III

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"Necesito encontrar a mi ángel para olvidarme de que soy un demonio".

Apagó el motor y pasó una pierna por encima, arrugó la nariz y bufó, olía a alfa por todas partes, sonrió negando y cruzó la calle.

Había estado buscando un sitio en el que hospedarse, no quería quedarse en el lugar que Kyungsoo le había asignado, sonrió divertido, sabía que lo estaban mirando, no era habitual ver a un omega vestido de cuero bajar de una moto, al menos no de una como la suya.

Se pasó la lengua por el labio superior y sonrió estirando la cuerda del maletín que le colgaba del brazo.

Levantó la cabeza hacia el cartel de neón que reposaba en la parte superior del edificio.

-Motel Spark.-susurró.

Sonrió leve, caminó hasta la entrada, empujó la puerta, arrugó la nariz y suspiró. Por dentro estaba mejor de lo que esperaba, no era fanático del color rojo, aún menos si estaba en todas las paredes.

Caminó hasta el mostrador, sonrió y presionó el pequeño timbre, se apoyó y se subió sobre la madera, ¿si no venía nadie podía coger una llave?.

Esperó un poco y bufó, nunca se le había dado bien esperar.

Se volvió a inclinar y cogio una llave, sonrió y sacó un pequeño fajo de billetes del maletín, cogio un bolígrafo de la mesa y escribió su nombre en uno de los billetes, no creía que fuese necesaria la presentación.

Caminó hasta un pequeño pasillo, levantó la cabeza y sonrió al ver la bombilla parpadear.

Siempre pasaba lo mismo cuando entraba a un edificio con un par de años, aún recordaba la primera vez que le había pasado, sonrió y negó, había pasado tanto tiempo.

Subió las escaleras hasta la que suponía que sería su planta, abrió la puerta y estornudó nada más poner un pie dentro, estaba más que seguro de que había habido un gato en la habitación, su nariz no lo engañaba.

Caminó hasta la otra punta de la habitación y abrió las ventanas, tal vez debería haberse quedado en el hotel en el que Kyungsoo le había hecho la reserva.

Se quitó la chaqueta y se tiró sobre la cama, estaba más que cansado, se pasó la mano por el pelo y bufó, había una razón clara para sus desapariciones y está vez no había podido escaparse.

No se lo había contado a nadie porque no quería parecer débil, tenían una reputación que mantener, sintió sus ojos humedecerse y suspiró, la última vez que había ido a visitarla había sido hace demasiados meses, sabía que su hermana no se movería, al fin y al cabo las personas en estado vegetal no se trasladaban.

Sonrió leve y suspiró, su historia no era muy diferente a la de los demás siempre había sido distinto al resto de omegas, era un poco más ruidoso, más inquieto y no entendía el concepto de tranquilidad, su hermana tampoco, ambos eran incontrolables, algo con lo que la gran mayoría de alfas de la manada no estaban de acuerdo.

Su hermana era aún peor que él aunque fuese difícil de creer, se encargaba de planear todas sus trastadas y era la primera en saltar y gruñir cuando no estaba de acuerdo con algo. Su madre en cambio era el ejemplo de "la omega perfecta", era una mujer muy tranquila, amable, paciente y muy cariñosa a pesar de todo lo que aguantaba a diario, pero su padre era un monstruo. El peor hombre que había conocido en su vida, no creía que pudiese existir alguien tan perverso, era maleducado, arrogante, prepotente y un completo idiota, pero ninguno de los tres podía hacerle frente. 

Su madre lo había intentado y nunca había podido lograrlo, la golpeaba y la dejaba tan maltrecha que le era difícil hasta respirar, pero a pesar de ello nunca la habían escuchado lamentarse y mucho menos llorar, era la loba más fuerte que había conocido, sabía que la gran mayoría de las veces lo hacía para protegerlos y aunque ella sabía lo que le esperaba no agachaba la cabeza jamás.

