【Epílogo.】

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Después de casi diez años, había vuelto a casa. La vieja casona seguía siendo la misma: impecablemente pintada, con un jardín cuidado con esmero que parecía haber esperado mi regreso. A simple vista, todo parecía en calma, pero en mi interior, la alerta no desaparecía.

—Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué sonríes? —Saya tiró de mi mano, curiosa, ajena al torbellino de pensamientos que me recorría.

—¿Hay algo de malo en sonreír? —respondí, permitiendo que un destello de felicidad se asomara en mi rostro.

—No~, pero es raro verte así —frunció el ceño—. ¿Estás muy feliz de estar aquí en Japón?

—Muy feliz —contesté—. Vamos —la tomé de la mano y la guié hasta la puerta principal, donde nos recibió la secretaria, indicándonos que mi familia estaba reunida en el balcón.

Cada paso me recordaba a los años que habían pasado y al peso de las batallas que aún me aguardaban. Caminé primero hasta mi antigua habitación para dejar las maletas y luego me dirigí al balcón. Agradecí haber mantenido mi Ki oculto; ellos estaban tranquilos, disfrutando de helado, ignorantes del peligro que se acercaba. ¡Incluso Mirai estaba allí!

—Trunks, ¿____ no te ha llamado? —preguntó mamá, mientras él negaba con la cabeza.

—No, la última vez que lo hizo fue cuando llegamos a Japón después de haberla visitado.

—¿Cómo estará? —murmuró mamá, suspirando, y su expresión generó miradas preocupadas de los demás, incluso de papá.

—Déjenme anunciarles, madre mía, que estoy de maravilla. ¿Verdad, Saya?

—¡Sí! —respondió ella con entusiasmo.

—¡______! —gritaron al verme, levantándose sorprendidos, y una sonrisa se dibujó en mi rostro, a pesar del nudo en el estómago.

El calor del reencuentro familiar me reconfortaba, pero mi mente no podía ignorar la amenaza latente. Demigra ya había comenzado su ataque a la Tierra nuevamente, con un ejército imparable y un poder que prometía devastación. Cada risa, cada abrazo, estaba teñido por la conciencia de que la paz duraría poco.

Estar nuevamente en casa, con mi familia y mi hija, era un recordatorio de todo lo que debía proteger. Sabía que mi poder, mi orgullo y mi determinación serían suficientes para enfrentar cualquier amenaza. Mi orgullo no solo me definía, sino que también se convertiría en el escudo que protegería a quienes más amo, manteniéndolos a salvo mientras la sombra de Demigra se extendía sobre la Tierra.

El mundo parecía tranquilo, pero bajo esa calma, se gestaba la tormenta. Y yo, más que nadie, estaba lista para enfrentarla.

Gemelos | 5Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora