21/Dic/17
Tres veces... En un solo año.
<< ¿Es enserio?>>
Mamá siempre decía que me cuidará, y... Por lo visto no estaba haciendo mucho caso, mis amigos me lo habían advertido, mi pereza, mi confianza, no me resultaron de nada más que tirarme nuevamente en un hospital.
Solo estaba ahí, Enmedio de la duda mirando hacia el techo, con el dolor en mi pecho, pero sobre todo en mi cabeza, esperando... Una señal.
Las imágenes iban y venían, y yo... Yo solo esperaba a Sarah; Según esto, y entre lo que recordaba y lo que no, me habían hecho diagnósticos, habían contratado a un Neurólogo, y desde el martes iba a comenzar mis sesiones en con el psicólogo, <<Vaya que la jodiste esta vez Román... Le estas costando mucho a Sarah>>.
No obstante le había pedido que parará, pero ella no tenía ni la menor intención de hacerlo.
De pronto giré de mi cabeza, la puerta corrediza de la habitación se abrió automáticamente (realmente odiaba el chirrido que está ocasionaba), un señor de casi 2 metros entró por la misma, tenía un aspecto de alemán, se acercó a mí. <<Probablemente sea el neurólogo>> Pensé intuitivamente.
—Hola Señor Lara, ¿Cómo se ha sentido?
—¡No!, ¡No!, ¡Alto!, ¡No me mate aún!— Dije gritando.
—¿Qué?, ¿Esta delirando?, ¿Se encuentra bien?— Mencionó acelerado.
—Solo estoy jugando, claro que he estado bien señor...
—Señor Glücksmann, me alegro que aún tenga sentido del humor— Sopló con un tono más apagado.
—Vaya... Si es alemán— Murmuré.
—¿Qué dijo? —Preguntó.
—Nada, nada— Mentí. —Entonces... Señor Glücksmann, ¿Cómo va su diagnóstico?, ¿Fueron suficientes las pruebas?— Pregunté un tanto nervioso.
—Por fortuna Señor Lara, si fueron suficientes, logré saber qué es lo que tiene gracias a la tecnología de punta que tenemos hoy en día—.
—Me alegro escuchar eso, entonces... Vamos, ¡dispare!— Dije con un tono gracioso.
—Usted padece de Amnesia retrógrada, tendré que asignarle a un psicólogo para que concluya su tratamiento de la manera más rápida— Aclaró.
—¿Amnesia Retrógrada?—.
—Es la pérdida de la memoria después de un evento traumático, todos los recuerdos anteriores al suceso se olvidan— Continuó.
—Pero... Yo... Yo no tengo nada de eso— Mencioné temeroso.
—¿Ah no?, Entonces dígame, ¿Por qué está en este hospital? — Preguntó maliciosamente.
—Pues... Porque... Ah...— Mi cabeza comenzó a arder de golpe.
—¿Le duele recordar?— Volvió a preguntar al ver los gestos que hacía.
—Algo así...— Contesté.
—No es bueno mentir, y menos a un médico— Me respondió súbitamente.
—Entonces... Doctor, ¿Hay una cura para esta enfermedad?— Mencioné.
—¿Cura?, Oh no, no es una enfermedad como tal, sin embargo, debe atenderse, ya que si no se atiende a tiempo puede ir más allá que un simple día perdido... Puede olvidar toda su vida señor Lara— Respondió.
—Entonces... Ese tratamiento ¿Cuándo comienza?
—Cuanto antes, ahora, tomé sus cosas, la señorita Colleman, está muy preocupada por usted— Terminó.
—Claro... Ya voy— Contesté.
Seguí al doctor Glücksmann fuera de mi estancia, al parecer ya me habían dado el alta.
Sarah me estaba esperando en el estacionamiento, llevaba la Renault, hacia un clima glacial, había mucha nieve en todo el aparcamiento; Al subir a la enorme camioneta Sarah me miró con ojos llorosos, y me abrazó fuertemente.
—¡Idiota!, ¡Idiota!, ¡Idiota!, ¡No me vuelvas a hacer eso en tu vida!
—Yo también estoy feliz de verte— Me límite a decir.
—¡No te atrevas a dejarme sola Román!— Sollozaba en mi hombro.
—Ay Sarah, qué cosas dices, claro que no te voy a dejar, aquí estaré por cuánto tiempo tú me requieras— Mencioné tratando de consolarla
—Mas te vale— Terminó.
Accionó el motor y salimos del hospital, en el largo transcurso del viaje Sarah me contó la cronología entera, del cómo me habían trasladado de hospital en hospital hasta caer en manos del antipático Doctor Glücksmann.
