Me desperté desorientada, ¿dónde estaba? ¿Qué eran esos golpes? ¿Dónde estaba Alfred?
Me levanté de la cama y traté de enfocar la vista en la oscuridad, estaba un poco mareada... era normal, sería cosa del embarazo. Entonces la realidad me cayó como un jarro de agua fría, estaba en casa de Agoney... a quilómetros de Alfred.
A pesar de las circunstancias y las pocas ganas que tenía, salí al pasillo a ver de dónde provenían los golpes, si tenía que salir corriendo lo haría, aunque solo fuera por mi bebé, nuestro bebé.
Vi a Agoney coger un palo metálico del armario que tenía detrás de la puerta y me hizo señas para que me quedara donde estaba. Otra cosa no, pero testaruda lo había sido desde el día en que nací, así que decidí seguirle hasta la tienda.
Desde detrás del mostrador vi como se acercaba a la puerta de entrada, que era de dónde provenían los golpes. Abrió la puerta lentamente, solo una rendija para poder ver quien había al otro lado.
- ¿Qué quiere? Estas no son horas de ir aporreando las puertas de... - Empezó a sermonear Agoney.
- ¿Ha llegado una mujer joven esta mañana? Por favor, necesito saberlo, luego me iré. Es morena y tiene unos ojos marrones enormes... no llevo ninguna fotografía pero...
No seguí escuchando, el corazón me iba a mil por hora mientras corría hacia la puerta. Empujé a un atónito Agoney y me lancé a los brazos de Alfred.
Enterré la cabeza en su cuello y aspiré fuertemente, olía a él, por fin volvía a estar en casa. Noté como Alfred me agarraba fuertemente de la cintura y me levantaba del suelo. No quería moverme nunca más de ahí, solo quería permanecer entre sus brazos el resto de mis días, ¿era tanto pedir? Sentí a Alfred temblar, noté como sus lágrimas aterrizaban en mi mejilla y como empezaba a sollozar. Le apreté más entre mis brazos y envolví mis piernas en su cintura.
- Chicos... no entiendo muy bien que está pasando pero... ¿podemos entrar? Vamos a empezar a llamar la atención de los vecinos.
Sin soltarme de Alfred, bajé mis piernas hasta el suelo y le empujé hacia dentro. Oí como Agoney cerraba la puerta detrás de nosotros.
No podía dejar de mirar a los ojos a mi Alfred, estaba tan guapo como siempre, a pesar del barro, de las ojeras y del sudor, seguía siendo el hombre más perfecto que existía.
Subió una de sus manos y acarició mi cara con reverencia, apartándome el pelo de esta.
- Qué guapa. - Me susurró.
- Estoy horrible. - Reí. - Llevó medio día llorando y el otro vegetando, ni siquiera me he duchado, así que además debo oler fatal.
Rió suavemente y me besó por toda la cara, para después acercar su nariz a mi cuello y aspirar exageradamente.
- Siento interrumpirlos pero, ¿alguien me puede explicar que está pasando?
Alfred se separó levemente de mí para poder ver mejor a Agoney.
- Siento haber llegado de estas maneras pero necesitaba saber que Amaia había llegado bien hasta aquí.
- Gracias por la aclaración, hasta ahí había llegado yo solo. - Refunfuñó Agoney.
- Es Alfred, mi marido, hemos escapado de España juntos.
Agoney miró a Alfred con desconfianza.
- Mira tío, tu mirada ya no me intimida, me he tenido que enfrentar a una de esas en cada paso de este camino. - Comentó Alfred para aliviar la tensión del momento.
- ¿Por qué no vamos arriba y me cuentan toda la historia? - Propuso Agoney.
Después de contarle a Agoney toda la historia detalladamente y que este se fuera a dormir más tranquilo, Alfred y yo decidimos que era un buen momento para ducharnos.
- No me puedo creer que no te hayas duchado nada más llegar. - Me comentó mientras se sacaba la ropa con asco.
Le miré tímidamente y me quedé callada durante unos segundos.
- No quiero que te rías de mí...
- ¿Por qué iba a hacerlo? - Preguntó Alfred curioso mientras llenaba la bañera de agua.
- Porque... no quería que el agua se llevase lo único que me quedaba de ti... aún podía sentirte en mí... de esta mañana, ¿sabes?
Se giró y se acercó a mí con paso firme.
- Nunca me reiría de ti Amaieta. - Me dijo mientras me cogía la cara entre sus manos y me acariciaba los pómulos. - Te quiero tanto...
Me besó y me empezó a desabrochar el sujetador con manos impacientes, no habían pasado ni 24 horas desde la última vez que habíamos hecho el amor, pero el día se había hecho eterno.
Le aparté suavemente de mí y llevé mi mano a la goma de su ropa interior.
- ¿No crees que podríamos meternos en la bañera? Estamos sucios, cariño.
A Alfred no parecía importarle demasiado, pero de todas formas accedió a mi petición metiéndose en la bañera y señalándome su regazo para que fuese a sentarme con él.
Me senté apoyando mi espalda en su pecho y llevé mi cabeza a su hombro, inclinándola ligeramente hacia atrás para que pudiese acceder a mis labios.
Me besó tiernamente durante unos segundos pero pronto empezó a bajar sus besos hacia mi cuello. Me encantaba la forma en la que succionaba mi piel justo en el punto donde mi pulso latía más fuerte.
Noté como su mano empezaba a subir por mi pierna y me invitaba a abrirme para él. No tuve que esperar prácticamente nada para sentir como los dedos de su mano empezaban a jugar conmigo, mientras con la otra acariciaba mis pechos.
Arqueé la espalda para aumentar el contacto con las manos de Alfred, movimiento que él aprovechó para atacar con más vehemencia mi cuello y mi clavícula.
Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones que Alfred me estaba provocando, hasta que no pude más y exploté entre temblorosos gemidos que intentaba contener apretando fuertemente los labios.
Inmediatamente me relajé, dejando caer todo mi peso muerto sobre Alfred mientras me lamia los labios resecos. Él seguía dejándome besos pequeñitos por la cara. Todavía tenía sus dedos dentro de mí, apreté las piernas alrededor de su mano para que no pudiese moverla.
- ¿No quieres que me aparte? - Me susurró en la oreja.
Negué con la cabeza y sonreí lánguidamente. Pasé mis brazos por el cuello de Alfred y acerqué su boca hasta la mía para fundirnos en un beso lento.
El estrés al que me había sometido las últimas horas estaba empezando a hacer mella en mi cuerpo y en mi mente, sentía como todo me pesaba, los brazos, la cabeza, los parpados...
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¡Ya se han reunido! Espero que os haya gustado.
Como ya he dicho en el capítulo anterior, acepto sugerencias de escenas que os gustaría leer.
¡Muchísimas gracias por los comentarios, los votos y las lecturas!
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Junto a mi
FanfictionEn un mundo futuro, donde la vida es bastante diferente a la que todos conocemos, Amaia y Alfred tienen la suerte de encontrarse. AU -------------------------------------- ¡Hola! Después de pensarmelo mucho he decidido empezar a escribir una histori...
