Dedicado a: trxvxlxrsxxl
Harry llamó a cualquier florería y
ordenó le trajeran todas las rosas blancas que tuviesen. Aún no era el cumpleaños de Louis, ni San Valentin, en realidad no era ningún día especial, pero él se encargaría de que fuera más que eso para su chico.
Por la mañana le pidió a Anne que llevara a Louis junto con ella a hacer las compras, que le comprara cualquier cosa que pareciera gustarle y que tratara de hacer tardado el proceso para tener tiempo suficiente de arreglar lo que tenía planeado. Ellos partieron a eso de las 9:00 de la mañana dejando solo al rizado, quien rápidamente corrió a la habitación de ambos y limpió el poco desorden que había. La habitación tenía que estar impecable para cuando él llegara.
Bruñó las mantas azules, limpió el piso, aromatizó con esencia de fresa y colocó algunas velas de coco encima de los muebles. La combinación de olores sería perfecta.
Estaba nervioso, miraba el reloj de su mano cada cinco minutos, una capa de sudor cubría su rostro y, a pesar de que su madre le prometió que volverían para la cena, sentía que las horas se irían volando.
Encontró una mesa pequeña y la colocó en el primer lugar sin objetos cerca de la sala. La cubrió con un mantel de encaje de seda blanco con detalles granate en la orilla, puso un florero vacío al centro y acomodó platos, vasos y cubiertos. Las flores llegarían a eso de las 13:00 horas, usaría algunas para ese florero.
Louis valía más que mil tesoros. Louis era digno de recibir todo el amor del mundo, de pintar en su rostro las mejores de las sonrisas, de hacer brillar sus ojitos azulados por motivos pequeños pero especiales. Louis debería estar encima de un trono, de tener una corona sobre su cabeza, de ser llamado "rey". Louis es un bebé y debe ser tratado como la cosita más delicada del universo.
A los ojos de Harry, Louis era perfecto. Sus orejas y cola lo hacían verse tan lindo, tan tierno. Tenía un corazón enorme, una valentía inigualable, una personalidad maravillosa. ¿Qué más podía pedir?
Por un momento se encontró distraído pensando en cuán afortunado era por tener a una persona como Louis en su vida. No podía quejarse una sola vez de él, no tenía motivos suficientes.
Había algo de despensa en la alacena y pollo congelado en la nevera. Tenería tiempo de cocinar la cena, confiaba en las palabras de Anne.
Pocas veces había cocinado, esperaba no arruinarlo.
[...]
–Yo puedo ir por los cereales mientras tú te encargas de las verduras –sugirió el híbrido meneando la cola.
–¿Y permitir que alguien malvado me secuestre a mitad del pasillo? –tocó su pecho dramática simulando desmayarse. Louis carcajeó divertido. –De ninguna manera, bigotes. Viniste a acompañarme, me seguirás a todas partes.
Louis río negando con la cabeza y empujó el carrito de súper detrás de ella. Sería un día largo y ya empezaba a extrañar a Harry.
[...]
–Solo tiene que firmar aquí para confirmar que fue entregado su pedido. –El hombre le mostraba una hoja apoyada en una tabla delgada de madera mientras le extendía un lapicero. Harry firmó gustoso, por fin habían llegado las rosas. Dos hombres más se encargaban de meter a la casa los paquetes de rosales blancos; entraban y salían una y otra vez. Eran demasiadas.
Por suerte Harry tenía algunos ahorros guardados y fue suficiente para pagar lo que ordenó.
–Ya está, muchas gracias. –Agradeció Harry y sonrió con un gran sonrojo en sus mejillas.
–A usted joven, su novia quedará encantada.
–Novio, es un chico.
El hombre quedó estático pero rápido pareció comprender y agregó: C-claro, lo siento... Tenga buen día.
Asentía rápido repetidas veces, parecía avergonzado. Hasta cierto punto Harry también comprendió.
Quizá jamás sería normal ver amarse a dos personas del mismo sexo.
Entró de nuevo a su casa sintiendo sus hombros más ligeros; ahora sólo debía esperar que la cena estuviese lista y repartir las rosas por toda la sala.
El arreglo más grande lo subió arriba de un esquinero cerca de la mesa en la que cenarían, los más pequeños los acomodó por toda la extensión de la sala, repartió los paquetes de rosas en distintos floreros que Anne guardaba en los compartimientos de las alacenas y reservó unas cuantas para decorar la mesa.
Sobraban varias todavía.
Unas en su habitación no vendrían mal.
[...]
Finalmente habían terminado de comprar las cosas para la despensa pero faltaba mucho para que llegase la hora de la cena, así que Anne le sugirió a Louis fueran a una tienda de ropa a comprarle algún conjunto lindo.
–A Harry le encantará. –Le guiñó el ojo divertida y un sonrojo se dibujó en sus mejillas. Quizá ella tenía razón, quizá podía perderse por un momento para comprar unas panties nuevas, quizá tenía oportunidad de jugar un poco con el rizado por la noche.
A decir verdad, le encantaba tratar de dominar a Harry, pero su juego era en vano porque siempre terminaba bajo sus armas, siempre perdía la batalla contra una lucha entre cuerpos hambrientos por satisfacer sus más escondidos deseos. Jamás lograba descifrar cómo lo hacía o en qué momento cambiaban las reglas que él mismo establecía.
Por un lado le era agradable estar vulnerable para Harry, por otro anhelaba poder devolver un poco de ese placer que le otorgaba.
La verdad es que Louis no comprendía mucho, –y Harry tampoco– pero no podía renegar ni un poco. ¿Cómo quejarte de algo que te hace tocar el cielo con las puntas de los dedos?
Simplemente no era algo que quisiese intentar.
–Iré por una blusa, Louis. Anda y escoge lo que gustes, será un regalo de mi parte. –Se arregló el bolso sobre sus hombros y sonrió antes de alejarse. El híbrido sacudió las orejas con una enorme sonrisa en el rostro...
Era su mejor oportunidad.
Dentro de la tienda había un apartado de lencería compuesto por unos cuantos pasillos diminutos, había un maniquí portando un conjunto de encaje negro encima de una repisa y ropa interior de todos colores, texturas y formas.
Uno en particular llamó su atención.
La cogió sin dudarlo, sabía que se vería bien en ellas. Quería correr a los baños y llevarsela puesta, sentir como su trasero sobresalía por los detalles de las orillas, como su miembro se apretaba por lo pequeña que era la pieza para cubrir toda su intimidad. Era la misma sensación con cada una de las que tenía en sus cajones, era igual de cómodo, de satisfactorio.
"Todos los hombres deberían usar ropa interior de mujer" pensó.
A parte de la que eligió para esa noche tomo algunas más. Azules, moradas, rojas, rosas, verdes... Tal vez Louis empezaba a obsecionarse con las bragas y no podía ser más perfecto.
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CANDY CAT
Fanfiction-Mami, mami... ¡Quiero ese gatito! -No es un gatito, Harry. Es mitad humano. El rizado ladeó su cabeza confundido. -Déjame quedarmelo. -Metió sus manitas dentro de la caja donde el híbrido estaba y acarició su pelaje. -Anda, mami, -tiró de la blusa...