—De todos los doctores, de verdad... ¿Un alemán?— Dije entre risas
—¿Qué tiene de malo?, Es el mejor de la zona, yo necesitaba a un experto, alguien más rápido y eficiente que los demás— Contestó Sarah malhumorada.
—Oh... Hablando de eso, ¿Cuánto tendré que pagar?— Mencioné.
—No, ni empieces Ro, no vas a pagar nada— Me cortó de golpe.
—¿Cómo qué no pagaré nada?, Fue mi error, solo hice gastar tonto dinero— Comenté con todo desafiante.
—Si tantas ganas tienes de hablar de dinero entonces vayamos al centro comercial y me compras algunos vestidos— Dijo entre risas.
—Por mi está bien.
—Román, con que estés bien soy feliz, no necesito mayor paga que tú compañía, con eso estoy conforme—Comentó mientras entraba a la autopista.
—Ay Sarah, prometo devolverte el favor ¿De acuerdo?—
—Si eso es lo que quieres... Por mi está bien— Masculló. —Por cierto, mañana te llevaré a tu primera sesión con la Psicóloga— Continuó.
—Número uno: pensé que mi sesiones eran los martes y número dos: ¿Dijiste psicóloga?— Pregunté.
—Así es, ¿Tiene algo de malo?—.
—No, no para nada, así está bien—.
—Ah, ahora vas a querer coquetearle a la psicóloga— Contestó con cierta molestia.
—No Sarah, no es eso, solo que pensé que era el señor Glücksmann, pero me es un alivio que no sea así—.
—¿Tan malo fue?
—No, solo... Me resultaba muy antipático—.
—De acuerdo... De todos modos, no te ligues a la psicóloga—.
—Jajaja eso no lo sé aún— Dije con cierto tono picaresco para que Sarah se molestará, ella solo me miró de reojo y continuó con la vista en el camino.
Al llegar a la mansión nos percatamos de que Bess no estaba; Ya me iba a dirigir a mi dormitorio para descansar un rato, cuando de pronto Sarah tomó mi brazo y comenzó.
—Oye Román... De verdad, ¿No recuerdas nada de lo que pasó en la central? —.
—No Sarah, ¿Fue algo malo? —Pregunté con temor.
—Oh, no, no es nada de eso, solo... Una pregunta tonta— Contestó.
—¿Estas segura?, Sabes que no me gusta que me mientan—
—Ay Ro... Es que... Es muy difícil de decir—
—Mira... Mañana la psicóloga me preguntará todo lo que sé, lo mínimo que puedes hacer es darme un empujón ¿Qué no? —Comencé.
—Si... Pero no Ro, no es algo bueno—.
— Ya ves, entonces con más razón deberías decírmelo—.
—¿Estás seguro? —.
—Claro, ¡Sueltalo!, Así podré ir a dormir—.
—Román es que tú... Trataste de suicidarte— Comentó con cierta tirsteza.
—Ay Sarah, puede que yo sea a veces un dramático... Pero no llegaría a esos extremos— Dije.
—Lo vi... Y yo...yo... me sentí muy mal... ¿No es suficiente todo lo que hago por ti?, Mi... Mi... Amor y comprensión hacia tu persona ¿No son los suficientes?, O... Yo... ¿Yo soy la causa de esos pensamientos?, ¿No eres feliz aquí Román?, Sabes muy bien que puedes confiar en mí y contarme todo... Yo... Román de verdad no sé qué decir— Para ese momento sus ojitos ya estaban anegados de lágrimas las cuales escurrían sin piedad por sus mejillas tan rosadas por la situación.
—Sarah... Oye... Shhh... Shhh...Sarah— Dije mientras trataba de consolarla. —Oye, oye, vaya que eres lo suficiente, eres una chica genial, eres asombrosa, divertida, y esto último que acabas de hacer... Es prácticamente salvarme la vida, claro que soy feliz aquí... En mi segundo hogar, sé que puedo confiar en ti... Y vaya, tú no eres la causa de ningún pensamiento negativo, No sé porque trate de hacer algo tan tonto como eso, pero mañana... Al ir con la psicóloga tal vez lo descubra, mientras confía en que todo va a estar bien, ¿Sí? —.
—¿Puedes confiar en mí? — Pregunté sin dejar de abrazarla.
—Siempre Román, siempre— Término mientras se secaba las lágrimas.
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How Do You Feel?
Novela JuvenilRomán un chico que apenas está probando la vida, por azares del destino se ve entrelazado con una persona muy especial. El problema radica cuando un día después de pasar cierto tiempo apegado a Katherine los recuerdos sobre ella son borrados drástic...
