—¿Eso no significaría que quizá Mirai obligó a ______ mediante la magia que la poseyó para que se fuera de aquí? —preguntó Trunks, mirando con seriedad a sus padres.
—Tampoco creo que sea capaz de hacer eso. —replicó Mirai, ofendida, frunciendo el ceño.
—Tampoco creo que tengas derecho a opinar. Porque fue tu culpa, así que mejor ¡shh! —la mandó a callar Bura con brusquedad.
—¿Qué dijiste? —el ojo de Mirai tembló con un tic de furia. —¿¡Quiénes se creen para gritarme y darme órdenes!? ¡Soy mayor que ustedes! ¡Soy la más grande de todos!
—La mayor, pero la más estúpida. —lamentó Vegeta con un tono seco, clavándole una mirada penetrante.
—¿¡Ah!? ¿¡Qué dijiste!? —estalló Mirai, perdiendo aún más la calma, su temperamento saiyajin ardiendo como una chispa a punto de desatar un incendio.
•••
Mientras tanto, lejos de la tensión en Japón, ______ sonrió levemente al verla allí, sentada en el alfeizar de la ventana, contemplando el mar con aparente serenidad.
—Qué bien que viniste. —murmuró con alivio.
—Te lo dije... aquí estaré. —respondió Fuun, con voz suave pero firme.
Esas palabras fueron suficientes para devolverle seguridad a ______, quien corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Fuun, poco acostumbrada al calor humano y a las muestras de afecto, titubeó un instante, pero finalmente correspondió al abrazo. Luego habló con la frialdad que la caracterizaba.
—Ahora que estamos aquí, debemos irnos.
—¿A dónde? —preguntó la pelinegra, confundida.
—No lo sé. Quizá al apartamento de tu versión del futuro. Recuerda que trajimos todo.
—Sí, las llaves, la dirección y...
—Exacto. Aquí no podré salir por nada del mundo. Y ya sabes cuánto odio estar encerrada, salvo que sea dentro de tu cabeza.
—¿Pero por qué no puedes salir?
—Recuerda al patrullero que viene a visitar a tu tía. Podría reconocerme y tendría razones de sobra para llevarme o, peor aún, armar un escándalo frente a los dioses otra vez.
—Entiendo... —asintió ella, comprendiendo la gravedad.
—¿Te parece si nos vamos mañana?
—Sí, está bien. —aceptó con un suspiro.
Mientras esto ocurría en un rincón del mundo, al otro lado apenas se comenzaban a desenmascarar las razones del extraño comportamiento de Mirai y el origen de todos sus cambios de actitud.
Y tal como lo habían planeado, a la mañana siguiente partieron. ______ se excusó diciendo que su hermana mayor le había regalado un departamento en la ciudad. Tighs, sin sospechar nada, se ofreció a llevarla, ya que la pelinegra desconocía la ubicación exacta y, como todos sabían, jamás pediría indicaciones.
—¿Qué pasó ahora...? —murmuró Bulma, confundida, al recibir la noticia.
En Japón, la familia apenas se enteraba del asunto.
—¿Le diste tu departamento en San Francisco a ______? —preguntó Bulma con incredulidad, mirando a Mirai.
—¿¡Qué!? —Mirai se levantó de golpe, furiosa, y corrió hacia su madre. —¿¡Qué hice qué!?
Bulma le mostró el celular con la conversación que había tenido con Tighs. En ella, Tighs explicaba que había acompañado a ______ al lugar cuya dirección la misma Mirai le había dado antes de su partida.
—¡No puede ser! ¡Dejé mi vida en ese lugar! —gritó Mirai, llevándose las manos a la cabeza.
—¡Eso te pasa por dejarte poseer, idiota! —la reprendió Bura, cruzándose de brazos.
—¿Tu vida? Si nunca vas para allá... —añadió Trunks con frialdad.
La ira de Mirai creció tanto que por un instante quiso lanzarse contra sus hermanos y golpearlos, pero la frustración pudo más. En lugar de eso, se dejó caer de rodillas en el suelo, golpeando con rabia el piso mientras se lamentaba.
—No importa eso, Mirai. Al menos ______ tiene un lugar donde quedarse. —intervino Bulma, sonriendo con calma mientras caminaba hacia la cocina, ignorando las quejas.
Mirai la observó incrédula, con un nudo en la garganta. Aunque jamás lo admitiría en voz alta, en el fondo sentía cierto alivio de que ______ estuviera a salvo en aquel lugar.
