La expresión de Bulma se deformó de inmediato al escuchar lo que su hija acababa de decir. Su rostro palideció, incrédulo.
—¿Qué... has dicho? —preguntó con la voz entrecortada.
—Eh... dudo que no me hayas escuchado, pero igual te lo repito —respondió la joven con una sonrisa inocente—. Iré a vivir a los Estados Unidos.
—¡¿Qué?! ¿¡Por qué?! —gritó Bulma, incapaz de contener su sorpresa.
—Digo... —la muchacha se tensó de inmediato al ver la reacción de su madre y se encogió sobre sí misma, buscando refugio en su propio cuerpo—. Ya soy mayor... debería tener al menos la madurez suficiente como para salir del país.
—¡Si quieres salir del país, dínoslo! ¡Así podríamos ir de vacaciones todos juntos! —replicó Bulma, elevando más la voz.
—Mamá... —susurró la muchacha con timidez. No había sido buena idea responderle así. Se mordió el labio inferior y sintió que el pánico comenzaba a apoderarse de ella.
—_____... yo... —Balbuceaba Bulma, intentando recomponerse.
—¿Qué está pasando aquí? —la grave voz de Vegeta interrumpió la escena. El príncipe saiyajin entró en la habitación acompañado de Trunks.
—Vegeta... —Bulma se apresuró a acercarse a su marido para explicarle la situación, mientras Trunks, preocupado, caminaba directo hacia su hermana.
—¿Estás bien? —le preguntó, levantándole el mentón con suavidad para obligarla a mirarlo—. ¿Qué ocurre? —Su mirada estaba cargada de preocupación.
Ella no respondió. Tenía un enorme nudo en la garganta que no la dejaba hablar. Solo pudo abrazar a Trunks con fuerza, buscando consuelo en él.
Él correspondió al gesto, acariciándole el cabello y besándole la frente.
—¿Qué pasa, dime?
—_____... —intervino Vegeta, acercándose también—. ¿Por qué quieres irte de casa?
Trunks, al escuchar aquello, se separó bruscamente de su hermana. Sus ojos se abrieron con sorpresa y un miedo evidente.
—¡¿Qué?! ¿¡Irte de casa?!
—Sí... —ella bajó la mirada, nerviosa, las palabras le salían entrecortadas—. La verdad es que... yo... tenía ganas de irme a vivir a...
—¡No, no puedes irte! —la interrumpió Trunks, con una mezcla de desesperación y enojo.
—¿Por qué no?
—Porque no... —la voz de Trunks temblaba, pero su grito fue firme—. ¡Si te pierdes aquí, qué pasará en un lugar desconocido! —Ya no podía ocultar el miedo que sentía. Temía perderla de nuevo.
Ella trató de calmarlo, colocando sus manos sobre los brazos de su hermano.
—Tranquilo... no iré a ningún lugar desconocido ni mucho menos sola. Hablé con nuestra tía Tights.
—¿¡Qué?! —la voz de Bulma resonó con más fuerza que antes—. ¿¡Con Tights!?
—Sí. Recordé que ella vivía en el mismo lugar al que yo quiero ir. No me pareció mala idea contarle.
Vegeta frunció el ceño, molesto.
—¿Y le cuentas a una tía a la que apenas ves, en lugar de a tus padres?
—Perdón... —musitó ella, encogiendo los hombros con un semblante triste—. Pero Mirai fue la que me dio la idea... y me pidió que, si aceptaba, no se los dijera a ustedes. Ella me ayudó a hablar con mi tía.
—¡¿Qué Mirai qué?! —explotó Bulma, saliendo de la habitación furiosa rumbo a la sala de estar.
Vegeta la siguió con la mirada, luego observó a su hija y a Trunks. Tras un instante, decidió ir tras Bulma, dejándolos solos.
Trunks apretó los labios y abrazó nuevamente a su hermana con fuerza.
—Solo quiero que estén a salvo —confesó ella en un murmullo ahogado—. Sé que, si sigo aquí, les traeré más problemas. No quiero que nadie muera por mi culpa.
—No, _____... no son problemas —replicó Trunks, con lágrimas contenidas en los ojos—. Estamos realmente felices de que estés aquí. Te lo juro.
—Yo también soy feliz de estar aquí... —ella sonrió débilmente—. Pero de verdad no quiero ponerlos en peligro.
—¿Y si estando allá te atacan? —Trunks la tomó de los hombros, temblando—. ¿Quién te va a salvar?
—Nadie... porque sé que no me harán nada —respondió ella con la misma inocencia que últimamente la caracterizaba.
Trunks apoyó su frente contra la de su hermana y, con una sonrisa entre lágrimas, susurró:
—Sigo sin entender por qué te llaman demonio. Para mí... tú eres un bendito ángel.
