Capítulo 36

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Hoooola lindxs, ¿Cómo están? Bueno, no se podrán quejar, no he tardado nada. Lo cierto es que me siento bastante inspirada, y además, la historia está llegando a su fin... creo que tengo que ir haciéndome la idea, aunque me muera de tristeza 😭

Respecto al capítulo anterior, no voy a volver a entrar en debate. Ya os di una explicación al final. Quien no lo comprenda o le parezca extremo, es completamente libre de abandonar la historia. Sin embargo, he decir que creo que, como otras veces, algunxs habéis juzgado premeditadamente... y os invito a que leáis este capítulo, a ver si el cabreo se os pasa 🤔

Aún no sé con exactitud cuántos capítulos quedan para el final, pero a estas alturas menos de diez seguro. Dejo aquí espacio por si alguien quiere añadir sus preguntas.

Como siempre, MIL GRACIAS por la paciencia y el apoyo. Sois los mejores!! ❤❤❤❤❤❤

Para leer este capítulo os invito a que prestéis máxima atención. Habrá cambios de tiempo un tanto confusos, así que no perdáis el hilo. Sin más dilación... ¡¡DISFRUTEN Y COMENTEN MUUUUCHO!! Les adoro a reventar 🌹🌹🌹

Narrador omnisciente durante toda la historia

Dos semanas antes...

¿Cómo te acostumbras a la soledad? Y no, no de ese tipo de soledad en la que pasas la mayor parte del tiempo contigo mismo. O rodeado de gente y de igual forma solo. Más bien de ese tipo de soledad en la que, por mucho que quieras, no tienes cómo comunicarte. No tienes cómo evitar perder la cabeza. No tienes cómo prosperar. En definitiva, no tienes cómo sobrevivir.

La cerradura de la puerta provocó un sonido de lo más estridente. Camila apretó la expresión en su sitio, apoyada sobre la fría pared y con el cuerpo hecho un ovillo. Los minutos pasaban de forma lenta, el reloj marcaba cualquier hora y ella era incapaz de reconocer el tiempo exacto que había transcurrido. Basaba su existencia en rezar porque aquel día no mereciese un escarmiento. Rezaba porque no estuvieran de mal humor, o porque una simple mala cara no supusiese un sinfín de golpes sin sentido. Y mierda, ella era atea hasta reventar.

- Levanta.

Aquella voz provocó que Camila destensase todos los músculos de su organismo. Y no es como si aquello se tratara de un alivio inminente, sin embargo, era mucho mejor él que cualquiera.

- He dicho que te levantes, ¿estás sorda?

La latina frunció el ceño y elevó la vista por fin. Brian lucía unos pantalones negros ceñidos, camiseta blanca y zapatos a juego. Se mantenía estático frente a ella, con la expresión indescifrable y la mandíbula apretada. Lo cierto es que era un joven con apariencia atlética, Camila podría perfectamente mearse encima si pensase que era un peligro. Pero lo cierto es que aquel hombre no la había tocado en dos semanas. Literalmente, ni una mano encima.

- ¿Qué ocurre? - preguntó ella por fin.

Brian bufó en alto, dio un par de pasos sobre sí mismo y apretó el puño como un auto reflejo. Camila se estremeció por completo. ¿Acaso era bipolar? ¿Acaso ahora iba a pagar con ella su para nada conformidad con el hecho de que le obligasen a estar allí?

- Camila - gruñó no muy fuerte - levanta el puto trasero y métete en la bañera.

La latina tragó saliva. Intentaba descifrar con su mirada un ápice de insatisfacción por parte del chico. No tenía ningún sentido que se comportase como una persona amable, y de pronto, de la nada, se convirtiese en otro animal más que sacaría su fusta con el fin de amedrentarla.

Trató de decir algo, sin embargo, Brian la detuvo posicionándose aún más cerca y con la mano en alto. Camila utilizó sus brazos para taparse el rostro, esperando lo peor. Pasaron unos segundos en los que ella temblaba y exhalaba respiraciones rápidas. Con el tiempo aprendió que aquella era una buena manera de controlar su propio dolor. Tras varias tandas de golpes incesantes, no le quedó más remedio que idear una técnica apaciguadora.

Sweet Hell II [Camren]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora