CAPITULO 47

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Carmine aturdido miró alrededor de la habitación de invitados, sus ojos se centraron en un reloj de la habitación. Tardó un segundo en enfocar los números, y se sentó cunado se dio cuenta que eran las ocho de la mañana. El dolor se apoderó de cada centímetro suyo cuando se puso en pie y bajó las escaleras. Se detuvo en la puerta de la sala de estar, viendo que Dominic seguía tecleando en el portátil mientras Tess se paseaba.

Todo estaba igual de cómo lo dejó.

Casi había pasado la mitad de un día, pero nada había cambiado.

Celia salió de la cocina y por el sonido de sus pisadas, parecía tan agotada como todos los demás.

—¿Cómo te sientes, chico?

¿Cómo podía pensar que se sentía? Herido, por dentro y por fuera. Su vida entera era un caos. ¿Se suponía que tenía que decirle que se sentía morir para sentir alivio? ¿Eso haría que se sintiera mejor?

—Me siento jodidamente inútil —dijo, pasándose la mano por el cabello—. Es como si estuviera esperando que cayera el otro zapato, y no me gusta esa maldita sensación.

Celia abrió la boca para replicar, pero el caos se desató antes de que pudiera emitir una sola palabra.

Dominic se puso en pie.

— ¡Me he conectado!

El corazón de Carmine latía muy rápido cuando la puerta al final del pasillo fue abierta de golpe estrellándose contra la pared.

Carmine creyó que habían oído a Dominic, pero todas sus esperanzas desaparecieron cuando hizo contacto visual con su tío. Conrrado se quedó junto a él en la puerta, con su piel bronceada, en apariencia desprovista de todo color.

La sangre de Carmine se heló. Algo estaba mal, muy mal, pero nunca en sus sueños más locos pudo predecir lo que sucedió después.

—¡FBI! ¡Orden de aprensión! ¡Al suelo! ¡Ahora!

Los gritos resonaron desde fuera, múltiples voces gritando a la vez. Carmine se volvió incrédulo cuando algo se estrelló contra la puerta, obligándola a abrirse. El mismo ruido avanzó como un eco al otro lado de la casa, la puerta trasera había sido arrancada de las bisagras. Instintivamente, se cubrió la cabeza cuando una serie de fuertes explosiones rebotaron a través de la planta baja, las brillantes y cegadoras luces de la policía bombardearon la casa.

Un fluido grupo de hombres del SWAT irrumpió por las puertas. Gritando para que cayeran al suelo. Tess gritó desde la sala de estar mientras Dominic maldecía, sus voces apagadas eran zumbidos en los oídos de Carmine. Sucedió tan rápido, que Carmine se quedó petrificado en su lugar mientras Celia se tiraba al suelo con las manos sobre su cabeza.

—¡Al suelo! —gritó un oficial, señalando a Carmine con su arma, pero él no podía moverse. No podía hacer nada. Celia lo agarró de un pie y tiró de él, enviándolo al suelo. Se dejó caer de rodillas y el oficial empujó su rostro contra el suelo. Obligándolo a poner las manos detrás, le gritó, tratando de separar sus manos para esposarlo.

—No te resistas —le dijo Celia—. Es necesario que lo hagamos por nuestra seguridad.

Relajó sus brazos para dejarse asegurar las muñecas. El oficial casi le cortó la circulación cuando se las apretó.

—Vincenzo Roman DeMarco, está bajo arresto por la violación de las leyes RICO, titulo 18 del Código de los Estados Unidos, sección 1961 —declaró un oficial mientras caminaba por el pasillo, lo que llevó a Vincent a la puerta principal—. Tiene derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra en un tribunal de justicia. Tiene derecho de llamar a un abogado para que esté presente durante el interrogatorio. Si no puede pagar un abogado, se le asignara uno.

SEMPRE forever (Español).Donde viven las historias. Descúbrelo ahora