1° L I B R O | | S A G A A N B U
Después de pasar años entrenando sola, Makoto Senju, se ve forzada a volver a entrar en la academia ninja. Allí, se verá envuelta en el Equipo Minato con el que cumplirá misiones al mismo tiempo que muestra interés...
—Hola, siento haber tardado en llegar —murmuró Makoto. Rin sonrió desde el marco de la puerta de su casa.
—No te preocupes, pasa, pasa —dijo la de cabello marrón, haciendo paso para que su amiga entrara en su casa. Makoto se adentró en la morada de los Nohara un tanto cohibida. —Hoy mis padres no están en casa, así estaremos más tranquilas.— Makoto asintió y Rin cerró la puerta.
—¡Hola! —saludó Kurenai con una brocheta de dangos en la mano.
—Pensaba que estaríamos Rin y yo estaríamos solas... —susurró Makoto, sonriendo.
—Y esa era la idea, pero me he encontrado a Kurenai y se quiso apuntar —explicó Rin con una sonrisa en la cara.
—¿Apuntarse a qué? —preguntó la Senju, confundida.
—Ya lo verás —contestó Rin mientras todas subían hasta la habitación de la chica—. Bien, Makoto, Kurenai, sentaos. —La Senju miró extrañada a la Yuhi que la sonrió de vuelta. Rin aclaró su voz y, seguidamente, arrastró una pizarra frente a las otras dos chicas, que se habían sentado en el suelo. —Este es Kakashi. —Señaló un dibujo de Kakashi en la pizarra con un lápiz. —Y esta es Makoto. —La nombrada alzó una ceja al ver que Rin señalaba un dibujo suyo —bastante mal hecho.
—¿Qué hago yo ahí? —preguntó la Senju.
—No interrumpas, Makoto —ordenó Rin, señalándola con el lápiz. La de cabellos blancos asintió—. Sigamos, a Makoto le gusta Kakashi. —Makoto miró sorprendida a la Nohara. —No me mires así, todas aquí sabemos eso.
—Te equivocas, es a ti a quien le gusta Kakashi. —Makoto empezó a toser.
—¿Estás bien? Estás un poco pálida —preguntó Kurenai mientras Makoto tapaba su boca con un pañuelo y asentía.
—Ya está. —Guardó su pañuelo manchado de sangre.
—Vale... —susurró Rin, no muy convencida—. Como he dicho, a Makoto le gusta Kakashi. —Dibujó un corazón en medio de los dos chicos. —Pero Kakashi en un insensible que, seguramente, no comprende el amor. —Borró el corazón que había dibujado. —Así que, prepararemos una cita entre Makoto y Kakashi.
—Eh, ¿no? —Rin sonrió ante la negativa de Makoto.
—Eh, sí —imitó la de pelo negro.
—¿Sabes cuándo es la cita? —Makoto negó ante la pregunta de Rin. —¡Claro que no, porque no te lo he dicho, tonta! Hoy, a las ocho y media. —Sonrió angelicalmente. —Tenemos que darle las gracias a Minato por convencerlo...
—Ese desgraciado.... —murmuró la Senju, resignándose.
—Bueno, vamos a prepararte. —Makoto alzó una ceja.
—Te hemos comprado ropa, ya que solo tienes trajes ninja... Estoy segura de que te encantará todo —explicó Kurenai.
—¡Venga que se nos hace tarde! —exclamó Rin, sacando unos vestidos de unas bolsas.
—¿Vestidos? Si alguien me atacara, me costaría mucho defenderme... —susurró Makoto, que no quería ponérselos.
—Nadie te va a atacar aquí, no seas tonta. A mí me gusta este, ¿qué te parece? —Rin sujetó un vestido rosa.
—Que va, que va. —Negó Kurenai. —A Makoto le queda mejor el negro. El rosa no quedaría bien con sus ojos rojos... —Sacó un vestido palabra de honor negro.
—¿Cuál prefieres? —le preguntaron las dos chicas al unísono.
—Para ser sincera, el negro. —Kurenai levantó dos dedos en señal de victoria.
—Póntelo. —Le tiró el vestido a la cara.
—Voy, voy... —murmuró la Senju, que se puso el vestido con resignación. Las otras dos chicas, sacaron maquillaje y unas sandalias ninja con tacones del armario de Rin.
—Como no queremos que te mates, solo te hemos comprado este tacón. —Kurenai mostró unas sandalias con un tacón de unos cinco centímetros.
—Debéis estar delirando... jamás he usado tacones —susurró Makoto mientras Kurenai le daba las sandalias para que se las pusiese.
—Pues siempre hay una primera vez —dijo la Nohara con una amplia sonrisa.
La Senju se puso las sandalias sin protestar porque sabía que no tenía oportunidad contra el tesón de sus dos amigas. Rin arrastró a Makoto, con los tacones ya puestos, a una silla para comenzar a maquillarla.
—Esto no es necesario —comentó, mirando una barra de pintalabios roja—. No sé yo si esto irá bien...
—Calla —ordenó Rin entre risas—. Ya verás lo guapa que te ponemos...
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