grupo.
—... Y por eso Towa comenzó a venir aquí, para que te frustraras —añadió Trunks, intentando hilar la situación.
—Así es. Pero, al ver que yo me contenía, decidieron hacerlo por sí mismos y me llevaron a su... ¿prisión? Creo que eso era.
Los tres se quedaron inmóviles, sorprendidos por la serenidad con que ______ relataba hechos tan crueles y dolorosos. La tranquilidad de sus palabras contrastaba con el peso de sus recuerdos.
Ella frunció el ceño, al notar sus miradas incrédulas.
—¿Qué ocurre? —preguntó con un hilo de molestia.
—N-nada. Es solo que... esto es increíble —respondió Bulma al fin, llevándose las manos al rostro, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
La joven bajó la cabeza, arrepentida.
—B-bueno... tal vez no debí contar tanto...
Vegeta, que hasta entonces había permanecido en silencio, se levantó con lentitud. Su expresión era indescifrable. Sin pronunciar palabra, comenzó a caminar hacia la casa, dejando tras de sí una pesada tensión.
—¿Qué le pasa a papá? —preguntó ella con sobresalto.
Bulma, con una calma fingida, respondió:
—Déjalo. Probablemente necesita pensar las cosas con más claridad ahora.
Trunks se incorporó y ofreció la mano a su hermana.
—Vamos, ______.
—¿Qué ocurre? ¿A dónde vamos? —preguntó ella, desconcertada.
—Ya es tarde, mamá. Y ______ necesita descansar —se excusó Trunks, mientras la abrazaba con fuerza. En el último tiempo, aquel gesto se había vuelto una costumbre; los abrazos se habían convertido en un refugio compartido contra todo el dolor que habían vivido.
Bulma sonrió con ternura al verlos.
—Está bien... Vamos a cenar algo.
La familia regresó a la casa. La noche transcurrió entre risas y conversaciones ligeras, a las que pronto se sumaron Mirai y Bura. Bulma preparó un postre sencillo, que todos disfrutaron antes de retirarse a sus habitaciones.
Cuando llegó el momento de dormir, Trunks acompañó a ______. No era solo una costumbre: él sabía que su presencia era la única manera de evitar que las pesadillas la devoraran. También era su forma de protegerla, asegurándose de que, al menos durante la noche, nada malo pudiera alcanzarla.
⋯⋯⋯⋯⋯⋯
Vegeta caminó lentamente hacia la casa, sus pasos resonaban con firmeza sobre el pasto, pero por dentro cada zancada estaba cargada de preocupación y frustración. Su expresión, normalmente imperturbable y altiva, reflejaba un torbellino de emociones que no se permitía mostrar frente a los demás.
«¿Cómo pudieron hacerle esto a mi hija?», pensó, apretando los puños hasta que los nudillos se tornaron blancos. Su mente repasaba cada detalle de lo que acababa de escuchar: la manipulación, el dolor que le habían causado, la prisionera que había sido y cómo, aun así, había soportado todo con una calma sorprendente.
Se detuvo un momento y miró hacia la ventana del dormitorio de ______, donde podía ver una ligera silueta recostada mientras Trunks permanecía a su lado. Una mezcla de orgullo y culpa lo invadió. Orgullo, por la fortaleza que su hija demostraba a pesar de todo; culpa, porque sentía que no había podido protegerla lo suficiente.
«Malditos demonios... Towa, Demigra... incluso yo mismo...», murmuró en voz baja, un murmullo apenas perceptible que se perdió entre el viento de la noche. «Si alguien le vuelve a hacer daño... juro que no habrá perdón.»
Sus ojos se suavizaron por un instante mientras recordaba los abrazos y las sonrisas que había logrado arrancarle esa misma tarde. Un destello de esperanza se mezclaba con su ira: veía a su hija recuperándose poco a poco, encontrando fuerza en su familia, y eso lo reconfortaba. Sin embargo, su mente de guerrero siempre evaluaba los riesgos: sabía que quienes la habían lastimado no se detendrían y que su protección debía ser total.
Vegeta cerró los ojos y respiró hondo. «No puedo permitir que vuelva a pasar...», se prometió. «Haré lo que sea necesario. Ningún enemigo, sin importar cuán poderoso, se interpondrá entre ella y nosotros.»
Con esa resolución, ajustó su postura, dejando atrás la duda y el temor momentáneo. La fachada de padre frío y guerrero implacable permanecía intacta, pero dentro de él ardía una determinación férrea, lista para actuar en cualquier momento que su hija necesitara.
Mientras regresaba a la casa, Vegeta sabía que esa noche dormiría con un ojo abierto y la mente en guardia. Su familia, y sobre todo ______, eran su prioridad absoluta. Nadie, ni siquiera los dioses o los demonios más astutos, podrían tocarla mientras él estuviera cerca.