La última vez que la había visto estaban escapando. Ella les había sonreído y los había empujado hasta el límite de la ciudad, sabía que iba a pagar por lo que había hecho y aún así en sus ojos no había ni un ápice de miedo, sus hermosos ojos azules aún aparecían en sus sueños todas las noches.

Era hermosa.

Suspiró, se incorporó y cogio algo de ropa del maletín, iría a tomarse algo, había visto un bar cerca de la entrada de la manada.

Se cambió la camisa, se puso la chaqueta y salió tan rápido como había entrado, le gustaba estar en movimiento, cuando se quedaba mucho tiempo sin hacer nada, recordaba.

Bajó saltando los escalones de dos en dos y sonrió ante la mirada curiosa de la recepcionista cuando pasó por delante.

Caminó rápido hacia la moto y se subió, le picaban las manos, necesitaba algo para tranquilizarse y a pesar de que sabía que el alcohol no lo ayudaría a resolver sus problemas no podía hacer nada más.

Arrancó la moto dejando atrás un rastro de polvo, sonrió al pasar delante de una patrulla y aceleró aún más, no estaba dispuesto a pagar una multa.

Llegó unos minutos después y aparcó, era un local bastante grande, la música se escuchaba desde fuera y tenía un delicioso olor a problemas.

La fachada descolorida tapada con algunos brochazos de pintura le recordaba al primer bar en el que había estado, aunque definitivamente no había sido una buena experiencia. 

Se sorprendió al no ver a nadie vigilando la entrada, sonrió negando y empujó la puerta. Sintió los ojos pegarse a su figura y caminó como si nada hasta la barra.

Llamó a la camarera y sonrió, al menos no lo atenderia un alfa, tendían a ponerse algo intensos.

-¿Qué vas a tomar?.

-Gimlet.

Bufó cuando la loba alzó las cejas y lo miró de arriba a abajo, sabía que era una bebida fuerte, pero soportaría el dolor de cabeza al día siguiente. 

Sonrió al tener su vaso enfrente y se lo llevó a la boca, le encantaba la sensación del vodka contra su lengua, era parecido al destornillador pero más fuerte.

Se dio la vuelta en el taburete y se llevó la media rodaja de lima a la boca, gimió ante el toque ácido y siguió mirando la pista de baile.

Le encantaba bailar, era una de las formas de desestresarse que tenía, sonrió leve al ver a un lobo sonreirle, era alto de pelo rubio y tenía unos ojos verdes muy llamativos, levantó el vaso y se lo tomó de un trago, se bajó del taburete y caminó a paso firme hasta el lobo.

Se detuvo justo enfrente, sonrió y negó, se giró y desapareció entre las personas que estaban bailando, se rió al sentir una mano en su cadera y empezó a bailar, dejándose llevar por la música.

Giró la cabeza hacia la puerta y se tocó la muñeca, lo vio entrar y sus miradas se cruzaron, dejó de bailar y lo miró fijamente, no podía negar que era guapo porque estaría mintiendo, le encantaba el color dorado de sus ojos.

Esperó que se acercase y frunció el ceño al ver hacia donde se dirigía, bufó y siguió bailando, al fin y al cabo él también tenía derecho a bailar con quien quisiera.

Siguió bailando y bufó al verlo dirigirse a un pequeño grupo de omegas, seguramente ellos serian mucho más fáciles de tratar.

Se separó del lobo y caminó una vez más hacia la barra, empujó al chico que estaba en el que había sido su taburete y gruño cuando vio que le iba a replicar.

-Black Russian doble.-gruñó.

La loba dejó el vaso delante unos minutos después, gruño cuando miró hacia la pista, Chanyeol podía hacer lo que quisiera, ellos no eran ni serian nada, no quería un alfa como pareja.

Se llevó el vaso a los labios y dejó que el alcohol se deslizará por su garganta. 

-Ponme una más.

-Los omegas no deberían beber tanto.

Bufo y levantó la cabeza enseñándole los caninos por encima del labio.

-Y las betas deberían callarse más.-Gruño mirándola.-Ahora sirveme lo que te he pedido.

Ghost Drivers  "Dioses de la muerte"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora