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10 años después

―Señor, hay una señorita que quiere hablar con usted. Se encuentra en la línea dos.

―Está bien ―bufó, cansado, pues recién había terminado de ordenar sus cosas para ir al cumpleaños de su madre―. ¿Cómo se llama?

―No me dijo su nombre, señor.

Rodó los ojos. Nunca había un nombre. Con resignación volvió a sentarse en su escritorio y tomó el teléfono justo cuando sonó.

―Buenas tardes ―saludó, apoyándose en el respaldo de su silla.

―No sabía que contactar contigo era tan difícil. Casi como si fueras el emperador de Corea.

Se tensó de inmediato al escuchar aquella voz, pero una sonrisa escapó de sus labios.

―No sé si ofenderme porque me estás comparando con Kim Jong-un, o alegrarme de que, al fin, des señales de vida ―bromeó.

Ella rió con suavidad.

―Me alegro de escucharte, hermanito.

―Lo mismo digo, ______. ¿Cómo has estado, linda?

―Bien, bastante bien ―respondió, y él pudo percibir la sonrisa en su tono.

―Qué bien. No sabes lo feliz y aliviado que estoy de escucharte otra vez.

―Lo mismo digo. La verdad es que desde hace mucho pensaba en llamarte.

―Entonces solo hazlo. Siempre puedo hacerme un espacio para mi hermana favorita ―replicó, girándose en su silla para contemplar el ventanal.

Ella volvió a reír.

―¿A qué se debe tu llamada?

―No pude llamar a casa directamente porque el número que tenía guardado aparece como fuera de servicio. No es nada grave. Solo quería invitarlos a todos a mi graduación.

Él se quedó helado.

―¿Gra... graduación?

―Ajá. Es el día 15. La verdad, no sabía si invitarlos o no, pero como es algo formal, deben ir dos representantes. Mamá y Papá.

―Gracias por acordarte de mí, yo también te amo ―dijo, fingiendo estar ofendido.

Ella no pudo evitar reír.

―No te enojes. No es mi culpa, solo permiten dos personas por alumno. Y... quiero que sean ellos.

―¿Tienes alguna razón en particular?

―No, solo... quiero que vean que yo también puedo graduarme, no solo Mirai o tú. Además, quiero que vuelvan a estar orgullosos de mí ―suspiró.

―Ellos están muy orgullosos de ti. No tienes idea de cuánto.

―Gracias... supongo ―rió, con cierto nerviosismo―. Pero quiero que vayan también tú, Bura y Mirai.

―Pues claro. ¿Qué creías, que iba a quedarme aquí? Para nada.

―Gracias. Entonces, encárgate de avisarles.

―Claro, hermana. Lo haré.

Como era de esperarse, su madre organizó una gran fiesta por su cumpleaños, y allí él aprovechó para darles la noticia. Por suerte, tanto su padre como sus hermanas estaban presentes. Les pidió que guardaran silencio, pues a Bills no le agradaría en absoluto enterarse de noticias relacionadas con su hermana mientras comía.

A la mañana siguiente volvieron a hablar del asunto y comenzaron a organizar el viaje. Sin embargo, Mirai y su versión futura no pudieron asistir, ya que coincidía con el turno que les correspondía en la patrulla del tiempo.

La más emocionada era su madre, y no era para menos: después de diez años volvería a ver a ______. Su padre, aunque intentó ocultarlo bajo una fachada de orgullo y dureza, no pudo disimular del todo su alegría. Solo dijo:

―Ya era hora de que esa tonta diera señal de vida.

Pero en el fondo estaba tan feliz como todos. Y más aún cuando supieron que la ocasión sería la graduación de ella.

Así fue como, después de una década, la familia volvió a prepararse para reencontrarse con ______, su amada y orgullosa hija.

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora