Capítulo 25. Mi chico de los ojos tristes.

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En ese momento, decidí que podía hacer cualquier cosa que quisiera.
Y lo que más quería en ese momento era que ese chico que tanto me gustaba tuviera la idea correcta de quién era.
Entonces, me empeñé en hacerle ver lo especial que podía ser.
Siempre fui una niña ridículamente cursi, estaba en mi, salía naturalmente.
Siempre tenía pequeños detalles, no solo con el, sino, con todas las personas a las que les tenia algún tipo de apreció, siempre había detalles ahí.
Con él no iba a ser la excepción.
La verdad es que nuestros horarios no coincidían casi nunca.
Estábamos en institutos diferentes, en diferentes horas del día.
¿Qué tan difícil podía ser gustarle al chico que me gusta?
¿Qué probabilidad había de qué le gustará?
¿Podría ser que muy en su interior le gustara y el solo, ignorara el sentimiento?
-Tal vez si le gustas.- Hablo la voz de mi cabeza.
¿Qué tan extraño es tener discusiones con uno mismo?
Era gracioso. Bastante gracioso.
Imagina.
En mi cabeza, imaginaba, todo un juicio.
A favor de seguir con mi fantasía amorosa.
Y en contra, para poner los pies en la tierra.
La jueza. Los testigos. El jurado.
Miles de chicas, en mi cabeza, incluso mi abogada..
Todas ellas eran...
¡Yo misma!
No, no estaba enloqueciendo, calma.
La parte acusada tenía argumentos firmes.
Y la parte acusadora tenía pruebas.
Era confuso.
Entonces decidí no prestarles atención.
Seguí pensando, preguntándome miles de cosas.
Hablaba con él cuando el tiempo nos lo permitía.
Pero casi no lo veía.
Aunque, era algo que me llenaba mucho.
Y no entendía el porqué.
¿Cuál era la razón de que me sintiera tan bien?
¿Será que él era un caballero? O ¿Podría ser que me trataba con cierta formalidad?
¿Será que verdaderamente ese es el? ¿Su forma de ser?
¿Será solo amabilidad? O ¿Es coqueteo?
No lo sabía.
Pero si sabía algo.
Estaba decidida a hacerle saber mi sentir.
Quería que él supiera lo especial que era para mi.
Que supiera que a mis ojos, él era el mejor en cada una de las aptitudes que puede haber.
Que era mi superhéroe.
Quería que supiera que yo lo veía con tanto cariño.
¿Por qué le tenía cariño?
Me daban ganas de decirle:
"Te quiero" 
Pero querer es un sentimiento muy grande.
Y no podía decirle:
"Te quiero poquito"
Esperaba el momento.
Pronto sabría qué decirle y cuando.
Y así fue como la oportunidad se me dio.
Al final de un día, cuando la luna y los planetas se saludaban.
De andar del tingo al tango, a mi amor secreto se me había perdido su teléfono.
Inteligente o estúpidamente, decidí escribirle mis sentimientos en un mensaje que pensé...
Jamás leería.
Vaya equivocación.

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