Capítulo 19

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–¡Bigotes! –llamó Gemma desde la planta baja. –¡Ven aquí, gato insolente!

Al parecer estaba molesta, Louis logró captar los gritos y bajó dando saltos por el extremo protector de las escaleras. Estaba contento, las bragas que le había comprado Harry eran tan suaves que usaba una cada día y justamente hoy usaba una de las últimas que quedaban nuevas.

–¿Pasa algo, Gemma? –le preguntó entrando a la cocina.

–Sí, sí pasa algo. Pasa todo.

–Si te calmas quizá me den más ánimos de escucharte. –Le sonrió con una pizca de burla en sus labios y jaló una silla para tomar asiento mientras con un movimiento de mano le indicaba a la rubia sentarse frente a él.

–Bien, dime...

–Mamá quiere contratar una mucama porque tú, gato desordenado, dejas todo tirado a tu paso y ella no tiene tiempo para limpiar loa desastres que causas –dijo. –Y claro, bien podrías limpiar tú mismo, pero estás muy ocupado derramando miel con Harry cómo para hacerlo, ¿verdad?

Louis rió.

Harry llegó hasta la cocina, pues los gritos de Gemma eran muy audibles y debía verificar qué era lo que pasaba.

–Hey, ¿qué pasa?, ¿por qué tanto grito?

–¡Mamá contratará una mucama!

Al parecer a la rubia no le agradaba mucho la idea, se sintió enfurecer cuando notó cómo también Harry pasaba por alto su exalto y tomaba asiento a un lado de su novio.

–Cálmate, ¿quieres? –le dijo sonriendo. –No nos hará mal un poco de limpieza todos los días.

–Hagan cómo quieran –alzó los brazos y los bajó en señal de derrota. –Probablemente la mucama llegue en un par de días. Así que... Cómo sea. –Dijo por culto y salió con pasos marcados.

–Al parecer alguien no amaneció de buen humor hoy, ¿no es así, Lou?

–Umh, supongo. ¿Me preparas cereal?

–Por supuesto, pequeño.

Se dispuso a bajar las cajas de cereales de la alacena y las puso en la encimera mientras sacaba del refrigerador la leche y la mermelada. Le encantaba consentir a su gatito, a su Louis.
Siempre era insuficiente y a la vez demasiado.

Su amor se basaba en pequeños detalles que hacían cada vez más grande el sentimiento que sentían. No, la palabra amor era poco, lo de ellos no alcanzaba para la palabra "amor", no... Lo de ellos era mucho más, siempre más.

–Toma, bebé –ofreció el tazón de leche y mermelada para que Louis agregara el cereal que más le gustara.

–Gracias, Hazz...

Se quedar viendo un momento y luego Louis lo besó. Se levantó de su lugar y se lanzó a los brazos de su dueño. El beso era intenso, de esos que te roban el aliento, de esos que no quisieras que tuvieran un final.

–Te amo. –Harry dijo luego de separarse mientras acariciaba la mejilla del híbrido chocando con sus bigotes.

–Yo te amo más.

–Supongamos que lo haces, ahora come y vamos arriba. Tienes que mostrarme cómo te quedaron las amarillas.

–Oh, sobre eso... –se llevó una cucharada de su desayuno a la boca y esperó a tragarlo por completo –ya casi termino de usarlas todas. ¿Podemos ir por más?

–Oh, Louis... Eres un bebé. Claro que sí, podemos compra todas. Pero desayuna ya, anda. Iré a tomar una ducha mientras y en un momento vengo por ti.

–De acuerdo. –Dijo y continuó comiendo en silencio.

[...]

Louis salía del cuarto de baño con las bragas amarillas únicamente caminando coqueto hacia Harry y posicionándose entre sus piernas, el rizado las separó para darle más contacto y no se resistió a colocar sus manos sobre el trasero de su chico.

Acarició de arriba hacia abajo, Louis se limitaba a besarlo y disfrutar de cada roce que le proporcionaba. Soltó un gemido cuando pellizco uno de sus glúteos, entonces se desató una guerra de caricias.

Se besaban con más intensidad, Louis sacaba con torpeza la ropa que Harry se había puesto luego de su baño y ahora sólo traían la ropa interior.

–Quiero que lo hagamos de nuevo. Te extraño, mi cuerpo te extraña. Te necesito, Louis.

–Ya te estabas tardando, amor.

Harry sonrió y le apoyó en la cama con él encima. Lo tocó, lo besó por cada centímetro, pero algo los interrumpió. Tocaban la puerta de la casa con desespero, alguien tenía que ir a abrir. Suponían que Gemma había salido porque el timbre seguía sonando.

–Mierda –dijo Louis y se puso una camisa de Harry para ir a abrir. Colocó un short rápidamente y bajó de inmediato.

–¡Voy, aguarden... Voy! –gritaba molesto. Habían interrumpido su momento con Harry. Quién fuera debía tener buenas razones.

Louis abrió mirando al suelo y cuando levantó su vista sintió que todo a su alrededor se paralizaba, se detenía. El tiempo se había congelado. No podía ser posible que eso fuera real, no después de tantos años y tanto dolor. No era real. Eso quería creer, eso esperaba, sin embargo no era de esa manera. Sus manos, sus cabellos negros, su mirada.

Era ella.

–He venido por el trabajo de mucama –habló. Parecía estar igual de asombrada. El mundo se caía a sus pies. Ese chico con orejas y cola, no... Él no. –P-podía venir mañana o pasado, p-pero...

–¿Cómo se llama? –preguntó nervioso, su cuerpo entero temblaba.

–¿William? –esa voz.

Sí, era ella.

–No, me llamo Louis. ¿Cómo se llama usted?

–No puede ser verdad.

–¿Mamá?

CANDY CAT  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora