1° L I B R O | | S A G A A N B U
Después de pasar años entrenando sola, Makoto Senju, se ve forzada a volver a entrar en la academia ninja. Allí, se verá envuelta en el Equipo Minato con el que cumplirá misiones al mismo tiempo que muestra interés...
—Felicidades, Makoto, Kakashi —dijo su maestro, sonriendo ampliamente—. Ya sois Jonin, tenéis que estar muy orgullosos de vosotros mismos. —Makoto asintió. Si era sincera, le daba bastante igual.
—Gracias, Minato —agradeció la chica para no parecer demasiado seca. El hombre revolvió su pelo con efusividad.
—Ya os podéis retirar —dijo Minato antes de irse.
Makoto y Kakashi decidieron marcharse para poder entrenar en paz, quedando únicamente Rin y Obito.
—Quedamos hoy en el descampado al lado de la academia a las cinco —le susurró Rin a Obito. La chica se fue y dejó al Uchiha tremendmente ilusionado.
El tiempo pasó tan despacio para el Uchiha que le pareció una eternidad, pero por fin eran las cinco. El mundo acabaría ese día, Obito había llegado puntual por una vez en su vida. Hasta a él le costó creérselo.
—Hoy, sí que sí, me declararé a Rin —dijo el Uchiha con un ramo de rosas rojas en la mano.
—Lo siento, llego tarde —habló Rin, corriendo hacia Obito—. Lo siento mucho, chicos —se disculpó ante todos los presentes.
Obito cayó en cuenta, entonces, que no estaba solo en el descampado y su corazón se le cayó a los pies.
—¿Qué hace todo el mundo aquí? —preguntó Obito, que había pensando que era una cita, y escondió el ramo.
—Los he llamado para discutir el regalo —comentó Rin. El Uchiha la miró, confundido.
—¿El regalo? —preguntó Obito, desconcertado. Rin rio y le entregó dos papeles.
—Kakashi y Makoto son Jonins, por eso les vamos a hacer una regalo —explicó Rin.
—Es verdad —susurró Obito con el ramo detrás suyo.
—Es algo de lo que estar orgulloso, así que quiero que lo sepan. —Sonrió Rin.
—S-Sí. —Obito tiró el ramo al suelo mientras Rin hablaba con Kurenai. —Tengo cosas que hacer, mejor me voy. —Sonrió falsamente.
—Pe-pero, Obito, no hemos elegido el regalo —dijo Rin pero Obito se había ido corriendo.
El Uchiha, bastante más triste que de costumbre, fue caminando por las calles de Konoha hasta chocar con cierta Senju.
—Ma-Makoto —dijo el Uchiha.
—O-Obito. —Makoto le imitó con sorna. —¿Qué pasa? —preguntó, preocupada una vez vio su cara.
—No pasa nada —contestó Obito, que quiso salir corriendo, pero fue detenido por su compañera.
—Si necesitas alguien con quien hablarlo, sabes que estoy aquí. —Pero el chico desapareció de su vista. Makoto metió sus manos en los bolsillos y empezó a caminar hacia su casa, negando sutilmente. —¿Qué se siente al ser Jonin? —se cuestionó—. Se siente como si fuera la ama del mundo. —Sonrió de lado.
—¡Makoto! —llamó Kushina, que sostenía unas cuantas bolsas de la compra—. ¡Felicidades, ya eres Jonin, de veras! —Makoto sonrió.
—Muchas gracias —agradeció la chica.
—En cuanto Minato me lo ha dicho, he salido en vuestra búsqueda. Debería encontrar a Kakashi, también debo felicitarle —dijo Kushina. Makoto asintió—. Espero no tener que andar mucho más. —Ambas rieron.
—Bueno, adiós —dijo la chica.
—Adiós, Makoto, te debo una de ramen —comentó Kushina. Makoto asintió sonriendo y la pelirroja se marchó corriendo.
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